El pasatiempo de Mahārāja Hariścandra
Cuando un rey lo perdió todo, pero no perdió la verdad
En tiempos antiguos vivió un rey cuya fama había trascendido las fronteras de su reino. Su nombre era Mahārāja Hariścandra y era conocido por su valentía, su rectitud y, sobre todo, por su absoluta fidelidad a la verdad. Era un gran soberano, rodeado de riquezas, servidores y honores, pero la cualidad que realmente distinguía su carácter era que jamás estaba dispuesto a abandonar la verdad, incluso cuando hacerlo podía haberle permitido escapar de una situación dolorosa. Su esposa se llamaba Chandramatī y tenía un hijo llamado Lohitāśva. La familia real vivía rodeada de las comodidades propias de su posición, sin imaginar que muy pronto todo aquello desaparecería.
Cuando la fortuna comenzó a desaparecer
Por la fuerza del destino y como resultado de reacciones anteriores, Hariścandra perdió su reino. Aquello que durante tantos años había considerado parte de su vida comenzó a desaparecer delante de sus ojos. Ya no tenía palacio, ejército ni riquezas. Pero la prueba todavía no había terminado. En medio de aquella situación llegó un momento en que tuvo que vender a su propia esposa y a su hijo, y finalmente terminó vendiéndose él mismo para poder cumplir con aquello que debía.
El gran rey, que alguna vez había gobernado un vasto territorio, terminó convertido en sirviente de un caṇḍāla, quien le encargó vigilar un crematorio. Su tarea consistía en cobrar las tarifas correspondientes a quienes acudían a realizar los últimos ritos para sus familiares fallecidos y recoger las ropas de los muertos. Era una labor que contrastaba de manera estremecedora con la vida que había conocido anteriormente. El hombre que había sido servido por muchos ahora servía en un lugar donde cada día contemplaba la separación, la muerte y el dolor humano.
Sin embargo, había algo que no había cambiado.
Hariścandra seguía siendo Hariścandra.
Aunque había perdido su reino, no había perdido su carácter. Aunque vestía como un sirviente, conservaba la dignidad interior de un hombre que había decidido permanecer fiel a la verdad. Aunque la vida lo había llevado a una situación que parecía completamente indigna para un rey, no abandonó sus principios.
El relato compara esta firmeza con el soma-rasa, cuya capacidad de otorgar inmortalidad no desaparece aunque se mezcle con otros líquidos. De la misma manera, la nobleza y la verdad de Hariścandra no desaparecieron porque las circunstancias exteriores hubieran cambiado.
Un rey sumergido en el dolor
Pasaron los años.
Hariścandra continuaba realizando aquella labor en el crematorio mientras llevaba en su corazón el peso de todo lo que había perdido. Ya no tenía el poder de antes, ni la compañía de su esposa, ni la alegría de su hijo. Su vida se había convertido en una larga prueba de paciencia y sufrimiento.
Un día, mientras se encontraba completamente abrumado, comenzó a preguntarse qué podía hacer.
¿Qué camino debía tomar?
¿A dónde podía ir?
¿Cómo podía liberarse de aquella situación?
Su mente estaba sumergida en una profunda ansiedad y su corazón parecía no encontrar ninguna salida. Había llegado a un punto en el que las soluciones materiales ya no podían ayudarlo. Había perdido aquello que un rey utilizaría normalmente para resolver sus problemas: riqueza, poder, influencia y posición.
Y precisamente cuando parecía que no quedaba ningún camino, apareció una persona que cambiaría el curso de su historia.
La llegada de Gautama Muni
Un día, un gran sabio pasó por aquel lugar. Era Gautama Muni.
Cuando Hariścandra vio al sabio, algo se despertó dentro de él. A pesar de encontrarse en una situación tan dolorosa, reconoció inmediatamente la presencia de una persona santa y se acercó con respeto. Ofreció sus reverencias y, con las manos juntas, comenzó a contarle todo lo que había sucedido.
