Sri Krisna Rasayatra

"“Cuando el alma escucha la flauta de Kṛṣṇa, deja atrás todo lo efímero. En el círculo del Rāsa no hay principio ni fin — solo amor, eternamente danzando con el Amado Supremo.”."

Que es el caturmasya para los Vaisnavas

El objetivo no es la austeridad por la austeridad, sino la purificación para servir a Krishna con amor puro.

Ganga Puja

"Om Devī Gange! Haripriye! Pāpa-hārini! Mokṣadāyini!

Radha Kunda

El verdadero baño en Rādhā-kuṇḍa no es solo físico, sino interno: es el baño en el deseo de servir a Śrīmatī Rādhārāṇī.

Danza Rasa

“Cuando el alma se une con Kṛṣṇa en el servicio amoroso, no hay diferencia entre el cielo y la tierra, entre la luna y el corazón.”

Radhastami: El día en que aparecio el amor de Srimati Radharani

Hay días dentro del calendario vaisnava que nos invitan a recordar un pasatiempo sagrado y hay otros que nos conducen todavía más profundamente hacia el corazón de la devoción. Rādhāṣṭamī pertenece a estos últimos. En este día celebramos la aparición de Śrīmatī Rādhārāṇī, la eterna amada de Śrī Kṛṣṇa, la Reina de Vṛndāvana y la personificación de Su potencia interna de amor y bienaventuranza. Esta celebración tendrá lugar en el aṣṭamī, el octavo día de la quincena luminosa del mes de Bhādra.

Hablar de Śrīmatī Rādhārāṇī requiere acercarse con especial respeto, porque dentro de la tradición Gauḍīya Su posición no es la de una simple consorte de Kṛṣṇa. Śrī Rādhā es comprendida como Su hlādinī-śakti, Su potencia interna de placer. El Śrī Caitanya-caritāmṛta explica que Rādhā y Kṛṣṇa son una misma realidad espiritual que se manifiesta en dos formas para experimentar y compartir el amor divino. Por eso el conocido verso del Ādi-līlā comienza diciendo: “rādhā-kṛṣṇa-praṇaya-vikṛtir hlādinī-śaktiḥ”, señalando que el amor de Rādhā y Kṛṣṇa es una manifestación trascendental de la potencia interna de placer del Señor.

Esta comprensión también nos ayuda a entender uno de los grandes misterios de Śrī Caitanya Mahāprabhu. Los Gosvāmīs explican que Kṛṣṇa apareció nuevamente como Śrī Caitanya llevando el sentimiento y la luminosidad de Śrīmatī Rādhārāṇī. El mismo verso del Caitanya-caritāmṛta describe a Śrī Caitanya como Kṛṣṇa adornado con el bhāva y la dyuti de Rādhā. De esta manera, la aparición de Mahāprabhu está profundamente relacionada con el deseo de experimentar y compartir la profundidad del amor que Śrī Rādhā siente por Kṛṣṇa.

Por eso Rādhārāṇī no representa simplemente el amor romántico entendido desde nuestra experiencia material. Su amor pertenece a una realidad completamente diferente. En la tradición vaisnava, el prema de Rādhā es presentado como amor puro, desinteresado y completamente orientado hacia el placer de Kṛṣṇa. Ella no busca recibir algo de Él para Su propio beneficio. Su felicidad consiste en hacer feliz a Kṛṣṇa. Esta es una de las razones por las cuales Su devoción es contemplada como el ejemplo más elevado de entrega amorosa.

En Vṛndāvana, Śrīmatī Rādhārāṇī es conocida como Vṛndāvaneśvarī, la Reina de Vṛndāvana. Allí cada sendero, cada bosque, cada flor y cada rincón de Govardhana y Yamunā guarda el recuerdo de Sus pasatiempos con Kṛṣṇa. Su nombre está inseparablemente unido al de Él, y por eso el canto “Rādhe Kṛṣṇa” expresa algo mucho más profundo que la mención de dos nombres. Nos recuerda que la experiencia plena del amor divino se encuentra en la relación entre Śrī Rādhā y Śrī Kṛṣṇa.

La tradición también conserva hermosos relatos acerca de Su aparición. Se cuenta que Mahārāja Vṛṣabhānu y Kīrtidā-devī recibieron a la pequeña Rādhā como una bendición extraordinaria. Algunas narraciones describen Su aparición sobre un loto dorado y otras presentan distintos detalles de Su llegada a Vraja. Estos relatos pertenecen a diferentes capas de la tradición devocional y no todos los textos presentan exactamente la misma versión, por lo que es hermoso acercarse a ellos no solamente como una narración histórica sino como expresiones de la profunda reverencia con la que los devotos contemplan la aparición de Rādhārāṇī.

Existe además un detalle muy querido dentro de las narraciones de Vraja: Rādhārāṇī era tan profundamente relacionada con Kṛṣṇa que Su presencia y Su nombre se convierten en una puerta hacia Él. Por eso, en muchas expresiones de la tradición de Vṛndāvana, los devotos invocan primero a Rādhā y buscan Su misericordia. La idea es sencilla y al mismo tiempo profunda: quien desea acercarse a Kṛṣṇa busca servir con sinceridad a Su más querida devota. En enseñanzas relacionadas con Rādhāṣṭamī se encuentra precisamente esta comprensión de Rādhārāṇī como la potencia de placer de Kṛṣṇa y como aquella cuya misericordia facilita el acercamiento al Señor.

Rādhāṣṭamī, entonces, puede convertirse para nosotros en una meditación sobre la naturaleza de nuestro propio servicio. Podemos preguntarnos cuánto de lo que hacemos está realmente orientado a satisfacer al Señor y cuánto todavía está condicionado por nuestro deseo de reconocimiento, seguridad o beneficio personal. Śrīmatī Rādhārāṇī nos enseña que la esencia del bhakti no consiste simplemente en hacer muchas actividades espirituales, sino en aprender a ofrecerlas con amor.

Cuando contemplamos a Rādhārāṇī podemos recordar también que la devoción no es solamente una disciplina del cuerpo o de la mente. Es una transformación del corazón. El bhakti comienza a florecer cuando dejamos de preguntarnos únicamente “¿qué puedo recibir?” y empezamos a preguntarnos “¿cómo puedo servir?”. En ese sentido, la vida de Śrī Rādhā representa la expresión más elevada de una conciencia completamente entregada al bienestar y al placer de Kṛṣṇa.

Y quizá por eso Rādhāṣṭamī tiene una dulzura particular. No celebramos únicamente que una gran personalidad espiritual apareció en Vraja. Celebramos la manifestación del amor que permite comprender la intimidad de la relación entre el Señor y Su devoto. Celebramos a aquella que, según la comprensión Gauḍīya, es inseparable de Kṛṣṇa y cuyo amor revela la dimensión más confidencial de Su naturaleza.

En este día podemos ofrecer flores, cantar Sus santos nombres, escuchar los pasatiempos de Vraja y, sobre todo, pedir una pequeña gota de esa cualidad que caracteriza a Śrīmatī Rādhārāṇī: la capacidad de servir sin poner nuestro propio interés en el centro.

Que en Rādhāṣṭamī podamos recordar que el camino de la devoción no consiste solamente en acercarnos a Dios para encontrar felicidad, sino en aprender a convertir nuestra propia vida en una ofrenda. Y que al pronunciar con humildad Su nombre podamos pedir Su misericordia para desarrollar un corazón más sencillo, más compasivo y más dispuesto al servicio.

Śrīmatī Rādhārāṇī ki jaya.
Rādhāṣṭamī mahotsava ki jaya.
Śrī Śrī Rādhā-Kṛṣṇa ki jaya.



Fuentes consultadas

Śrī Caitanya-caritāmṛta, Ādi-līlā 1.5, donde se explica la relación entre Rādhā y Kṛṣṇa y se presenta a Śrī Caitanya como Kṛṣṇa manifestando el bhāva y la dyuti de Śrīmatī Rādhārāṇī.

Enseñanzas sobre Rādhāṣṭamī y la naturaleza de Śrīmatī Rādhārāṇī como hlādinī-śakti, la potencia interna de placer de Kṛṣṇa.


Srimati Sita Thakurani - Yogamaya

 Yogamāyā, el amor maternal y su eterna relación con el Señor

En nuestra primera entrada dedicada a Śrīmatī Sītā Ṭhākurāṇī contemplamos su aparición en Gaura-līlā como la consorte de Śrī Advaita Ācārya y como una de las grandes personalidades que recibieron a Śrī Caitanya Mahāprabhu en Su aparición. Vimos cómo, poco después del nacimiento de Nimai, Sītā Ṭhākurāṇī viajó desde Śāntipura hasta Navadvīpa llevando regalos para el recién nacido y cómo desde aquel primer encuentro su corazón quedó unido a Gaurasundara mediante un profundo amor maternal. Sin embargo, detrás de aquella madre amorosa que cuidaba de Nimai encontramos una dimensión espiritual todavía más profunda. Las fuentes de la tradición gauḍīya describen a Śrīmatī Sītā Ṭhākurāṇī como una manifestación de Yogamāyā, la potencia espiritual mediante la cual el Señor manifiesta Sus pasatiempos trascendentales.

El Gaura-gaṇoddeśa-dīpikā, obra de Kavi Karṇapūra dedicada a relacionar a los asociados de Śrī Caitanya Mahāprabhu con sus identidades en Kṛṣṇa-līlā, presenta a Sītā Ṭhākurāṇī como Yogamāyā manifestada en la forma de Sītā Devī. Esta comprensión nos permite contemplar su presencia junto a Mahāprabhu de una manera diferente, pues Sītā Ṭhākurāṇī no estaba simplemente cerca de Él por ser la esposa de Advaita Ācārya. Su presencia formaba parte de la propia red de relaciones espirituales mediante la cual el Señor manifiesta Sus pasatiempos amorosos.

Yogamāyā y el amor por el Señor

Para comprender esta relación debemos distinguir entre māyā y Yogamāyā. La potencia material mantiene al alma condicionada bajo la ilusión de identificarse con aquello que no es su verdadera naturaleza, mientras que Yogamāyā actúa dentro de los pasatiempos trascendentales del Señor y permite que Sus devotos desarrollen con Él relaciones íntimas de amor. En Vṛndāvana, por ejemplo, Kṛṣṇa aparece como un niño que juega con Sus amigos, roba mantequilla y permite que Yaśodā Mātā lo cuide y hasta lo reprenda. Quienes participan de estos pasatiempos conocen Su divinidad, pero su amor es tan profundo que la majestad del Señor no impide la espontaneidad de la relación. Yaśodā puede tomar a Kṛṣṇa en sus brazos porque su corazón está completamente cubierto por vātsalya-prema, el amor maternal.

