Śrīla Prabhupāda no se limita a explicar Nandotsava, sino que utiliza la celebración para mostrar la intimidad del amor devocional. Además, ese día de 1968 coincidía con su propio Vyāsa-pūjā, pues había aparecido en un día de Nandotsava 73 años antes. La conferencia fue pronunciada en Montreal el 17 de agosto de 1968.
Hay momentos en la vida espiritual en los que una celebración aparentemente sencilla abre una puerta hacia una comprensión mucho más profunda. Nandotsava es uno de ellos. Es el día en que los habitantes de Vraja celebraron con inmensa alegría la aparición de Kṛṣṇa como hijo de Nanda Mahārāja y Yaśodā, pero detrás de aquella fiesta, de la leche, el yogur, las flores, la música y el prasādam existe una verdad que puede transformar nuestra manera de comprender la devoción: el amor puede acercar al Señor Supremo de una manera que ninguna especulación intelectual puede alcanzar.
Śrīla Prabhupāda habló de este misterio durante su celebración de Vyāsa-pūjā en Montreal, el 17 de agosto de 1968. Aquel día tenía un significado muy especial para él, porque su aparición había coincidido con Nandotsava. Él mismo recordó ante sus discípulos que, después de la aparición de Kṛṣṇa, Nanda Mahārāja había celebrado una gran festividad y que aquel día había quedado conocido como Nandotsava. Setenta y tres años antes, en 1896, Śrīla Prabhupāda había aparecido también en ese día.
Cuando Nanda Mahārāja recibió a Kṛṣṇa
Śrīla Prabhupāda comienza recordando una escena sencilla y profundamente humana. Nanda Mahārāja ya era un hombre de edad avanzada cuando Kṛṣṇa apareció como su hijo, y sus amigos fueron a felicitarlo. Según el relato que presenta Śrīla Prabhupāda, algunos le decían con alegría que había recibido un hijo en una edad avanzada, pero Nanda Mahārāja respondía con humor que no era viejo, porque un hombre viejo no podría tener un hijo.
Aquella escena nos permite acercarnos a Nanda Mahārāja no solamente como una figura venerable de las Escrituras, sino como un padre lleno de felicidad por el nacimiento de su hijo. Para él no era una cuestión filosófica. No estaba pensando en demostrar quién era Dios ni en alcanzar una realización impersonal. Tenía un niño y su corazón estaba lleno de amor.
Toda la comunidad de Vraja acudió entonces para felicitarlo. Nanda Mahārāja era una persona muy querida y, al ser el líder de aquella comunidad de pastores, su felicidad se convirtió naturalmente en la felicidad de todos. Así nació aquella gran celebración que conocemos como Nandotsava.
Una frase que cambia nuestra manera de mirar a Nanda
En medio de su conferencia, Śrīla Prabhupāda recuerda un hermoso verso atribuido a Śrīla Rūpa Gosvāmī, incluido en Padyāvalī. El verso expresa una idea extraordinaria: mientras algunas personas buscan la Verdad Absoluta mediante el estudio de los Vedas, otros recurren a diferentes escrituras y caminos de conocimiento, pero el devoto puede encontrar algo todavía más maravilloso al contemplar a Nanda Mahārāja, porque en el patio de su casa la Suprema Verdad Absoluta está jugando como un niño.
La profundidad de esta enseñanza es enorme.
Los grandes sabios buscan comprender a la Verdad Absoluta.
Los yogīs meditan para acercarse a ella.
Los filósofos intentan comprenderla mediante el conocimiento.
Pero Nanda Mahārāja no está intentando descubrir dónde se encuentra Dios.
Dios está jugando en su patio.
Kṛṣṇa, la Suprema Personalidad de Dios, se encuentra allí como su hijo.
Y este es uno de los misterios más dulces del bhakti.
El amor puede hacer que Dios se vuelva nuestro hijo
Śrīla Prabhupāda utiliza entonces a Nanda Mahārāja para explicar algo muy profundo acerca de la relación entre el Señor y Su devoto. Una persona que sigue un camino de conocimiento puede aspirar a comprender que es espiritual y que existe una relación eterna con la Verdad Absoluta. Pero el servicio devocional permite entrar en relaciones amorosas con Kṛṣṇa que son mucho más íntimas.