Le habló de su antiguo reino.
Le habló de su familia.
Le habló de las pérdidas que había sufrido.
Le habló de su servicio en el crematorio.
Y finalmente le habló de la angustia que había llegado a dominar su corazón.
Gautama Muni escuchó atentamente.
El gran sabio se sorprendió profundamente al contemplar cómo aquel poderoso rey había terminado en una situación tan dolorosa. Pero su sorpresa se convirtió rápidamente en compasión. Gautama Muni comprendió que Hariścandra necesitaba algo más que una solución material. Necesitaba una oportunidad para purificarse y recuperar su conexión con la misericordia del Señor.
Entonces el sabio le habló de un día que estaba a punto de llegar.
El regalo de Gautama Muni
Gautama Muni le explicó que durante la quincena oscura del mes de Bhādrapada se encontraba un Ekādaśī extraordinariamente auspicioso llamado Ajā Ekādaśī, conocido también como Annada Ekādaśī. Le dijo que aquel día tenía un poder especial para destruir las reacciones pecaminosas y liberar al ser humano del sufrimiento producido por sus acciones anteriores.
El sabio le explicó que el Ekādaśī llegaría en apenas siete días y le dio una instrucción sencilla pero profunda: debía observar el ayuno con sinceridad y permanecer despierto durante la noche, dedicando su conciencia al Señor. Gautama Muni le aseguró que, por la misericordia de este Ekādaśī, las reacciones que habían causado su sufrimiento llegarían a su fin. También le dijo algo que debió resultar especialmente significativo para Hariścandra: que su encuentro no era accidental y que había llegado hasta él debido a sus propias actividades piadosas. Después de transmitirle estas instrucciones, Gautama Muni desapareció de su vista.
Hariścandra había pasado años buscando una salida sin encontrarla.
Ahora tenía una oportunidad.
No sabía todavía cómo se manifestaría la misericordia del Señor, pero decidió confiar en la instrucción del sabio.
El día de Ajā Ekādaśī
Finalmente llegó el día esperado.
Hariścandra observó el voto de Ajā Ekādaśī siguiendo las instrucciones que había recibido de Gautama Muni. Ayunó y permaneció despierto durante la noche. En lugar de dejarse consumir por la ansiedad que durante tantos años había dominado su corazón, puso su atención en el Señor y se refugió en aquella práctica espiritual que el sabio le había entregado.
Y entonces ocurrió algo extraordinario.
El relato afirma que, por la influencia de Ajā Ekādaśī, las reacciones de sus acciones anteriores fueron destruidas. Aquello que había parecido una cadena interminable de sufrimientos comenzó a desaparecer. La misericordia del Señor se manifestó de una manera que Hariścandra jamás habría podido imaginar.
Pero todavía faltaba la parte más conmovedora del pasatiempo.
El encuentro con su familia
La situación de Hariścandra comenzó a transformarse de una manera completamente inesperada. Su esposa y su hijo, de quienes había estado separado durante tanto tiempo, volvieron a encontrarse con él. El relato nos dice que su hijo, que había muerto, fue restaurado a la vida.
El dolor de tantos años comenzó a transformarse en alegría.
La separación comenzó a convertirse en encuentro.
La desesperanza comenzó a convertirse en esperanza.
Y desde los cielos comenzaron a escucharse sonidos auspiciosos. Los devas hicieron sonar sus instrumentos celestiales y flores comenzaron a caer sobre Hariścandra, su esposa y su hijo.
El mismo hombre que había pasado tantos años rodeado de muerte ahora contemplaba nuevamente la vida de su hijo.
El mismo hombre que había sido separado de su esposa volvía a tenerla a su lado.
Y el mismo rey que había perdido su reino recibió nuevamente su posición.
El reino restaurado
La misericordia de Ajā Ekādaśī no terminó con la recuperación de su familia. Hariścandra recuperó también su reino y pudo volver a gobernar sin los obstáculos que anteriormente habían provocado su caída.