Algo semejante podemos contemplar en la relación de Sītā Ṭhākurāṇī con Gaurasundara. Ella sabía de la grandeza espiritual de aquel niño, pero su amor no se convirtió en una relación distante de reverencia. Ella quería cuidarlo, alimentarlo, vestirlo y recibirlo en su hogar. Cuando Mahāprabhu aceptó posteriormente la orden de sannyāsa, esa relación maternal tampoco desapareció. Para Sītā Ṭhākurāṇī, Nimai continuó siendo aquel ser amado a quien podía servir con el corazón de una madre.

Sītā Ṭhākurāṇī y la tradición de Paurṇamāsī

Existe aquí un aspecto que merece ser tratado con cuidado. Algunas fuentes de la tradición gauḍīya relacionan a Sītā Ṭhākurāṇī con Paurṇamāsī, la venerable personalidad presente en los pasatiempos de Kṛṣṇa en Vraja, mientras que el Gaura-gaṇoddeśa-dīpikā la identifica específicamente con Yogamāyā. Por ello, para nuestro calendario es más preciso presentar estas relaciones como referencias provenientes de distintas fuentes tradicionales y no afirmar que todas ellas expresan exactamente la misma identificación.

Lo que sí resulta muy significativo es la semejanza de sus servicios. En los pasatiempos de Vraja encontramos personalidades que participan en el cuidado y protección de Kṛṣṇa y ayudan a que Sus relaciones amorosas puedan desarrollarse. En Gaura-līlā encontramos a Sītā Ṭhākurāṇī participando en el entorno de Nimai desde Su nacimiento y manifestando precisamente ese espíritu de cuidado. La tradición devocional contempla así una continuidad entre los pasatiempos del Señor y las diferentes formas mediante las cuales Yogamāyā facilita Sus relaciones amorosas.

La llegada de Sītā Ṭhākurāṇī a Navadvīpa

El Śrī Caitanya-caritāmṛta nos ofrece uno de los episodios más hermosos para comprender su posición. Poco después del nacimiento de Śrī Caitanya Mahāprabhu, Advaita Ācārya dio permiso a su esposa para viajar desde Śāntipura hasta Navadvīpa y visitar al niño. Kṛṣṇadāsa Kavirāja Gosvāmī la describe como una personalidad venerable y digna de adoración, y relata que llegó llevando numerosos regalos y presentes para aquel pequeño que había venido a iluminar el mundo.

Sītā Ṭhākurāṇī llegó con vestimentas, ornamentos y diversos elementos auspiciosos para el niño y para Śacī Mātā. Al contemplar a Nimai, su corazón se llenó de afecto y desde aquel momento quedó establecida una relación muy especial con Él. La escena resulta conmovedora porque muestra que la grandeza espiritual de Mahāprabhu no impedía que Sus asociados desarrollaran hacia Él relaciones íntimas y llenas de ternura. Al contrario, una de las características más hermosas de Gaura-līlā es precisamente la manera en que el Señor permite que Sus devotos se acerquen a Él con distintos sentimientos de amor.

El hogar de Advaita Ācārya

La vida de Sītā Ṭhākurāṇī estuvo profundamente unida al servicio de Advaita Ācārya. Su hogar en Śāntipura se convirtió en uno de los lugares importantes de encuentro para los devotos de Śrī Caitanya Mahāprabhu. Allí se recibía a los devotos, se preparaban alimentos, se ofrecía prasādam y se realizaban celebraciones de saṅkīrtana. El Caitanya-caritāmṛta describe cómo Advaita Ācārya utilizaba su hogar, sus recursos y todo aquello que poseía para recibir y servir a Mahāprabhu y a Sus asociados.

Este aspecto de su vida tiene una enseñanza especialmente hermosa. En la tradición vaisnava, la hospitalidad no es simplemente una virtud social. Cuando una casa se abre para recibir al Señor, a Sus devotos y a quienes desean escuchar acerca de Kṛṣṇa, ese espacio puede convertirse en un lugar de servicio. La preparación de alimentos, la distribución de prasādam, el canto de los santos nombres y la conversación espiritual forman parte de una misma cultura de servicio. El hogar de Advaita Ācārya y Sītā Ṭhākurāṇī representa de manera muy bella esta dimensión del bhakti.

Después de que Mahāprabhu aceptó sannyāsa

Uno de los momentos más conmovedores de esta relación ocurrió después de que Śrī Caitanya Mahāprabhu aceptara la orden de sannyāsa. Mahāprabhu había decidido dirigirse hacia Vṛndāvana, pero finalmente fue llevado a Śāntipura, donde pudo encontrarse nuevamente con Sus devotos y con Śacī Mātā. Advaita Ācārya lo recibió en su hogar y organizó Su alimentación y descanso. El Caitanya-caritāmṛta describe cómo Mahāprabhu llevaba varios días sin comer debido al intenso estado de amor por Kṛṣṇa en el que se encontraba y cómo Advaita Ācārya lo invitó a Su casa para que aceptara alimento.

Aquella estancia en Śāntipura fue también una gran celebración de saṅkīrtana. Śacī Mātā pudo encontrarse nuevamente con su hijo y los devotos se reunieron alrededor de Mahāprabhu. La casa de Advaita Ācārya se convirtió nuevamente en un lugar donde el dolor de la separación pudo transformarse, al menos temporalmente, en la alegría de volver a contemplar a Gaurasundara. El texto describe la intensa celebración del canto congregacional que tuvo lugar allí y posteriormente el momento en que Mahāprabhu partió hacia Jagannātha Purī.

La tradición devocional recuerda también el servicio maternal de Sītā Ṭhākurāṇī durante estos encuentros. Su relación con Mahāprabhu no quedó limitada al momento de Su nacimiento. El afecto que había surgido al contemplar al pequeño Nimai continuó manifestándose cuando Él ya era un sannyāsī. Este detalle revela una verdad profunda del vātsalya-prema: el amor no depende de la apariencia externa de la relación. Aunque Nimai se había convertido en un renunciante que viajaba por diferentes lugares para distribuir el santo nombre, en el corazón de Sītā Ṭhākurāṇī seguía existiendo aquel mismo sentimiento maternal.

El servicio que se convierte en amor

La vida de Sītā Ṭhākurāṇī nos ayuda a comprender que el bhakti no se encuentra únicamente en las grandes ceremonias o en las actividades que consideramos extraordinarias. Su servicio estuvo presente en acciones sencillas y concretas: recibir al Señor, preparar alimentos, ofrecer regalos, cuidar de los devotos, abrir las puertas de su hogar y acompañar a quienes estaban atravesando momentos de separación.

Por eso su ejemplo puede hablarnos también en nuestra vida cotidiana. Una cocina puede convertirse en un lugar de servicio cuando los alimentos se preparan con conciencia de ofrenda. Una mesa puede convertirse en un espacio de asociación espiritual cuando alrededor de ella se comparte prasādam y se habla de Kṛṣṇa. Un jardín puede convertirse en un lugar de servicio cuando aquello que crece en la tierra se cultiva con gratitud y luego se ofrece. Un hogar puede convertirse en refugio cuando quienes llegan encuentran allí alimento, respeto y una oportunidad para recordar al Señor.

Sītā Ṭhākurāṇī nos enseña de esta manera que servir también es cuidar. El amor espiritual no permanece solamente en el corazón como un sentimiento abstracto, sino que busca expresarse en acciones. Ella cuidó, alimentó, recibió y acompañó, y mediante esos actos aparentemente sencillos participó profundamente en los pasatiempos de Śrī Caitanya Mahāprabhu.

El misterio del amor maternal

Tal vez una de las enseñanzas más bellas que podemos recibir de ella sea comprender que el Señor permite que Sus devotos lo amen de maneras que superan nuestra concepción ordinaria de la divinidad. Ante la grandeza de Bhagavān podemos sentir reverencia, pero ante el amor de una madre el Señor permite que aparezca una intimidad extraordinaria.

Sītā Ṭhākurāṇī veía a Gaurasundara con los ojos del amor maternal. Por eso podía acercarse a Él, ofrecerle alimentos, recibirlo en su hogar y cuidar de Él. El Señor, que es adorado por innumerables seres, aceptaba amorosamente ese servicio y correspondía a su afecto.

Este es uno de los misterios más hermosos del bhakti: el Supremo puede ser infinitamente grande y, al mismo tiempo, permitir que un devoto lo acerque a su corazón como un hijo amado.

Una meditación para nuestro día

Al recordar a Śrīmatī Sītā Ṭhākurāṇī podemos preguntarnos cómo transformar aquello que hacemos cada día en una expresión de servicio. No todos tenemos la posibilidad de participar en grandes acontecimientos espirituales, pero todos podemos cocinar con amor, alimentar a alguien, cuidar una planta, recibir a un visitante, compartir prasādam, ofrecer nuestro trabajo o crear un espacio donde otra persona pueda sentirse acogida.

Sītā Ṭhākurāṇī nos muestra que el servicio no necesita ser grandioso para ser profundo. Cuando una actividad se realiza con el deseo de servir al Señor y a Sus devotos, aquello que parece cotidiano puede convertirse en una oportunidad para cultivar conciencia espiritual.

Que podamos recordar su ejemplo y pedir su misericordia para desarrollar un corazón dispuesto a servir, cuidar y alimentar con amor. Que podamos aprender de ella a reconocer las pequeñas oportunidades de servicio que aparecen cada día y comprender que también a través de ellas podemos acercarnos al corazón del bhakti.

Śrīmatī Sītā Ṭhākurāṇī ki jaya.

Śrī Advaita Ācārya Prabhu ki jaya.

Śrī Gaurasundara Mahāprabhu ki jaya.

Śrī Śacī Mātā ki jaya.

Fuentes consultadas

Śrī Caitanya-caritāmṛta, Ādi-līlā 13.111–119, de Śrīla Kṛṣṇadāsa Kavirāja Gosvāmī. Esta es la fuente principal para el relato de la visita de Sītā Ṭhākurāṇī a Navadvīpa después del nacimiento de Mahāprabhu, sus regalos al niño y su relación con Śacīdevī y Jagannātha Miśra.

Śrī Caitanya-caritāmṛta, Madhya-līlā 3, especialmente los textos relacionados con la estancia de Mahāprabhu en la casa de Advaita Ācārya en Śāntipura. Esta sección permite conocer el encuentro de Mahāprabhu con Śacī Mātā, el servicio ofrecido en casa de Advaita Ācārya, la preparación de alimentos, el prasādam y las celebraciones de saṅkīrtana.