Nanda Mahārāja no deseaba convertirse en uno con Dios.
No deseaba perder su identidad.
No quería dejar de existir como persona.
Su deseo era amar a Kṛṣṇa como su hijo.
Y, según explica Śrīla Prabhupāda, esa relación es tan extraordinaria que Nanda Mahārāja puede ser considerado incluso superior en ese sentido, porque el Señor Supremo acepta voluntariamente convertirse en su hijo.
Aquí aparece una de las enseñanzas más bellas de la conciencia de Kṛṣṇa.
El objetivo del bhakti no es simplemente comprender que Dios existe.
Tampoco consiste únicamente en alcanzar una posición elevada o liberarse del sufrimiento.
El bhakti busca despertar una relación de amor con Kṛṣṇa.
Y ese amor puede ser tan profundo que el Supremo, que es adorado por todos, acepta dejarse amar por Su devoto de una manera íntima y personal.
El Señor que no nace
Śrīla Prabhupāda conecta entonces esta comprensión con una enseñanza del Bhagavad-gītā. Kṛṣṇa declara que, aunque es no nacido, aunque Su cuerpo trascendental nunca se deteriora y aunque es el Señor de todas las entidades vivientes, aparece en el mundo mediante Su propia potencia trascendental.
Esta afirmación nos ayuda a comprender la diferencia entre el nacimiento de una entidad viviente y la aparición de Kṛṣṇa.
Nosotros nacemos porque estamos sujetos a las leyes de la naturaleza material.
Kṛṣṇa aparece por Su propia voluntad.
Nosotros entramos en un cuerpo que recibimos de acuerdo con nuestro karma.
Kṛṣṇa acepta un cuerpo trascendental para manifestar Sus pasatiempos amorosos.
Y, sin embargo, el misterio no termina allí.
El Señor Supremo, que no necesita nada de nadie, acepta convertirse en el hijo de Nanda Mahārāja.
El Ser que sostiene todos los universos permite que una madre lo sostenga entre sus brazos.
El Señor a quien grandes sabios ofrecen reverencias permite que Yaśodā lo regañe.
El Supremo, que es independiente de todo, acepta depender aparentemente de Sus devotos por amor.
Eso es Vraja.
La grandeza de ser un devoto
Quizás esta sea la parte más conmovedora de la enseñanza de Śrīla Prabhupāda.
En el mundo material solemos pensar que ser poderoso significa necesitar cada vez menos de los demás. Buscamos independencia, control y reconocimiento. Queremos demostrar que somos capaces de sostener nuestra propia vida sin depender de nadie.
Pero el bhakti nos presenta otra clase de grandeza.
Nanda Mahārāja es grande porque Kṛṣṇa acepta depender de él.
Yaśodā es grande porque puede alimentar a Kṛṣṇa.
Las gopīs son grandes porque pueden ofrecerle a Kṛṣṇa su amor.
Los habitantes de Vraja son grandes porque no están interesados en disfrutar de la posición de Kṛṣṇa, sino en hacerlo feliz.
Esta es una diferencia fundamental entre el deseo de disfrutar del mundo y el deseo de servir.
Mientras el corazón material pregunta: "¿Qué puedo obtener?", el corazón devocional comienza a preguntar: "¿Cómo puedo servir? ¿Cómo puedo hacer feliz a Kṛṣṇa?"
Y cuando ese deseo se vuelve sincero, la relación con el Señor comienza a transformarse.
Nandotsava y nuestro propio corazón
Quizás por eso Nandotsava puede hablarnos también de nuestra propia vida.
Todos tenemos un altar, aunque sea pequeño.
Todos podemos ofrecer algo.
Todos podemos cantar.
Todos podemos compartir prasādam.
Todos podemos servir a los Vaiṣṇavas.
Pero existe una pregunta más profunda: ¿hemos permitido que Kṛṣṇa se convierta realmente en el centro de nuestra vida?
Nanda Mahārāja no celebró simplemente una ceremonia religiosa.
Celebró porque Kṛṣṇa estaba allí.
Su alegría tenía un centro.
Su generosidad tenía un centro.