Pero podemos imaginar que el rey que regresó al trono ya no era exactamente el mismo hombre que había salido de él.
Había conocido la riqueza y la pobreza.
Había conocido el honor y la humillación.
Había conocido la compañía de su familia y la separación.
Había experimentado el poder y la absoluta impotencia.
Y, sobre todo, había descubierto que cuando todo aquello sobre lo cual había construido su seguridad desapareció, todavía podía refugiarse en la verdad y en el Señor.
Quizás por eso la historia de Hariścandra no es simplemente la historia de un rey que recuperó su reino.
Es la historia de un hombre que descubrió una riqueza que no podía perderse con la fortuna material.
La verdadera prueba
Cuando escuchamos este pasatiempo podemos sentirnos atraídos naturalmente por el final. Nos conmueve que Hariścandra recupere a su esposa, que su hijo vuelva a la vida y que su reino le sea devuelto. Pero existe algo todavía más profundo en la historia.
Hariścandra no sabía cómo iba a terminar su prueba.
Cuando estaba trabajando en el crematorio no sabía que algún día volvería a ser rey.
Cuando estaba separado de su familia no sabía que volvería a abrazarlos.
Cuando se encontraba sumergido en la angustia no sabía que Gautama Muni aparecería en su camino.
Su única certeza era que debía continuar siendo fiel a la verdad.
Y ahí encontramos una enseñanza que puede acompañarnos durante toda nuestra vida espiritual.
A veces nosotros también queremos conocer el final antes de continuar caminando.
Queremos saber cuándo terminará una dificultad.
Queremos saber cuándo llegará la respuesta a nuestras oraciones.
Queremos saber cuándo una situación cambiará.
Pero el bhakti nos enseña muchas veces a caminar incluso cuando todavía no podemos ver el camino completo.
Hariścandra no conocía el final.
Pero continuó.
La misericordia llega de una manera inesperada
Hay otro detalle hermoso en este pasatiempo. Hariścandra no encontró la solución mientras estaba sentado en su antiguo palacio. La encontró cuando se encontraba en la situación más humilde y dolorosa de su vida.
Gautama Muni llegó hasta él.
Y le entregó algo que no podía comprarse con ninguna riqueza.
Le entregó conocimiento.
Le entregó una práctica espiritual.
Le entregó esperanza.
Le habló de Ajā Ekādaśī.
Esto nos recuerda que la misericordia puede aparecer en momentos que nosotros mismos consideraríamos completamente desfavorables. A veces pensamos que una situación difícil significa que hemos sido abandonados por el Señor, cuando puede estar ocurriendo exactamente lo contrario: quizá esa situación esté preparando el corazón para recibir una enseñanza que de otra manera no escucharíamos.
El relato no nos invita a buscar el sufrimiento. Nos invita a no desperdiciar espiritualmente aquello que la vida nos presenta.
Lo que Annada Ekādaśī puede enseñarnos
La historia de Hariścandra puede acompañar nuestra observancia de Annada Ekādaśī de una manera muy especial. No solamente estamos dejando de consumir ciertos alimentos. Estamos intentando retirar nuestra atención de aquello que normalmente ocupa nuestros sentidos para dirigirla nuevamente hacia Hari.
Hariścandra perdió muchas cosas, pero no permitió que la adversidad destruyera su integridad. Cuando llegó el momento de observar Ekādaśī, no lo hizo simplemente como una formalidad. Recibió la instrucción de Gautama Muni con fe y la llevó a la práctica.
Por eso, cuando llegue Annada Ekādaśī, podemos recordar al rey en aquel crematorio, cansado y lleno de tristeza, pero todavía dispuesto a escuchar. Podemos recordar al sabio que apareció cuando parecía no existir ninguna salida y podemos recordar que la misericordia de Kṛṣṇa puede manifestarse cuando menos la esperamos.