Gaura-gaṇoddeśa-dīpikā, de Kavi Karṇapūra. Esta obra tradicional es la fuente utilizada para la identificación de Śrīmatī Sītā Ṭhākurāṇī con Yogamāyā. La referencia se encuentra también recogida en enseñanzas vaisnavas contemporáneas basadas en esta obra.

Fuentes tradicionales sobre Sītā Ṭhākurāṇī y su relación con Paurṇamāsī. Esta identificación aparece en algunas fuentes de la tradición gauḍīya, por lo que en el texto se ha presentado como una atribución tradicional y no como una afirmación idéntica a la identificación con Yogamāyā.

Srimati Sita Thakurani

La consorte de Śrī Advaita Ācārya y madre amorosa de Śrī Gaurasundara

Śrīmatī Sītā Ṭhākurāṇī – Aparición

Dentro de los pasatiempos de Śrī Caitanya Mahāprabhu encontramos grandes almas cuya presencia puede parecer discreta, pero cuya devoción sostiene y acompaña profundamente la manifestación de la misericordia del Señor. Entre ellas se encuentra Śrīmatī Sītā Ṭhākurāṇī, la eterna consorte de Śrī Advaita Ācārya, una personalidad venerable de la tradición Gauḍīya Vaiṣṇava y una figura especialmente querida por Śrī Caitanya Mahāprabhu.

Sītā Ṭhākurāṇī vivió junto a Advaita Ācārya en Śāntipura y participó íntimamente en los acontecimientos que rodearon la aparición de Śrī Caitanya Mahāprabhu. Su corazón estaba lleno de vātsalya-prema, el amor maternal con el que contemplaba a Śrī Gaurasundara. En ella encontramos una expresión muy hermosa del servicio devocional: servir al Señor no solamente mediante grandes discursos o austeridades, sino también mediante el cuidado, la alimentación, los regalos, la hospitalidad y ese amor espontáneo que ve al Señor como el propio hijo.

La llegada de Sītā Ṭhākurāṇī a Navadvīpa

Cuando Śrī Caitanya Mahāprabhu apareció en la casa de Jagannātha Miśra y Śacīdevī, la noticia llenó de alegría a los devotos. Advaita Ācārya se encontraba en Śāntipura y, al escuchar acerca del nacimiento de aquel niño extraordinario, manifestó una profunda felicidad. Entonces envió a Sītā Ṭhākurāṇī a Navadvīpa para contemplar al recién nacido y ofrecerle sus bendiciones y regalos.

El Śrī Caitanya-caritāmṛta describe a Sītā Ṭhākurāṇī como la esposa de Advaita Ācārya, una mujer digna de adoración, y relata que, siguiendo la instrucción de su esposo, emprendió el viaje llevando numerosos presentes para aquel niño maravilloso.

No llegó con las manos vacías. Llevó ornamentos de oro, brazaletes, collares, tobilleras y otras joyas, además de vestimentas de seda para la madre y el niño. También llevaba artículos auspiciosos utilizados en las ceremonias tradicionales de nacimiento: hierba fresca, arroz, cúrcuma, kuṅkuma, sándalo y otros elementos cuidadosamente reunidos para recibir al recién nacido.

Al contemplar al pequeño Gaurasundara, Sītā Ṭhākurāṇī quedó profundamente conmovida. Su corazón maternal reconoció en aquel niño una presencia extraordinaria. Las descripciones tradicionales relatan que percibió su extraordinario brillo corporal y sus signos auspiciosos, y que su amor maternal despertó espontáneamente ante Él.

Fue en este contexto de afecto y celebración que Sītā Ṭhākurāṇī comenzó a ocupar un lugar muy especial en la vida del pequeño Nimai. La tradición devocional también le atribuye el nombre “Nimai”, relacionado con el árbol nimba bajo el cual se encontraba la casa de Śacī y Jagannātha Miśra.

Sītā Ṭhākurāṇī y Śacī Mātā

Una de las relaciones más bellas que encontramos en los pasatiempos de Sītā Ṭhākurāṇī es su vínculo con Śacī Mātā. Ambas compartían un profundo amor maternal por Nimai.

Sītā Ṭhākurāṇī no contemplaba a Śrī Caitanya Mahāprabhu simplemente como una personalidad extraordinaria. Su afecto era íntimo y maternal. De la misma manera que había participado en el cuidado y protección de Kṛṣṇa durante Sus pasatiempos infantiles en Vraja, ahora, en Gaura-līlā, su corazón se dirigía hacia el pequeño Nimai.

El Śrī Caitanya-caritāmṛta registra también cómo, cuando la madre y el niño salieron de la casa de maternidad, Sītā Ṭhākurāṇī les ofreció nuevamente ropas y ornamentos y honró a Jagannātha Miśra. Después de recibir la adoración y las atenciones de Śacīdevī y Jagannātha Miśra, regresó feliz a su hogar.

Este episodio nos muestra algo muy profundo: en la vida espiritual, el amor verdadero se manifiesta naturalmente en el deseo de cuidar al otro. Sītā Ṭhākurāṇī no necesitaba grandes demostraciones para expresar su devoción. Su servicio estaba presente en cada detalle.

Su vātsalya-prema hacia Śrī Caitanya Mahāprabhu

La palabra vātsalya hace referencia al amor afectuoso de los padres hacia sus hijos. En la tradición bhakti, este sentimiento puede convertirse en una forma elevada de relación con Bhagavān, cuando el devoto experimenta un deseo espontáneo de proteger, alimentar, vestir y cuidar al Señor.

Sītā Ṭhākurāṇī es recordada precisamente por esta disposición. Su corazón estaba lleno de amor maternal hacia Śrī Gaurasundara y, posteriormente, cuando Mahāprabhu vivió en Jagannātha Purī, ella continuó expresándole ese mismo afecto.

Después de que Śrī Caitanya Mahāprabhu aceptara la orden de sannyāsa y se estableciera en Jagannātha Purī, Advaita Ācārya y Sītā Ṭhākurāṇī continuaron visitándolo. Las fuentes tradicionales describen cómo Sītā Ṭhākurāṇī preparaba para Él Sus alimentos favoritos y lo recibía con el cariño de una madre hacia su propio hijo. Mahāprabhu, a su vez, correspondía a ese afecto y la trataba con el mismo respeto y cariño que ofrecía a Śacī Mātā.

Así, el vínculo entre Sītā Ṭhākurāṇī y Gaurasundara no terminó con la infancia de Nimai. Su amor continuó acompañando los pasatiempos del Señor incluso después de Su sannyāsa.

Sītā Ṭhākurāṇī y Advaita Ācārya

Sītā Ṭhākurāṇī es inseparable de la figura de Śrī Advaita Ācārya. Junto a él participó en la misión de recibir y servir a Śrī Caitanya Mahāprabhu y a Sus asociados.

Advaita Ācārya había invocado intensamente la misericordia del Señor para que descendiera a este mundo y distribuyera el amor por Kṛṣṇa. Sus llamados, oraciones y ofrendas fueron parte de la preparación espiritual para la aparición de Śrī Caitanya Mahāprabhu.

Sītā Ṭhākurāṇī acompañó esa misión desde el ámbito del hogar, la hospitalidad y el servicio devocional. Śāntipura se convirtió en uno de los lugares importantes de encuentro para los devotos de Gaura-līlā, y el hogar de Advaita Ācārya y Sītā Ṭhākurāṇī fue escenario de numerosos festivales de saṅkīrtana y encuentros con Mahāprabhu y Sus asociados.

Su servicio nos recuerda que el movimiento de saṅkīrtana no se sostiene únicamente en los espacios públicos. También florece en los hogares donde se cocina para los devotos, se reciben huéspedes, se cantan los santos nombres y se ofrece todo lo que se posee al servicio del Señor.

Sītā Ṭhākurāṇī en Kṛṣṇa-līlā

Las fuentes gauḍīya tradicionales identifican a Sītā Ṭhākurāṇī con Yogamāyā en los pasatiempos de Śrī Kṛṣṇa. El Gaura-gaṇoddeśa-dīpikā presenta esta identificación, mientras que otras fuentes devocionales la relacionan también con Paurṇamāsī, la venerable personalidad asociada con los pasatiempos de Kṛṣṇa en Vraja.

Esta conexión ayuda a comprender la continuidad entre Kṛṣṇa-līlā y Gaura-līlā. Así como Paurṇamāsī participaba en el entorno de los pasatiempos infantiles de Kṛṣṇa y ofrecía orientación para el cuidado del niño, en Gaura-līlā Sītā Ṭhākurāṇī manifiesta nuevamente ese profundo afecto maternal.

De esta manera, su presencia junto a Nimai no aparece como un hecho aislado, sino como parte de una relación eterna de servicio amoroso.

Una enseñanza para nuestro corazón

La vida de Śrīmatī Sītā Ṭhākurāṇī nos invita a contemplar la devoción desde una perspectiva sencilla y profunda. Su servicio estuvo lleno de gestos concretos: viajar para ver al Señor, llevarle regalos, preparar alimentos, recibirlo en su hogar, cuidar de Él y participar amorosamente en Su misión.

En ocasiones podemos imaginar que el servicio espiritual debe ser extraordinario para tener valor. Sītā Ṭhākurāṇī nos muestra lo contrario. Un alimento preparado con amor, una casa abierta para recibir a los devotos, unas manos ocupadas en servir, una palabra afectuosa y el deseo sincero de cuidar aquello que pertenece al Señor pueden convertirse en expresiones profundas de bhakti.

Su vida también nos recuerda la importancia de la hospitalidad espiritual. Śāntipura fue un lugar donde los devotos podían reunirse, cantar, compartir prasādam y experimentar la alegría del saṅkīrtana. El hogar de Sītā Ṭhākurāṇī se convirtió así en un espacio de servicio y refugio para los devotos.

Quizás por eso su presencia tiene una enseñanza especialmente hermosa para quienes intentamos construir espacios de alimentación consciente, servicio y encuentro: alimentar también puede ser una forma de amar, y ofrecer un alimento con conciencia puede convertirse en una expresión de servicio al Señor y a Sus devotos.

Recordando a Sītā Ṭhākurāṇī

En este día de Su aparición, podemos recordar a Śrīmatī Sītā Ṭhākurāṇī con gratitud y pedir que podamos aprender de su ejemplo: servir con humildad, cuidar con amor, recibir a los demás con el corazón abierto y comprender que cada pequeño acto realizado para el placer de Kṛṣṇa puede adquirir una dimensión espiritual.

Su vida estuvo unida a una de las manifestaciones más misericordiosas del Señor: Śrī Caitanya Mahāprabhu, quien vino a distribuir el canto de los santos nombres y el amor por Kṛṣṇa.

