El pasatiempo de Pārśva Ekādaśī: Vāmanadeva y la entrega de Bali Mahārāja
En la quincena luminosa del mes de Bhādrapada, cuando llega Pārśva Ekādaśī, también conocido como Parivartinī o Vāmana Ekādaśī, los devotos recuerdan un maravilloso pasatiempo en el que la grandeza del Señor se encuentra con la humildad de Su devoto. Esta narración es presentada tradicionalmente en las glorias de Pārśva Ekādaśī como un diálogo entre Śrī Kṛṣṇa y Mahārāja Yudhiṣṭhira, donde el Señor explica la importancia de este día y recuerda Su relación con Bali Mahārāja.Mahārāja Bali era nieto de Prahlāda Mahārāja e hijo de Virocana. Aunque pertenecía a la dinastía de los daityas, era un rey poderoso y generoso que había desarrollado una profunda inclinación hacia la adoración del Señor. Con la fuerza de sus austeridades, sacrificios y poder militar llegó a conquistar los tres mundos, incluyendo los territorios celestiales que se encontraban bajo la administración de Indra. Ante esta situación, los devas buscaron refugio en el Señor Viṣṇu.
El Señor decidió entonces aparecer como Vāmanadeva, un pequeño brāhmaṇa brahmacārī. Su apariencia era sencilla, pero Su presencia era extraordinariamente poderosa. Llevaba los elementos propios de un joven brāhmaṇa y se dirigió hacia el lugar donde Bali Mahārāja estaba realizando un gran sacrificio. Cuando Bali vio a aquel pequeño visitante, quedó profundamente impresionado por Su belleza, Su pureza y Su brillo espiritual. Como era costumbre entre los grandes reyes y anfitriones, Bali recibió a Vāmanadeva con respeto y le ofreció todo aquello que pudiera necesitar.
Bali le dijo que pidiera lo que quisiera, pues estaba dispuesto a concedérselo. Entonces Vāmanadeva hizo una petición aparentemente muy pequeña: solamente tres pasos de tierra que pudiera medir con Sus propios pies. Bali quedó sorprendido. Un rey que poseía grandes riquezas, tierras, ejércitos y poder podía ofrecer muchísimo más a aquel joven brāhmaṇa. Por eso le aconsejó que pidiera algo de mayor valor, pero Vāmanadeva permaneció firme en Su sencilla petición. Para quien está satisfecho con aquello que necesita, tres pasos pueden ser suficientes.
Bali aceptó. Y entonces ocurrió aquello que nadie podía imaginar. El pequeño Vāmanadeva comenzó a expandirse hasta revelar Su forma de Trivikrama, la manifestación gigantesca del Señor que abarca el universo. Con un paso cubrió la Tierra y con el segundo alcanzó las regiones celestiales. Ya no quedaba ningún lugar donde pudiera colocar Su tercer paso para completar aquello que Bali había prometido.
Entonces el Señor se dirigió a Bali y le preguntó dónde podría colocar Su tercer paso. En ese momento, Bali comprendió que aquel pequeño brāhmaṇa no era un ser ordinario. El universo entero había quedado cubierto por los dos pasos del Señor y no quedaba nada que pudiera llamar suyo. En lugar de intentar escapar de su promesa, Bali se inclinó ante Vāmanadeva y ofreció su propia cabeza como lugar para el tercer paso. Aquello que había comenzado como una pequeña donación de tierra terminó convirtiéndose en la entrega completa de sí mismo.
El Señor colocó entonces Su pie sobre la cabeza de Bali y lo envió a Sutala, una región de Pātāla. A los ojos del mundo podría parecer que Bali había sido derrotado y despojado de todo. Sin embargo, el significado espiritual del pasatiempo era completamente diferente. El Señor estaba liberándolo de aquello que todavía podía mantenerlo atado al orgullo de la posesión y estaba revelando la verdadera riqueza de su corazón. Al ver su humildad y su fidelidad a la palabra dada, Vāmanadeva quedó complacido con él.
La misericordia del Señor hacia Bali fue extraordinaria. Vāmanadeva no lo abandonó después de haberlo enviado a Sutala. Por el contrario, le prometió permanecer cerca de él y protegerlo personalmente. La narración de Pārśva Ekādaśī añade que posteriormente, en este Ekādaśī, Bali Mahārāja instaló una forma de Deidad del Señor en su residencia. De esta manera, aquello que aparentemente había sido una pérdida se convirtió en una relación todavía más íntima con Bhagavān.
Aquí aparece uno de los mensajes más profundos de este pasatiempo. Bali comenzó ofreciendo algo que consideraba suyo y terminó descubriendo que nada le pertenecía realmente. Cuando el Señor pidió tres pasos de tierra, parecía estar tomando las posesiones de Bali, pero en realidad estaba llevándolo hacia una entrega mucho más profunda. El tercer paso no encontró tierra disponible porque toda había sido cubierta por el Señor. Entonces encontró algo que todavía podía ofrecer: la propia cabeza de Bali, símbolo de su identidad, su orgullo y su voluntad personal.
Por eso la historia de Vāmanadeva y Bali Mahārāja no es simplemente la historia de una derrota. Es la historia de cómo una persona puede pasar de la posesión a la entrega. Bali no fue glorificado porque tuviera un gran reino, sino porque cuando llegó el momento de elegir entre conservar sus posesiones o mantener su palabra ante el Señor, eligió ofrecerse completamente. Su grandeza se manifestó en el momento en que ya no tenía nada material que ofrecer.