Su hogar tenía un centro.
Toda Vraja parecía girar alrededor de aquel pequeño niño.
Quizás nuestro verdadero Nandotsava comienza cuando Kṛṣṇa deja de ser solamente una idea espiritual y empieza a convertirse nuevamente en el centro de nuestras decisiones, nuestros pensamientos, nuestro servicio y nuestras relaciones.
Una coincidencia llena de significado
Hay además una hermosa conexión entre esta enseñanza y la vida de Śrīla Prabhupāda.
El día en que Nanda Mahārāja celebró el nacimiento de Kṛṣṇa se convirtió también en el día de aparición de Śrīla Prabhupāda. En su conferencia de 1968, él mismo señaló esta coincidencia y explicó que su Vyāsa-pūjā se celebraba precisamente en Nandotsava.
No parece casual que aquel maestro espiritual que dedicaría su vida a llevar el mensaje de Kṛṣṇa a tantas personas del mundo occidental hubiera aparecido en un día asociado con la alegría de Nanda Mahārāja.
Nandotsava celebra que Kṛṣṇa llegó a Vraja.
La misión de Śrīla Prabhupāda consistió, en muchos sentidos, en llevar el mensaje de Kṛṣṇa a nuevos lugares para que más corazones pudieran recibirlo.
Por eso podemos contemplar ambas celebraciones juntas: la aparición del Señor y la aparición de Su representante que vino a entregarnos nuevamente Sus enseñanzas.
La verdadera celebración
Al final de aquella conferencia, Śrīla Prabhupāda recuerda nuevamente que Nanda Mahārāja había celebrado el nacimiento de Kṛṣṇa y que, por ese motivo, los devotos podían disfrutar de prasādam.
Es un cierre sencillo, pero profundamente significativo.
Después de hablar de filosofía elevada, de Vyāsa, del servicio devocional y de la naturaleza trascendental de Kṛṣṇa, todo termina alrededor del prasādam.
Porque el conocimiento espiritual no está destinado a permanecer solamente en nuestra mente.
Debe convertirse en servicio.
Debe convertirse en ofrenda.
Debe convertirse en alimento ofrecido a Kṛṣṇa y compartido con los demás.
Debe convertirse en una mesa donde los devotos puedan sentarse juntos.
Debe convertirse en alegría compartida.
Eso también es Nandotsava.
Que Kṛṣṇa pueda jugar en nuestro corazón
Cuando recordemos esta celebración, quizás podamos llevar con nosotros aquella imagen que Śrīla Prabhupāda quiso mostrarnos: mientras muchos buscan comprender la Verdad Absoluta mediante grandes procesos de conocimiento, existe un lugar donde esa misma Verdad Suprema está jugando como un pequeño niño.
Kṛṣṇa está en el patio de Nanda Mahārāja.
Y Nanda Mahārāja no intenta demostrar que Él es Dios.
Simplemente lo ama.
Tal vez esa sea una de las invitaciones más profundas de Nandotsava para nosotros: no quedarnos únicamente en el deseo de conocer a Kṛṣṇa, sino aprender a amarle y servirle.
Que nuestro corazón pueda convertirse en un pequeño Gokula.
Que nuestras palabras puedan convertirse en kīrtana.
Que nuestras manos puedan convertirse en instrumentos de servicio.
Que nuestros alimentos puedan convertirse en prasādam.
Que nuestras casas puedan convertirse en lugares donde se escuchen las glorias de Kṛṣṇa.
Y que, algún día, podamos comprender aunque sea una pequeña parte del misterio que Śrīla Prabhupāda quiso compartir aquella tarde en Montreal:
La Suprema Personalidad de Dios es tan grande que sostiene todos los universos, pero Su amor es tan dulce que puede aceptar convertirse en el hijo de Su devoto.
Ese es el misterio de Nandotsava.
Ese es el misterio del bhakti.
Y esa es la dulzura de Vraja.
Śrī Nanda Mahārāja ki jaya.
Śrī Yaśodā Mā ki jaya.
Śrī Kṛṣṇa Nandotsava ki jaya.
Śrīla Prabhupāda ki jaya.
Śrī Guru-paramparā ki jaya.






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