Que al recordar a Sītā Ṭhākurāṇī podamos también recordar que la devoción no siempre se expresa con grandes gestos. A veces se encuentra en una cocina, en una mesa preparada para recibir a alguien, en una ofrenda hecha con cariño, en el cuidado de un niño, en la hospitalidad hacia un visitante o en unas manos ocupadas en servir.

Así, siguiendo el ejemplo de esta gran devota, podemos aprender a transformar las actividades cotidianas en servicio y hacer de nuestro hogar, nuestro trabajo y nuestras relaciones un espacio donde pueda crecer la conciencia de Kṛṣṇa.

Śrīmatī Sītā Ṭhākurāṇī ki jaya!
Śrī Advaita Ācārya Prabhu ki jaya!
Śrī Caitanya Mahāprabhu ki jaya!
Śrī Śacī Mātā ki jaya!

Pasatiempo Annada Ekadasi

 El pasatiempo de Mahārāja Hariścandra

Cuando un rey lo perdió todo, pero no perdió la verdad

En tiempos antiguos vivió un rey cuya fama había trascendido las fronteras de su reino. Su nombre era Mahārāja Hariścandra y era conocido por su valentía, su rectitud y, sobre todo, por su absoluta fidelidad a la verdad. Era un gran soberano, rodeado de riquezas, servidores y honores, pero la cualidad que realmente distinguía su carácter era que jamás estaba dispuesto a abandonar la verdad, incluso cuando hacerlo podía haberle permitido escapar de una situación dolorosa. Su esposa se llamaba Chandramatī y tenía un hijo llamado Lohitāśva. La familia real vivía rodeada de las comodidades propias de su posición, sin imaginar que muy pronto todo aquello desaparecería.

Cuando la fortuna comenzó a desaparecer

Por la fuerza del destino y como resultado de reacciones anteriores, Hariścandra perdió su reino. Aquello que durante tantos años había considerado parte de su vida comenzó a desaparecer delante de sus ojos. Ya no tenía palacio, ejército ni riquezas. Pero la prueba todavía no había terminado. En medio de aquella situación llegó un momento en que tuvo que vender a su propia esposa y a su hijo, y finalmente terminó vendiéndose él mismo para poder cumplir con aquello que debía.

El gran rey, que alguna vez había gobernado un vasto territorio, terminó convertido en sirviente de un caṇḍāla, quien le encargó vigilar un crematorio. Su tarea consistía en cobrar las tarifas correspondientes a quienes acudían a realizar los últimos ritos para sus familiares fallecidos y recoger las ropas de los muertos. Era una labor que contrastaba de manera estremecedora con la vida que había conocido anteriormente. El hombre que había sido servido por muchos ahora servía en un lugar donde cada día contemplaba la separación, la muerte y el dolor humano.

Sin embargo, había algo que no había cambiado.

Hariścandra seguía siendo Hariścandra.

Aunque había perdido su reino, no había perdido su carácter. Aunque vestía como un sirviente, conservaba la dignidad interior de un hombre que había decidido permanecer fiel a la verdad. Aunque la vida lo había llevado a una situación que parecía completamente indigna para un rey, no abandonó sus principios.

El relato compara esta firmeza con el soma-rasa, cuya capacidad de otorgar inmortalidad no desaparece aunque se mezcle con otros líquidos. De la misma manera, la nobleza y la verdad de Hariścandra no desaparecieron porque las circunstancias exteriores hubieran cambiado.

Un rey sumergido en el dolor

Pasaron los años.

Hariścandra continuaba realizando aquella labor en el crematorio mientras llevaba en su corazón el peso de todo lo que había perdido. Ya no tenía el poder de antes, ni la compañía de su esposa, ni la alegría de su hijo. Su vida se había convertido en una larga prueba de paciencia y sufrimiento.

Un día, mientras se encontraba completamente abrumado, comenzó a preguntarse qué podía hacer.

¿Qué camino debía tomar?

¿A dónde podía ir?

¿Cómo podía liberarse de aquella situación?

Su mente estaba sumergida en una profunda ansiedad y su corazón parecía no encontrar ninguna salida. Había llegado a un punto en el que las soluciones materiales ya no podían ayudarlo. Había perdido aquello que un rey utilizaría normalmente para resolver sus problemas: riqueza, poder, influencia y posición.

Y precisamente cuando parecía que no quedaba ningún camino, apareció una persona que cambiaría el curso de su historia.

La llegada de Gautama Muni

Un día, un gran sabio pasó por aquel lugar. Era Gautama Muni.

Cuando Hariścandra vio al sabio, algo se despertó dentro de él. A pesar de encontrarse en una situación tan dolorosa, reconoció inmediatamente la presencia de una persona santa y se acercó con respeto. Ofreció sus reverencias y, con las manos juntas, comenzó a contarle todo lo que había sucedido.

Le habló de su antiguo reino.

Le habló de su familia.

Le habló de las pérdidas que había sufrido.

Le habló de su servicio en el crematorio.

Y finalmente le habló de la angustia que había llegado a dominar su corazón.

Gautama Muni escuchó atentamente.

El gran sabio se sorprendió profundamente al contemplar cómo aquel poderoso rey había terminado en una situación tan dolorosa. Pero su sorpresa se convirtió rápidamente en compasión. Gautama Muni comprendió que Hariścandra necesitaba algo más que una solución material. Necesitaba una oportunidad para purificarse y recuperar su conexión con la misericordia del Señor.

Entonces el sabio le habló de un día que estaba a punto de llegar.

El regalo de Gautama Muni

Gautama Muni le explicó que durante la quincena oscura del mes de Bhādrapada se encontraba un Ekādaśī extraordinariamente auspicioso llamado Ajā Ekādaśī, conocido también como Annada Ekādaśī. Le dijo que aquel día tenía un poder especial para destruir las reacciones pecaminosas y liberar al ser humano del sufrimiento producido por sus acciones anteriores.

El sabio le explicó que el Ekādaśī llegaría en apenas siete días y le dio una instrucción sencilla pero profunda: debía observar el ayuno con sinceridad y permanecer despierto durante la noche, dedicando su conciencia al Señor. Gautama Muni le aseguró que, por la misericordia de este Ekādaśī, las reacciones que habían causado su sufrimiento llegarían a su fin. También le dijo algo que debió resultar especialmente significativo para Hariścandra: que su encuentro no era accidental y que había llegado hasta él debido a sus propias actividades piadosas. Después de transmitirle estas instrucciones, Gautama Muni desapareció de su vista.

Hariścandra había pasado años buscando una salida sin encontrarla.

Ahora tenía una oportunidad.

No sabía todavía cómo se manifestaría la misericordia del Señor, pero decidió confiar en la instrucción del sabio.

El día de Ajā Ekādaśī

Finalmente llegó el día esperado.

Hariścandra observó el voto de Ajā Ekādaśī siguiendo las instrucciones que había recibido de Gautama Muni. Ayunó y permaneció despierto durante la noche. En lugar de dejarse consumir por la ansiedad que durante tantos años había dominado su corazón, puso su atención en el Señor y se refugió en aquella práctica espiritual que el sabio le había entregado.

Y entonces ocurrió algo extraordinario.

El relato afirma que, por la influencia de Ajā Ekādaśī, las reacciones de sus acciones anteriores fueron destruidas. Aquello que había parecido una cadena interminable de sufrimientos comenzó a desaparecer. La misericordia del Señor se manifestó de una manera que Hariścandra jamás habría podido imaginar.

Pero todavía faltaba la parte más conmovedora del pasatiempo.

El encuentro con su familia

La situación de Hariścandra comenzó a transformarse de una manera completamente inesperada. Su esposa y su hijo, de quienes había estado separado durante tanto tiempo, volvieron a encontrarse con él. El relato nos dice que su hijo, que había muerto, fue restaurado a la vida.

El dolor de tantos años comenzó a transformarse en alegría.

La separación comenzó a convertirse en encuentro.

La desesperanza comenzó a convertirse en esperanza.

Y desde los cielos comenzaron a escucharse sonidos auspiciosos. Los devas hicieron sonar sus instrumentos celestiales y flores comenzaron a caer sobre Hariścandra, su esposa y su hijo.

El mismo hombre que había pasado tantos años rodeado de muerte ahora contemplaba nuevamente la vida de su hijo.

El mismo hombre que había sido separado de su esposa volvía a tenerla a su lado.

Y el mismo rey que había perdido su reino recibió nuevamente su posición.

El reino restaurado

La misericordia de Ajā Ekādaśī no terminó con la recuperación de su familia. Hariścandra recuperó también su reino y pudo volver a gobernar sin los obstáculos que anteriormente habían provocado su caída.

Pero podemos imaginar que el rey que regresó al trono ya no era exactamente el mismo hombre que había salido de él.

Había conocido la riqueza y la pobreza.

Había conocido el honor y la humillación.

Había conocido la compañía de su familia y la separación.

Había experimentado el poder y la absoluta impotencia.

Y, sobre todo, había descubierto que cuando todo aquello sobre lo cual había construido su seguridad desapareció, todavía podía refugiarse en la verdad y en el Señor.

Quizás por eso la historia de Hariścandra no es simplemente la historia de un rey que recuperó su reino.

Es la historia de un hombre que descubrió una riqueza que no podía perderse con la fortuna material.

La verdadera prueba

Cuando escuchamos este pasatiempo podemos sentirnos atraídos naturalmente por el final. Nos conmueve que Hariścandra recupere a su esposa, que su hijo vuelva a la vida y que su reino le sea devuelto. Pero existe algo todavía más profundo en la historia.

Hariścandra no sabía cómo iba a terminar su prueba.

Cuando estaba trabajando en el crematorio no sabía que algún día volvería a ser rey.

Cuando estaba separado de su familia no sabía que volvería a abrazarlos.

Cuando se encontraba sumergido en la angustia no sabía que Gautama Muni aparecería en su camino.

Su única certeza era que debía continuar siendo fiel a la verdad.

Y ahí encontramos una enseñanza que puede acompañarnos durante toda nuestra vida espiritual.

A veces nosotros también queremos conocer el final antes de continuar caminando.

Queremos saber cuándo terminará una dificultad.

Queremos saber cuándo llegará la respuesta a nuestras oraciones.

Queremos saber cuándo una situación cambiará.

Pero el bhakti nos enseña muchas veces a caminar incluso cuando todavía no podemos ver el camino completo.

Hariścandra no conocía el final.

Pero continuó.

La misericordia llega de una manera inesperada

Hay otro detalle hermoso en este pasatiempo. Hariścandra no encontró la solución mientras estaba sentado en su antiguo palacio. La encontró cuando se encontraba en la situación más humilde y dolorosa de su vida.

Gautama Muni llegó hasta él.

Y le entregó algo que no podía comprarse con ninguna riqueza.