El Śrīmad-Bhāgavatam desarrolla ampliamente este pasatiempo y muestra otros detalles que enriquecen la comprensión de Bali Mahārāja, especialmente su relación con su maestro Śukrācārya, la advertencia que recibió y su decisión de no retirar la promesa hecha a Vāmanadeva. Allí podemos ver que la verdadera prueba de Bali no fue solamente entregar sus riquezas, sino permanecer firme en su compromiso incluso cuando hacerlo significaba perder todo aquello que había conquistado.
En las glorias de Pārśva Ekādaśī, Śrī Kṛṣṇa relaciona este pasatiempo con el significado particular del día. Durante Cāturmāsya, el Señor permanece descansando sobre el océano de leche y, en Pārśva Ekādaśī, cambia de posición. El Señor mismo explica que en este día los devotos deben adorar a Vāmanadeva o Trivikrama y recuerda la entrega de Bali. Así, el cambio de posición del Señor y la transformación interior de Bali quedan unidos dentro de una misma enseñanza espiritual.
Tal vez por eso este pasatiempo puede hablarnos de una manera tan cercana. También nosotros podemos pasar gran parte de nuestra vida construyendo algo que creemos que nos pertenece: nuestra posición, nuestros proyectos, nuestras posesiones, nuestras ideas e incluso nuestra imagen frente a los demás. Pero llega un momento en el camino espiritual en que el Señor nos invita a preguntarnos qué estamos realmente dispuestos a ofrecer.
Bali Mahārāja nos enseña que la rendición no significa que Dios quiera empobrecernos o quitarnos aquello que amamos. Significa comprender que todo lo que recibimos puede convertirse en una oportunidad para servir. Y cuando el Señor permite que algo salga de nuestras manos, también puede estar abriendo un espacio para una relación más profunda con Él.
Pārśva Ekādaśī nos recuerda entonces que el cambio exterior del Señor puede inspirar un cambio interior en nosotros. Podemos cambiar de lado, como una expresión simbólica de volver nuestro corazón hacia Hari. Podemos dejar el orgullo por humildad, la posesividad por gratitud, el deseo de controlar por confianza y la necesidad de recibir por el deseo sincero de servir.
La narración tradicional de este Ekādaśī también glorifica la adoración de Vāmanadeva, la escucha de Sus glorias, la práctica del ayuno y la vigilia nocturna cuando las circunstancias lo permiten. Se mencionan además ofrendas de yogur mezclado con arroz y plata a una persona cualificada. Estas instrucciones pertenecen a la descripción tradicional del vrata y deben comprenderse dentro de la práctica devocional de cada persona y de las instrucciones recibidas de su propia tradición espiritual.
Así, Pārśva Ekādaśī nos permite contemplar dos movimientos que parecen diferentes pero que están profundamente relacionados. El Señor cambia de posición durante Su descanso trascendental y Bali cambia de posición dentro de su propio corazón. Deja de verse como el propietario de los tres mundos y se reconoce como alguien que puede ofrecerlo todo a los pies de loto del Señor.
Quizás esa sea una de las preguntas más hermosas que podemos llevar con nosotros al observar este Ekādaśī: ¿qué queda todavía por entregar? Tal vez no sean nuestras posesiones. Tal vez sea una actitud, un apego, una resistencia, un orgullo o esa parte de nosotros que todavía quiere controlar el resultado de todo lo que hace.
Bali Mahārāja finalmente comprendió que la verdadera protección no estaba en conservar sus reinos, sino en permanecer bajo la misericordia del Señor. Y Vāmanadeva mostró que cuando una entrega es sincera, el Señor no abandona a quien se refugia en Él.
Que al escuchar este pasatiempo podamos recordar que ninguna pérdida material puede compararse con la riqueza de recibir la misericordia de Bhagavān. Que Pārśva Ekādaśī nos inspire a ofrecer con mayor sinceridad aquello que tenemos y, sobre todo, aquello que somos.
Śrī Vāmanadeva Bhagavān ki jaya.
Mahārāja Bali ki jaya.
Trivikrama Bhagavān ki jaya.
Pārśva Ekādaśī vrata ki jaya.
Śrī Hari ki jaya.
Fuentes consultadas
Brahma-vaivarta Purāṇa — glorias de Pārśva/Parivartinī Ekādaśī. La narración tradicional presenta el diálogo entre Śrī Kṛṣṇa y Mahārāja Yudhiṣṭhira, la adoración de Vāmanadeva, la entrega de Bali Mahārāja, la instalación de la Deidad en su residencia y el cambio de posición del Señor durante Cāturmāsya.
Śrīmad-Bhāgavatam, Canto 8, capítulos 18–22. Fuente principal para ampliar el pasatiempo de Vāmanadeva y Bali Mahārāja, incluyendo la aparición de Vāmanadeva, Su llegada al sacrificio de Bali, la petición de los tres pasos, la expansión como Trivikrama y la entrega final de Bali.
Precisión sobre la aparición de Vāmanadeva. El Śrīmad-Bhāgavatam sitúa Su aparición en Śravaṇa-dvādaśī. Por ello, en esta entrada no se afirma que Vāmanadeva “apareció ese mismo día”, sino que se presenta el pasatiempo de Vāmanadeva como la narración vinculada tradicionalmente con Pārśva Ekādaśī.

















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