Quizás nuestro propio Ekādaśī pueda convertirse entonces en una oración sencilla:
"Mi querido Kṛṣṇa, así como Hariścandra permaneció firme cuando perdió todo, ayúdame a permanecer firme en el servicio cuando las circunstancias no sean como deseo. Ayúdame a no perderte mientras intento recuperar tantas otras cosas."
Cuando la verdad se convierte en refugio
Al final de la historia, Hariścandra recuperó su reino, su esposa y su hijo. Los devas celebraron su liberación y el relato concluye diciendo que, cuando finalmente dejó este mundo, sus familiares y súbditos lo acompañaron al mundo espiritual. Las glorias de Ajā Ekādaśī son presentadas como tan poderosas que escuchar o estudiar este pasatiempo se considera también una práctica de gran mérito espiritual.
Pero quizás podamos guardar en nuestro corazón una imagen diferente de Hariścandra.
No solamente la imagen del rey que volvió al trono.
Sino la del hombre que permaneció de pie cuando ya no tenía trono.
La del esposo que continuó siendo fiel cuando estaba separado de su esposa.
La del padre que soportó la pérdida de su hijo.
La del servidor que, aunque había sido rey, aceptó realizar una labor humilde sin abandonar sus principios.
Y finalmente la del devoto que recibió una instrucción de un sabio y tuvo la fe suficiente para seguirla.
Esa es la imagen que podemos llevar con nosotros cuando celebremos Annada Ekādaśī.
Porque en ocasiones la vida nos hace creer que hemos perdido demasiado. Perdemos proyectos, seguridad, relaciones, reconocimiento o aquello que pensábamos que permanecería para siempre. Entonces podemos recordar a Hariścandra y preguntarnos qué es aquello que realmente no estamos dispuestos a perder.
Que podamos perder muchas cosas antes que nuestra conexión con Kṛṣṇa.
Que podamos perder comodidad antes que nuestra sinceridad.
Que podamos perder reconocimiento antes que nuestro servicio.
Que podamos atravesar momentos de incertidumbre sin abandonar la fe.
Porque quizás la verdadera victoria de Hariścandra no fue recuperar su reino.
Fue no haber perdido su corazón.
Y cuando finalmente apareció la misericordia, todo aquello que parecía perdido pudo ser restaurado.
La enseñanza de Ajā Ekādaśī
La historia concluye recordándonos que Ajā Ekādaśī, también llamada Annada Ekādaśī, es presentada como un día de profunda purificación y refugio en el Señor. El relato tradicional afirma que quien observa este Ekādaśī con fe queda liberado de las reacciones de sus actos y que escuchar o estudiar sus glorias posee un gran beneficio espiritual.
Pero para nosotros, quizás el regalo más hermoso de este pasatiempo sea la oportunidad de comprender que un día sagrado no es solamente una fecha en el calendario.
Es una puerta.
Una oportunidad para detenernos.
Para recordar.
Para cantar.
Para escuchar.
Para ofrecer.
Para volver a confiar.
Y mientras observamos Annada Ekādaśī podemos recordar a aquel rey que lo perdió todo y que, aun en medio de la oscuridad, permaneció fiel.
Hariścandra no sabía cuándo terminaría su prueba.
Pero Kṛṣṇa sí lo sabía.
Y quizás eso sea suficiente para nosotros también.
Mahārāja Hariścandra ki jaya.
Gautama Muni ki jaya.
Ajā Ekādaśī ki jaya.
Annada Ekādaśī ki jaya.
Śrī Hṛṣīkeśa Bhagavān ki jaya.
Śrīla Prabhupāda ki jaya.
Śrī Guru-paramparā ki jaya.
Fuente del pasatiempo
La fuente principal de esta narración es la sección sobre Bhādrapada-kṛṣṇa Ekādaśī, Ajā o Annada Ekādaśī, del Brahma-vaivarta Purāṇa, donde Śrī Kṛṣṇa narra a Mahārāja Yudhiṣṭhira la historia de Hariścandra y la instrucción que recibió de Gautama Muni.