Le entregó conocimiento.

Le entregó una práctica espiritual.

Le entregó esperanza.

Le habló de Ajā Ekādaśī.

Esto nos recuerda que la misericordia puede aparecer en momentos que nosotros mismos consideraríamos completamente desfavorables. A veces pensamos que una situación difícil significa que hemos sido abandonados por el Señor, cuando puede estar ocurriendo exactamente lo contrario: quizá esa situación esté preparando el corazón para recibir una enseñanza que de otra manera no escucharíamos.

El relato no nos invita a buscar el sufrimiento. Nos invita a no desperdiciar espiritualmente aquello que la vida nos presenta.

Lo que Annada Ekādaśī puede enseñarnos

La historia de Hariścandra puede acompañar nuestra observancia de Annada Ekādaśī de una manera muy especial. No solamente estamos dejando de consumir ciertos alimentos. Estamos intentando retirar nuestra atención de aquello que normalmente ocupa nuestros sentidos para dirigirla nuevamente hacia Hari.

Hariścandra perdió muchas cosas, pero no permitió que la adversidad destruyera su integridad. Cuando llegó el momento de observar Ekādaśī, no lo hizo simplemente como una formalidad. Recibió la instrucción de Gautama Muni con fe y la llevó a la práctica.

Por eso, cuando llegue Annada Ekādaśī, podemos recordar al rey en aquel crematorio, cansado y lleno de tristeza, pero todavía dispuesto a escuchar. Podemos recordar al sabio que apareció cuando parecía no existir ninguna salida y podemos recordar que la misericordia de Kṛṣṇa puede manifestarse cuando menos la esperamos.

Quizás nuestro propio Ekādaśī pueda convertirse entonces en una oración sencilla:

"Mi querido Kṛṣṇa, así como Hariścandra permaneció firme cuando perdió todo, ayúdame a permanecer firme en el servicio cuando las circunstancias no sean como deseo. Ayúdame a no perderte mientras intento recuperar tantas otras cosas."

Cuando la verdad se convierte en refugio

Al final de la historia, Hariścandra recuperó su reino, su esposa y su hijo. Los devas celebraron su liberación y el relato concluye diciendo que, cuando finalmente dejó este mundo, sus familiares y súbditos lo acompañaron al mundo espiritual. Las glorias de Ajā Ekādaśī son presentadas como tan poderosas que escuchar o estudiar este pasatiempo se considera también una práctica de gran mérito espiritual.

Pero quizás podamos guardar en nuestro corazón una imagen diferente de Hariścandra.

No solamente la imagen del rey que volvió al trono.

Sino la del hombre que permaneció de pie cuando ya no tenía trono.

La del esposo que continuó siendo fiel cuando estaba separado de su esposa.

La del padre que soportó la pérdida de su hijo.

La del servidor que, aunque había sido rey, aceptó realizar una labor humilde sin abandonar sus principios.

Y finalmente la del devoto que recibió una instrucción de un sabio y tuvo la fe suficiente para seguirla.

Esa es la imagen que podemos llevar con nosotros cuando celebremos Annada Ekādaśī.

Porque en ocasiones la vida nos hace creer que hemos perdido demasiado. Perdemos proyectos, seguridad, relaciones, reconocimiento o aquello que pensábamos que permanecería para siempre. Entonces podemos recordar a Hariścandra y preguntarnos qué es aquello que realmente no estamos dispuestos a perder.

Que podamos perder muchas cosas antes que nuestra conexión con Kṛṣṇa.

Que podamos perder comodidad antes que nuestra sinceridad.

Que podamos perder reconocimiento antes que nuestro servicio.

Que podamos atravesar momentos de incertidumbre sin abandonar la fe.

Porque quizás la verdadera victoria de Hariścandra no fue recuperar su reino.

Fue no haber perdido su corazón.

Y cuando finalmente apareció la misericordia, todo aquello que parecía perdido pudo ser restaurado.

La enseñanza de Ajā Ekādaśī

La historia concluye recordándonos que Ajā Ekādaśī, también llamada Annada Ekādaśī, es presentada como un día de profunda purificación y refugio en el Señor. El relato tradicional afirma que quien observa este Ekādaśī con fe queda liberado de las reacciones de sus actos y que escuchar o estudiar sus glorias posee un gran beneficio espiritual.

Pero para nosotros, quizás el regalo más hermoso de este pasatiempo sea la oportunidad de comprender que un día sagrado no es solamente una fecha en el calendario.

Es una puerta.

Una oportunidad para detenernos.

Para recordar.

Para cantar.

Para escuchar.

Para ofrecer.

Para volver a confiar.

Y mientras observamos Annada Ekādaśī podemos recordar a aquel rey que lo perdió todo y que, aun en medio de la oscuridad, permaneció fiel.

Hariścandra no sabía cuándo terminaría su prueba.

Pero Kṛṣṇa sí lo sabía.

Y quizás eso sea suficiente para nosotros también.

Mahārāja Hariścandra ki jaya.

Gautama Muni ki jaya.

Ajā Ekādaśī ki jaya.

Annada Ekādaśī ki jaya.

Śrī Hṛṣīkeśa Bhagavān ki jaya.

Śrīla Prabhupāda ki jaya.

Śrī Guru-paramparā ki jaya.


Fuente del pasatiempo

La fuente principal de esta narración es la sección sobre Bhādrapada-kṛṣṇa Ekādaśī, Ajā o Annada Ekādaśī, del Brahma-vaivarta Purāṇa, donde Śrī Kṛṣṇa narra a Mahārāja Yudhiṣṭhira la historia de Hariścandra y la instrucción que recibió de Gautama Muni.

Annada Ekadasi

Cuando la verdad permanece incluso en medio de la pérdida

Annada Ekādaśī, conocida también como Ajā Ekādaśī, aparece durante la quincena oscura del mes de Bhādrapada. Es una jornada especialmente relacionada con la purificación, la liberación de las reacciones kármicas y, de una manera muy profunda, con la capacidad de mantener la verdad y la fe cuando las circunstancias exteriores parecen arrebatarnos absolutamente todo.

Su historia está vinculada con Mahārāja Hariścandra, un rey famoso por su absoluta fidelidad a la verdad. Su vida llegó a una situación tan dolorosa que perdió su reino, sus riquezas, su posición y finalmente tuvo que separarse de su esposa y de su hijo. Sin embargo, aun cuando la fortuna parecía haberlo abandonado por completo, Hariścandra no abandonó aquello que consideraba su deber. La narración del Ekādaśī muestra entonces cómo, cuando todas las soluciones materiales parecen agotarse, puede aparecer una puerta espiritual inesperada.

La tradición presenta a Ajā Ekādaśī como un día especialmente poderoso para la purificación. El Señor Kṛṣṇa explica a Mahārāja Yudhiṣṭhira que quien observa este Ekādaśī y adora a Hṛṣīkeśa, el Señor que gobierna los sentidos, queda liberado de las reacciones de sus acciones pecaminosas. Incluso escuchar con fe las glorias de este día es descrito como espiritualmente beneficioso.

¿Qué significa Annada y qué significa Ajā?

Los nombres de este Ekādaśī nos permiten contemplarlo desde diferentes perspectivas. En muchas tradiciones se conoce como Ajā Ekādaśī y también como Annada Ekādaśī. El nombre Ajā puede relacionarse con aquello que no nace, una cualidad asociada con la naturaleza eterna del Señor, mientras que Annada se interpreta como "la que da alimento" o "la que nutre". Estas asociaciones pueden llevarnos a una reflexión muy hermosa: cuando el ser humano pierde aquello sobre lo cual había construido su seguridad, el verdadero alimento que necesita no siempre es material. También necesita recuperar la esperanza, la verdad, la fe y la conexión con el Señor.

¿Por qué observar Annada Ekādaśī?

La esencia del Ekādaśī no consiste únicamente en dejar de comer determinados alimentos. El ayuno es un medio para dirigir nuevamente nuestros sentidos hacia Kṛṣṇa. Śrī Caitanya Mahāprabhu mismo enseñó desde Su infancia la importancia de no consumir granos durante Ekādaśī, y Śrīla Prabhupāda explicó que la observancia vaisnava implica abstenerse de granos y legumbres durante este día.

Por eso podemos recibir Annada Ekādaśī como una oportunidad para simplificar nuestra vida durante un día y hacer espacio para aquello que normalmente queda desplazado por nuestras ocupaciones. Cantar más, escuchar Hari-kathā, leer el Bhagavad-gītā o el Śrīmad-Bhāgavatam, recordar los nombres del Señor, servir a los Vaiṣṇavas, ofrecer flores y alimentos permitidos, visitar el templo y compartir prasādam al día siguiente son formas de convertir el ayuno en una práctica de conciencia.

No se trata solamente de preguntarnos cuánto podemos dejar de comer, sino cuánto podemos acercarnos a Kṛṣṇa.

La enseñanza de Hariścandra

Quizás la enseñanza más profunda de este Ekādaśī se encuentra precisamente en la situación extrema de su protagonista. Hariścandra era un rey poderoso y, sin embargo, terminó trabajando en un crematorio. Había conocido el honor y terminó rodeado de muerte. Había tenido riqueza y terminó en la pobreza. Había tenido una familia y terminó separado de ella.

Pero hubo algo que no perdió: su determinación de permanecer fiel a la verdad.

Su historia nos recuerda que las circunstancias externas pueden cambiar de manera inesperada. Podemos perder posiciones, proyectos, relaciones, bienes o seguridades que considerábamos permanentes. Sin embargo, existe una riqueza interior que solamente puede perderse cuando nosotros mismos decidimos abandonarla.

Para un practicante de bhakti, esta historia puede convertirse en una pregunta personal: cuando las cosas no salen como esperaba, ¿mi fe depende de que todo esté bien?

Hariścandra nos enseña a mirar más profundamente.

La verdadera prueba de nuestra fe no siempre aparece cuando todo está funcionando. A veces aparece cuando no entendemos por qué estamos atravesando una determinada situación y aun así decidimos continuar sirviendo al Señor.

¿Cómo podemos observarlo?

En la práctica vaisnava, lo esencial es abstenerse de granos y legumbres durante Ekādaśī y dedicar el día a la conciencia de Kṛṣṇa. La observancia puede adoptar distintos niveles según la capacidad y las circunstancias de cada persona. Algunas personas realizan ayuno completo, mientras otras observan un ayuno con alimentos permitidos. Lo importante es que el esfuerzo esté acompañado de servicio, canto y recuerdo del Señor, y no se convierta únicamente en una prueba física.

En este Annada Ekādaśī podemos proponernos algo sencillo: cantar más rondas o cantar con mayor atención, escuchar una conferencia de Śrīla Prabhupāda, leer sobre Hariścandra, visitar el altar, ofrecer una lámpara o flores, hacer servicio para los Vaiṣṇavas y reservar un espacio del día para estar lejos del ruido cotidiano.

Y hay algo especialmente bello que podemos hacer inspirados por el nombre Annada: compartir alimento. Aunque el día de Ekādaśī se observan las restricciones propias del vrata, al llegar Dvādaśī podemos convertir el alimento en una expresión de servicio y misericordia ofreciendo y compartiendo prasādam.

Una invitación interior

Annada Ekādaśī puede convertirse entonces en una jornada para preguntarnos qué cosas estamos intentando sostener con nuestras propias fuerzas y cuáles necesitamos entregar nuevamente a Kṛṣṇa.

Hariścandra perdió un reino, pero no perdió su integridad.

Perdió riquezas, pero no perdió su fe.

Perdió su posición, pero no abandonó la verdad.

Y cuando finalmente llegó la misericordia del Señor, aquello que parecía completamente perdido pudo ser restaurado.

La enseñanza no necesariamente significa que todo aquello que perdemos en esta vida regresará de la misma manera. La enseñanza más profunda es que cuando nos refugiamos sinceramente en el Señor, incluso nuestras mayores dificultades pueden convertirse en caminos de purificación y crecimiento espiritual.

Por eso Annada Ekādaśī no solamente nos invita a ayunar.

Nos invita a recordar.

A limpiar.

A simplificar.

A confiar.

Y, sobre todo, a volver a poner a Kṛṣṇa en el centro de nuestra vida.

Annada Ekādaśī ki jaya.

Ajā Ekādaśī ki jaya.

Mahārāja Hariścandra ki jaya.

Śrī Hṛṣīkeśa Bhagavān ki jaya.

Śrīla Prabhupāda ki jaya.

Śrī Guru-paramparā ki jaya.

Fuente principal: Brahma-vaivarta Purāṇa, narración de las glorias de Bhādrapada-kṛṣṇa Ekādaśī, Ajā o Annada Ekādaśī. 


La aparición de Srila Prabhupada

Cuando Nandotsava recibió un pequeño devoto de Kṛṣṇa

La noche anterior, Calcuta había estado celebrando Janmāṣṭamī. Los devotos habían ayunado, cantado los Santos Nombres y escuchado los pasatiempos de Śrī Kṛṣṇa hasta la medianoche. En los templos había celebración y las calles estaban llenas de personas que se dirigían a ofrecer reverencias al Señor en Su día de aparición. Pero mientras la ciudad celebraba el nacimiento de Kṛṣṇa, algo más estaba por suceder. Al día siguiente, 1 de septiembre de 1896, en un pequeño hogar de la zona de Tollygunge, en Calcuta, nació un niño. Era Nandotsava, el día en que los habitantes de Vraja celebran la alegría de Nanda Mahārāja después de la aparición de Kṛṣṇa. Por esta razón, uno de sus tíos le dio el nombre de Nandulāl, recordando precisamente aquella celebración. Sus padres, Gour Mohan De y Rajani, lo llamaron Abhay Charan, un nombre que expresa la idea de aquel que es intrépido porque ha tomado refugio en los pies de loto del Señor Kṛṣṇa. Śrīla Prabhupāda-līlāmṛta, Volumen 1

La escena de su nacimiento tiene una sencillez que resulta conmovedora. Su madre había acudido, siguiendo la tradición bengalí, a la casa de sus padres para dar a luz. Allí, cerca del Ādi Gaṅgā, en una humilde casa de dos habitaciones con paredes de barro y techo de tejas, bajo un árbol de jaca, nació aquel niño que años después sería conocido en todo el mundo como Su Divina Gracia A. C. Bhaktivedanta Swami Prabhupāda. No había allí un gran palacio, ni multitudes, ni señales externas de que aquel pequeño niño llegaría algún día a atravesar el océano y a llevar el Santo Nombre de Kṛṣṇa a personas de lugares donde prácticamente nadie había escuchado hablar de la conciencia de Kṛṣṇa. Pero había algo que sí estaba presente desde el comienzo: había devoción.

Un padre que quería un devoto

Gour Mohan De era un devoto de Kṛṣṇa y, según los recuerdos que Śrīla Prabhupāda compartió muchos años después, su padre no soñaba con que su hijo se convirtiera simplemente en un hombre rico o exitoso. Quería que fuera un Vaiṣṇava, que aprendiera a cantar, que tocara la mṛdaṅga y que adorara a Rādhā y Kṛṣṇa. Tenía además un deseo particularmente hermoso: cuando algún santo o persona espiritual visitaba su casa, Gour Mohan pedía bendiciones para que su hijo se convirtiera en un servidor de Śrīmatī Rādhārāṇī. No pedía riqueza ni posición para él. Su deseo era que aquel niño pudiera convertirse en un devoto del Señor. Conversación de Śrīla Prabhupāda sobre su padre y su infancia

Quizás aquí comienza realmente el pasatiempo de la aparición de Śrīla Prabhupāda, porque una aparición espiritual no comienza necesariamente el día en que alguien toma sannyāsa, se convierte en maestro o comienza una gran misión. A veces comienza mucho antes, en una casa, con un padre que enseña a su hijo a ofrecer alimento a Kṛṣṇa, con una pequeña Deidad, con una canción, con una mṛdaṅga y con una familia que permite que el niño crezca rodeado de servicio.

La predicción

Como era costumbre en una familia bengalí, después del nacimiento se consultó a un astrólogo para elaborar el horóscopo del niño. La familia recibió con alegría la lectura que hizo el astrólogo. Según la biografía de Śrīla Prabhupāda, realizó una predicción extraordinaria: cuando aquel niño llegara aproximadamente a los setenta años, cruzaría el océano, se convertiría en un gran exponente de la religión y establecería 108 templos. Para una familia que acababa de recibir un pequeño niño, aquella predicción debía parecer extraordinaria, pero nadie podía imaginar todavía lo que significaría realmente. Pasaron los años, el niño creció, la vida siguió su curso y aquella predicción permaneció como una semilla escondida.

El pequeño Abhay y Rādhā-Govinda

Una de las partes más hermosas de los recuerdos de Śrīla Prabhupāda es que él mismo hablaba de su infancia con gran afecto. Cuando tenía apenas tres o cuatro años, visitaba diariamente el templo de Rādhā-Govinda que se encontraba cerca de su hogar. Aquella experiencia dejó una profunda impresión en él y más adelante pidió a su padre que le diera una Deidad de Rādhā-Govinda para adorar en casa. Su padre se la dio y el pequeño Abhay comenzó a realizar su propio servicio. No era un gran templo ni había elaborados arreglos, pero para un niño aquello era suficiente. Él decoraba a las Deidades, les ofrecía lo que comía y trataba de imitar las ceremonias que veía realizar a los devotos. Muchos años después recordaría que aquella Deidad todavía existía y que había permanecido en su familia. Conversación de Śrīla Prabhupāda en Calcuta, 1976

Quizás podemos imaginar al pequeño Abhay sentado en algún rincón de su casa, ocupado en su pequeño servicio, sin saber que aquel mismo gesto infantil de ofrecer alimento y adorar a Rādhā-Kṛṣṇa se convertiría algún día en una de las actividades centrales de miles de templos alrededor del mundo. Él mismo explicó años después que lo que había comenzado en su infancia como adoración de Rādhā-Kṛṣṇa y celebración de Ratha-yātrā estaba ocurriendo nuevamente en una escala mucho mayor, en ciudades de todo el mundo.

El pequeño Ratha-yātrā

Y entonces apareció otra semilla: Jagannātha. El padre de Abhay le proporcionó un pequeño carro para celebrar Ratha-yātrā. El niño organizaba una procesión con sus amigos del vecindario y su padre contrataba incluso un grupo de kīrtana para acompañarla. Todo era pequeño: el carro, los niños y la procesión, pero la alegría era grande. Śrīla Prabhupāda recordaba que los amigos de su padre bromeaban con él porque realizaba Ratha-yātrā en su casa y no los invitaba. Su padre respondía que aquello era simplemente un juego de niños, pero los amigos protestaban en tono jocoso. Y el pequeño Abhay continuaba con su festival. Había kīrtana, había procesión, había Jagannātha y, durante varios días, su madre preparaba diferentes variedades de prasādam para ofrecer al Señor. Conversación de Śrīla Prabhupāda sobre su infancia y Ratha-yātrā

Años después, aquel mismo niño organizaría Ratha-yātrās en San Francisco, Londres, París, Melbourne, Filadelfia y muchas otras ciudades del mundo. La escala había cambiado, pero el servicio era esencialmente el mismo. El pequeño carro de Jagannātha se había convertido en grandes festivales en las calles de diferentes países, pero en el corazón de aquella actividad continuaba viviendo el mismo deseo de servir que había acompañado al pequeño Abhay desde su infancia.

Nada era demasiado pequeño para Kṛṣṇa

Hay algo profundamente hermoso en mirar la infancia de Śrīla Prabhupāda desde esta perspectiva. No necesitamos convertir cada detalle de una vida en una profecía ni afirmar que cada acontecimiento fue necesariamente una señal sobrenatural. Pero sí podemos observar un hilo extraordinariamente claro. Desde niño, Abhay estaba rodeado de Kṛṣṇa: Rādhā-Govinda, Jagannātha, Ratha-yātrā, kīrtana, mṛdaṅga, prasādam y las enseñanzas del Bhāgavata, junto a un padre que quería verlo convertido en un Vaiṣṇava. Aquello que parecía un juego infantil terminó convirtiéndose en servicio mundial.

Y quizás esta sea una de las enseñanzas más bellas que podemos recibir de su aparición. Nunca sabemos qué semilla espiritual estamos plantando cuando enseñamos a un niño a ofrecer una flor, cantar un mantra, tocar una mṛdaṅga, decorar una Deidad o participar en un festival. Lo que para nosotros puede parecer pequeño, para Kṛṣṇa puede convertirse en algo muy grande.

El encuentro que cambiaría su vida

Pero la historia todavía estaba comenzando. El pequeño Abhay creció, recibió educación, formó una familia y se dedicó a sus responsabilidades. No tomó inmediatamente la vida de renuncia ni comenzó su misión mundial. En 1922 ocurrió un encuentro que marcaría definitivamente el rumbo de su vida. Un amigo lo llevó a conocer a Śrīla Bhaktisiddhānta Sarasvatī Ṭhākura y, aunque Abhay no estaba especialmente interesado en asistir, finalmente fue. Aquel encuentro cambió el curso de su vida.

Śrīla Bhaktisiddhānta Sarasvatī Ṭhākura le dio una instrucción que permanecería en su corazón durante décadas: debía predicar las enseñanzas de Śrī Caitanya Mahāprabhu en lengua inglesa. En aquel momento quizá nadie podía imaginar cuánto tiempo tomaría cumplir aquella instrucción ni hasta dónde llegaría su alcance. Pero la semilla ya había sido plantada y permanecería viva en el corazón de Abhay.

Setenta años después

Aquí la antigua predicción adquiere una dimensión extraordinaria. En 1896, un astrólogo había dicho que aquel niño cruzaría el océano cuando llegara aproximadamente a los setenta años. En 1965, a la edad de sesenta y nueve años, Abhay Charan De emprendió el viaje hacia los Estados Unidos a bordo del Jaladuta. Llegó prácticamente sin recursos materiales, sin una organización que lo respaldara y sin una comunidad de discípulos esperándolo, pero llevaba algo mucho más valioso: llevaba los libros de Śrīmad-Bhāgavatam, llevaba las instrucciones de su Guru Mahārāja, llevaba el Santo Nombre y llevaba una fe inquebrantable en Kṛṣṇa.

Un año después, en 1966, estableció en Nueva York la International Society for Krishna Consciousness y comenzó a formar una comunidad alrededor del canto de Hare Kṛṣṇa y las enseñanzas de la Bhagavad-gītā y el Śrīmad-Bhāgavatam. La predicción de la infancia había comenzado a tomar forma, pero quizás la parte más sorprendente todavía estaba por venir.

De un pequeño carro a una celebración mundial

El niño que había construido un pequeño Ratha-yātrā en las calles de Calcuta comenzó a organizar Ratha-yātrās en diferentes ciudades del mundo. El niño que había adorado una pequeña Deidad de Rādhā-Govinda ayudó a establecer templos donde miles de personas podrían acercarse diariamente a Rādhā y Kṛṣṇa. El niño cuyo padre le enseñó a tocar la mṛdaṅga llevó el kīrtana a las calles de ciudades occidentales y aquel niño que había crecido escuchando las glorias de Kṛṣṇa pasó sus últimos años traduciendo y explicando los textos vaisnavas para que personas de diferentes idiomas pudieran acercarse a ellos.

Śrīla Prabhupāda mismo reconoció esta continuidad. Al recordar su infancia, explicó que la adoración de Rādhā-Kṛṣṇa y el Ratha-yātrā que realizaba de niño eran esencialmente las mismas actividades que más tarde estaba realizando por todo el mundo, solamente que en una escala mucho mayor. Conversación de Śrīla Prabhupāda en Calcuta, 1976

Es como si el pequeño carro de Jagannātha hubiera crecido junto con él. El servicio de un niño se convirtió en el servicio de un maestro espiritual que viajó por diferentes continentes llevando consigo el Santo Nombre y las enseñanzas recibidas de su Guru Mahārāja.

La misericordia de un padre

Quizás una de las imágenes más tiernas de esta historia no sea la del anciano Swami llegando a Nueva York, sino la de Gour Mohan De observando a su pequeño hijo. Su padre le enseñó a tocar la mṛdaṅga, le dio Deidades de Rādhā-Kṛṣṇa, le permitió celebrar Ratha-yātrā, le enseñó a ofrecer alimento y oró para que se convirtiera en un Vaiṣṇava. Muchos años después, Śrīla Prabhupāda dedicaría su traducción de Kṛṣṇa, la Suprema Personalidad de Dios a su padre, recordándolo como un devoto que lo había criado desde el comienzo de su vida en conciencia de Kṛṣṇa. Conversación de Śrīla Prabhupāda sobre su padre

Esto nos permite comprender algo profundo sobre la educación espiritual. Gour Mohan no necesitó darle a su hijo una gran conferencia filosófica para transformar su vida. Le dio servicio, le dio Deidades, le dio kīrtana, le dio prasādam y, sobre todo, le dio la oportunidad de amar a Kṛṣṇa. Algunas de las semillas que plantamos en la infancia permanecen silenciosas durante muchos años, esperando el momento en que puedan comenzar a dar fruto.

El niño de Nandotsava

Por eso resulta tan hermoso que Śrīla Prabhupāda haya aparecido precisamente en Nandotsava. Nanda Mahārāja celebró porque Kṛṣṇa había aparecido en su hogar y, en 1896, al día siguiente de Janmāṣṭamī, nació en Calcuta un niño que llevaría el mensaje de Kṛṣṇa a innumerables hogares.

No debemos confundir a Śrīla Prabhupāda con Kṛṣṇa ni presentar su nacimiento como equivalente a la aparición del Señor. Su importancia está en otro lugar: en la tradición vaisnava, el maestro espiritual aparece para servir al Señor y entregar Su mensaje. Y eso fue precisamente lo que Śrīla Prabhupāda hizo. Recibió una instrucción, la guardó durante décadas y cuando llegó el momento cruzó el océano para cumplirla.

Una aparición que continúa

Hoy podemos mirar hacia atrás y contemplar aquella pequeña casa de Tollygunge: un niño, una familia vaisnava, un padre devoto, una madre, una pequeña Deidad, un pequeño Ratha, un kīrtana de niños, un festival y un niño llamado Abhay Charan. Después podemos mirar mucho más lejos: Nueva York, San Francisco, Londres, París, Melbourne, Vṛndāvana, Māyāpur, templos, libros, kīrtanas, Ratha-yātrās y devotos de diferentes países cantando juntos el mismo Santo Nombre.

Entre ambos momentos existe una vida entera de servicio. Y quizás ahí se encuentra el verdadero significado de celebrar la aparición de Śrīla Prabhupāda. No se trata solamente de recordar el nacimiento de un gran maestro. Se trata de recordar qué puede suceder cuando una persona recibe una instrucción espiritual y decide dedicar toda su vida a cumplirla.

Śrīla Prabhupāda apareció en Nandotsava. Creció escuchando el Santo Nombre, aprendió a servir a Rādhā-Kṛṣṇa, jugó con Jagannātha, recibió la instrucción de su Guru Mahārāja, esperó, escribió, oró, cruzó el océano y comenzó a cantar. Al principio eran pocos, después fueron cientos, luego miles y finalmente personas de diferentes culturas, idiomas y países comenzaron a cantar el mismo Santo Nombre.

El pequeño festival de Calcuta se había convertido en un festival para el mundo.

Quizás por eso, cuando llega nuevamente Nandotsava, podemos recordar a aquel pequeño niño de 1896 y agradecer profundamente por el servicio que realizó. Porque en aquel día no solamente recordamos que Śrīla Prabhupāda apareció en este mundo. Recordamos que una instrucción recibida de un maestro espiritual puede convertirse, cuando es llevada con fe y determinación, en una corriente de misericordia que atraviesa fronteras, idiomas y generaciones.

Y así, Nandotsava vuelve a adquirir vida. Porque una vez más podemos celebrar que la misericordia llegó. No solamente para una familia, ni para una ciudad, ni para una generación, sino para tantas personas que, gracias a su esfuerzo, tuvieron la oportunidad de escuchar el Santo Nombre y acercarse nuevamente a Kṛṣṇa.

Que podamos honrar su aparición no solamente hablando de su vida, sino continuando aquello que él recibió de su Guru Mahārāja: cantar, estudiar, servir, compartir prasādam y llevar con humildad las enseñanzas de Śrī Caitanya Mahāprabhu y Śrī Kṛṣṇa.


Así, la historia continúa.

El niño de Nandotsava creció.

El devoto se convirtió en maestro.

El maestro cruzó el océano.

Y el Santo Nombre comenzó a viajar con él.

Śrīla Prabhupāda ki jaya.

Śrīla Prabhupāda Appearance Day ki jaya.

Śrī Nandotsava Mahotsava ki jaya.

Śrī Guru-paramparā ki jaya.

Śrī Rādhā-Govinda ki jaya.

Śrī Jagannātha Baladeva Subhadrā Mahārāṇī ki jaya.

Śrī Kṛṣṇa Caitanya Mahāprabhu ki jaya.

Fuentes para profundizar

La narración de su nacimiento y primeros años está basada principalmente en Śrīla Prabhupāda-līlāmṛta, especialmente los relatos sobre su nacimiento en Calcuta durante Nandotsava y su infancia. Para complementar estos recuerdos son especialmente valiosas las conversaciones en las que el propio Śrīla Prabhupāda habla de su padre, de la adoración de Rādhā-Govinda y de los primeros Ratha-yātrās que organizaba cuando era niño. También puede consultarse su conferencia de Vyāsa-pūjā de 1968, pronunciada en Montreal, donde él mismo relaciona su aparición con Nandotsava y recuerda el festival de Nanda Mahārāja.

Fuentes principales: Śrīla Prabhupāda-līlāmṛta, Vol. 1; conversaciones de Śrīla Prabhupāda de 1976 sobre su infancia y su padre; y la conferencia de Vyāsa-pūjā pronunciada en Montreal el 17 de agosto de 1968.

Nandotsava y el misterio del amor devocional

Śrīla Prabhupāda no se limita a explicar Nandotsava, sino que utiliza la celebración para mostrar la intimidad del amor devocional. Además, ese día de 1968 coincidía con su propio Vyāsa-pūjā, pues había aparecido en un día de Nandotsava 73 años antes. La conferencia fue pronunciada en Montreal el 17 de agosto de 1968.  

Una enseñanza de Śrīla Prabhupāda sobre Nanda Mahārāja

Hay momentos en la vida espiritual en los que una celebración aparentemente sencilla abre una puerta hacia una comprensión mucho más profunda. Nandotsava es uno de ellos. Es el día en que los habitantes de Vraja celebraron con inmensa alegría la aparición de Kṛṣṇa como hijo de Nanda Mahārāja y Yaśodā, pero detrás de aquella fiesta, de la leche, el yogur, las flores, la música y el prasādam existe una verdad que puede transformar nuestra manera de comprender la devoción: el amor puede acercar al Señor Supremo de una manera que ninguna especulación intelectual puede alcanzar.

Śrīla Prabhupāda habló de este misterio durante su celebración de Vyāsa-pūjā en Montreal, el 17 de agosto de 1968. Aquel día tenía un significado muy especial para él, porque su aparición había coincidido con Nandotsava. Él mismo recordó ante sus discípulos que, después de la aparición de Kṛṣṇa, Nanda Mahārāja había celebrado una gran festividad y que aquel día había quedado conocido como Nandotsava. Setenta y tres años antes, en 1896, Śrīla Prabhupāda había aparecido también en ese día.

Cuando Nanda Mahārāja recibió a Kṛṣṇa

Śrīla Prabhupāda comienza recordando una escena sencilla y profundamente humana. Nanda Mahārāja ya era un hombre de edad avanzada cuando Kṛṣṇa apareció como su hijo, y sus amigos fueron a felicitarlo. Según el relato que presenta Śrīla Prabhupāda, algunos le decían con alegría que había recibido un hijo en una edad avanzada, pero Nanda Mahārāja respondía con humor que no era viejo, porque un hombre viejo no podría tener un hijo.

Aquella escena nos permite acercarnos a Nanda Mahārāja no solamente como una figura venerable de las Escrituras, sino como un padre lleno de felicidad por el nacimiento de su hijo. Para él no era una cuestión filosófica. No estaba pensando en demostrar quién era Dios ni en alcanzar una realización impersonal. Tenía un niño y su corazón estaba lleno de amor.

Toda la comunidad de Vraja acudió entonces para felicitarlo. Nanda Mahārāja era una persona muy querida y, al ser el líder de aquella comunidad de pastores, su felicidad se convirtió naturalmente en la felicidad de todos. Así nació aquella gran celebración que conocemos como Nandotsava.

Una frase que cambia nuestra manera de mirar a Nanda

En medio de su conferencia, Śrīla Prabhupāda recuerda un hermoso verso atribuido a Śrīla Rūpa Gosvāmī, incluido en Padyāvalī. El verso expresa una idea extraordinaria: mientras algunas personas buscan la Verdad Absoluta mediante el estudio de los Vedas, otros recurren a diferentes escrituras y caminos de conocimiento, pero el devoto puede encontrar algo todavía más maravilloso al contemplar a Nanda Mahārāja, porque en el patio de su casa la Suprema Verdad Absoluta está jugando como un niño.

La profundidad de esta enseñanza es enorme.

Los grandes sabios buscan comprender a la Verdad Absoluta.

Los yogīs meditan para acercarse a ella.

Los filósofos intentan comprenderla mediante el conocimiento.

Pero Nanda Mahārāja no está intentando descubrir dónde se encuentra Dios.

Dios está jugando en su patio.

Kṛṣṇa, la Suprema Personalidad de Dios, se encuentra allí como su hijo.

Y este es uno de los misterios más dulces del bhakti.

El amor puede hacer que Dios se vuelva nuestro hijo

Śrīla Prabhupāda utiliza entonces a Nanda Mahārāja para explicar algo muy profundo acerca de la relación entre el Señor y Su devoto. Una persona que sigue un camino de conocimiento puede aspirar a comprender que es espiritual y que existe una relación eterna con la Verdad Absoluta. Pero el servicio devocional permite entrar en relaciones amorosas con Kṛṣṇa que son mucho más íntimas.

Nanda Mahārāja no deseaba convertirse en uno con Dios.

No deseaba perder su identidad.

No quería dejar de existir como persona.

Su deseo era amar a Kṛṣṇa como su hijo.

Y, según explica Śrīla Prabhupāda, esa relación es tan extraordinaria que Nanda Mahārāja puede ser considerado incluso superior en ese sentido, porque el Señor Supremo acepta voluntariamente convertirse en su hijo.

Aquí aparece una de las enseñanzas más bellas de la conciencia de Kṛṣṇa.

El objetivo del bhakti no es simplemente comprender que Dios existe.

Tampoco consiste únicamente en alcanzar una posición elevada o liberarse del sufrimiento.

El bhakti busca despertar una relación de amor con Kṛṣṇa.

Y ese amor puede ser tan profundo que el Supremo, que es adorado por todos, acepta dejarse amar por Su devoto de una manera íntima y personal.

El Señor que no nace

Śrīla Prabhupāda conecta entonces esta comprensión con una enseñanza del Bhagavad-gītā. Kṛṣṇa declara que, aunque es no nacido, aunque Su cuerpo trascendental nunca se deteriora y aunque es el Señor de todas las entidades vivientes, aparece en el mundo mediante Su propia potencia trascendental.

Esta afirmación nos ayuda a comprender la diferencia entre el nacimiento de una entidad viviente y la aparición de Kṛṣṇa.

Nosotros nacemos porque estamos sujetos a las leyes de la naturaleza material.

Kṛṣṇa aparece por Su propia voluntad.

Nosotros entramos en un cuerpo que recibimos de acuerdo con nuestro karma.

Kṛṣṇa acepta un cuerpo trascendental para manifestar Sus pasatiempos amorosos.

Y, sin embargo, el misterio no termina allí.

El Señor Supremo, que no necesita nada de nadie, acepta convertirse en el hijo de Nanda Mahārāja.

El Ser que sostiene todos los universos permite que una madre lo sostenga entre sus brazos.

El Señor a quien grandes sabios ofrecen reverencias permite que Yaśodā lo regañe.

El Supremo, que es independiente de todo, acepta depender aparentemente de Sus devotos por amor.

Eso es Vraja.

La grandeza de ser un devoto

Quizás esta sea la parte más conmovedora de la enseñanza de Śrīla Prabhupāda.

En el mundo material solemos pensar que ser poderoso significa necesitar cada vez menos de los demás. Buscamos independencia, control y reconocimiento. Queremos demostrar que somos capaces de sostener nuestra propia vida sin depender de nadie.

Pero el bhakti nos presenta otra clase de grandeza.

Nanda Mahārāja es grande porque Kṛṣṇa acepta depender de él.

Yaśodā es grande porque puede alimentar a Kṛṣṇa.

Las gopīs son grandes porque pueden ofrecerle a Kṛṣṇa su amor.

Los habitantes de Vraja son grandes porque no están interesados en disfrutar de la posición de Kṛṣṇa, sino en hacerlo feliz.

Esta es una diferencia fundamental entre el deseo de disfrutar del mundo y el deseo de servir.

Mientras el corazón material pregunta: "¿Qué puedo obtener?", el corazón devocional comienza a preguntar: "¿Cómo puedo servir? ¿Cómo puedo hacer feliz a Kṛṣṇa?"

Y cuando ese deseo se vuelve sincero, la relación con el Señor comienza a transformarse.

Nandotsava y nuestro propio corazón

Quizás por eso Nandotsava puede hablarnos también de nuestra propia vida.

Todos tenemos un altar, aunque sea pequeño.

Todos podemos ofrecer algo.

Todos podemos cantar.

Todos podemos compartir prasādam.

Todos podemos servir a los Vaiṣṇavas.

Pero existe una pregunta más profunda: ¿hemos permitido que Kṛṣṇa se convierta realmente en el centro de nuestra vida?

Nanda Mahārāja no celebró simplemente una ceremonia religiosa.

Celebró porque Kṛṣṇa estaba allí.

Su alegría tenía un centro.

Su generosidad tenía un centro.

Su hogar tenía un centro.

Toda Vraja parecía girar alrededor de aquel pequeño niño.

Quizás nuestro verdadero Nandotsava comienza cuando Kṛṣṇa deja de ser solamente una idea espiritual y empieza a convertirse nuevamente en el centro de nuestras decisiones, nuestros pensamientos, nuestro servicio y nuestras relaciones.

Una coincidencia llena de significado

Hay además una hermosa conexión entre esta enseñanza y la vida de Śrīla Prabhupāda.

El día en que Nanda Mahārāja celebró el nacimiento de Kṛṣṇa se convirtió también en el día de aparición de Śrīla Prabhupāda. En su conferencia de 1968, él mismo señaló esta coincidencia y explicó que su Vyāsa-pūjā se celebraba precisamente en Nandotsava.

No parece casual que aquel maestro espiritual que dedicaría su vida a llevar el mensaje de Kṛṣṇa a tantas personas del mundo occidental hubiera aparecido en un día asociado con la alegría de Nanda Mahārāja.

Nandotsava celebra que Kṛṣṇa llegó a Vraja.

La misión de Śrīla Prabhupāda consistió, en muchos sentidos, en llevar el mensaje de Kṛṣṇa a nuevos lugares para que más corazones pudieran recibirlo.

Por eso podemos contemplar ambas celebraciones juntas: la aparición del Señor y la aparición de Su representante que vino a entregarnos nuevamente Sus enseñanzas.

La verdadera celebración

Al final de aquella conferencia, Śrīla Prabhupāda recuerda nuevamente que Nanda Mahārāja había celebrado el nacimiento de Kṛṣṇa y que, por ese motivo, los devotos podían disfrutar de prasādam.

Es un cierre sencillo, pero profundamente significativo.

Después de hablar de filosofía elevada, de Vyāsa, del servicio devocional y de la naturaleza trascendental de Kṛṣṇa, todo termina alrededor del prasādam.

Porque el conocimiento espiritual no está destinado a permanecer solamente en nuestra mente.

Debe convertirse en servicio.

Debe convertirse en ofrenda.

Debe convertirse en alimento ofrecido a Kṛṣṇa y compartido con los demás.

Debe convertirse en una mesa donde los devotos puedan sentarse juntos.

Debe convertirse en alegría compartida.

Eso también es Nandotsava.

Que Kṛṣṇa pueda jugar en nuestro corazón

Cuando recordemos esta celebración, quizás podamos llevar con nosotros aquella imagen que Śrīla Prabhupāda quiso mostrarnos: mientras muchos buscan comprender la Verdad Absoluta mediante grandes procesos de conocimiento, existe un lugar donde esa misma Verdad Suprema está jugando como un pequeño niño.

Kṛṣṇa está en el patio de Nanda Mahārāja.

Y Nanda Mahārāja no intenta demostrar que Él es Dios.

Simplemente lo ama.

Tal vez esa sea una de las invitaciones más profundas de Nandotsava para nosotros: no quedarnos únicamente en el deseo de conocer a Kṛṣṇa, sino aprender a amarle y servirle.

Que nuestro corazón pueda convertirse en un pequeño Gokula.

Que nuestras palabras puedan convertirse en kīrtana.

Que nuestras manos puedan convertirse en instrumentos de servicio.

Que nuestros alimentos puedan convertirse en prasādam.

Que nuestras casas puedan convertirse en lugares donde se escuchen las glorias de Kṛṣṇa.

Y que, algún día, podamos comprender aunque sea una pequeña parte del misterio que Śrīla Prabhupāda quiso compartir aquella tarde en Montreal:

La Suprema Personalidad de Dios es tan grande que sostiene todos los universos, pero Su amor es tan dulce que puede aceptar convertirse en el hijo de Su devoto.

Ese es el misterio de Nandotsava.

Ese es el misterio del bhakti.

Y esa es la dulzura de Vraja.

Śrī Nanda Mahārāja ki jaya.

Śrī Yaśodā Mā ki jaya.

Śrī Kṛṣṇa Nandotsava ki jaya.

Śrīla Prabhupāda ki jaya.

Śrī Guru-paramparā ki jaya.