Sri Krisna Rasayatra

"“Cuando el alma escucha la flauta de Kṛṣṇa, deja atrás todo lo efímero. En el círculo del Rāsa no hay principio ni fin — solo amor, eternamente danzando con el Amado Supremo.”."

Que es el caturmasya para los Vaisnavas

El objetivo no es la austeridad por la austeridad, sino la purificación para servir a Krishna con amor puro.

Ganga Puja

"Om Devī Gange! Haripriye! Pāpa-hārini! Mokṣadāyini!

Radha Kunda

El verdadero baño en Rādhā-kuṇḍa no es solo físico, sino interno: es el baño en el deseo de servir a Śrīmatī Rādhārāṇī.

Danza Rasa

“Cuando el alma se une con Kṛṣṇa en el servicio amoroso, no hay diferencia entre el cielo y la tierra, entre la luna y el corazón.”

Pasatiempo Annada Ekadasi

 El pasatiempo de Mahārāja Hariścandra

Cuando un rey lo perdió todo, pero no perdió la verdad

En tiempos antiguos vivió un rey cuya fama había trascendido las fronteras de su reino. Su nombre era Mahārāja Hariścandra y era conocido por su valentía, su rectitud y, sobre todo, por su absoluta fidelidad a la verdad. Era un gran soberano, rodeado de riquezas, servidores y honores, pero la cualidad que realmente distinguía su carácter era que jamás estaba dispuesto a abandonar la verdad, incluso cuando hacerlo podía haberle permitido escapar de una situación dolorosa. Su esposa se llamaba Chandramatī y tenía un hijo llamado Lohitāśva. La familia real vivía rodeada de las comodidades propias de su posición, sin imaginar que muy pronto todo aquello desaparecería.

Cuando la fortuna comenzó a desaparecer

Por la fuerza del destino y como resultado de reacciones anteriores, Hariścandra perdió su reino. Aquello que durante tantos años había considerado parte de su vida comenzó a desaparecer delante de sus ojos. Ya no tenía palacio, ejército ni riquezas. Pero la prueba todavía no había terminado. En medio de aquella situación llegó un momento en que tuvo que vender a su propia esposa y a su hijo, y finalmente terminó vendiéndose él mismo para poder cumplir con aquello que debía.

El gran rey, que alguna vez había gobernado un vasto territorio, terminó convertido en sirviente de un caṇḍāla, quien le encargó vigilar un crematorio. Su tarea consistía en cobrar las tarifas correspondientes a quienes acudían a realizar los últimos ritos para sus familiares fallecidos y recoger las ropas de los muertos. Era una labor que contrastaba de manera estremecedora con la vida que había conocido anteriormente. El hombre que había sido servido por muchos ahora servía en un lugar donde cada día contemplaba la separación, la muerte y el dolor humano.

Sin embargo, había algo que no había cambiado.

Hariścandra seguía siendo Hariścandra.

Aunque había perdido su reino, no había perdido su carácter. Aunque vestía como un sirviente, conservaba la dignidad interior de un hombre que había decidido permanecer fiel a la verdad. Aunque la vida lo había llevado a una situación que parecía completamente indigna para un rey, no abandonó sus principios.

El relato compara esta firmeza con el soma-rasa, cuya capacidad de otorgar inmortalidad no desaparece aunque se mezcle con otros líquidos. De la misma manera, la nobleza y la verdad de Hariścandra no desaparecieron porque las circunstancias exteriores hubieran cambiado.

Un rey sumergido en el dolor

Pasaron los años.

Hariścandra continuaba realizando aquella labor en el crematorio mientras llevaba en su corazón el peso de todo lo que había perdido. Ya no tenía el poder de antes, ni la compañía de su esposa, ni la alegría de su hijo. Su vida se había convertido en una larga prueba de paciencia y sufrimiento.

Un día, mientras se encontraba completamente abrumado, comenzó a preguntarse qué podía hacer.

¿Qué camino debía tomar?

¿A dónde podía ir?

¿Cómo podía liberarse de aquella situación?

Su mente estaba sumergida en una profunda ansiedad y su corazón parecía no encontrar ninguna salida. Había llegado a un punto en el que las soluciones materiales ya no podían ayudarlo. Había perdido aquello que un rey utilizaría normalmente para resolver sus problemas: riqueza, poder, influencia y posición.

Y precisamente cuando parecía que no quedaba ningún camino, apareció una persona que cambiaría el curso de su historia.

La llegada de Gautama Muni

Un día, un gran sabio pasó por aquel lugar. Era Gautama Muni.

Cuando Hariścandra vio al sabio, algo se despertó dentro de él. A pesar de encontrarse en una situación tan dolorosa, reconoció inmediatamente la presencia de una persona santa y se acercó con respeto. Ofreció sus reverencias y, con las manos juntas, comenzó a contarle todo lo que había sucedido.

Le habló de su antiguo reino.

Le habló de su familia.

Le habló de las pérdidas que había sufrido.

Le habló de su servicio en el crematorio.

Y finalmente le habló de la angustia que había llegado a dominar su corazón.

Gautama Muni escuchó atentamente.

El gran sabio se sorprendió profundamente al contemplar cómo aquel poderoso rey había terminado en una situación tan dolorosa. Pero su sorpresa se convirtió rápidamente en compasión. Gautama Muni comprendió que Hariścandra necesitaba algo más que una solución material. Necesitaba una oportunidad para purificarse y recuperar su conexión con la misericordia del Señor.

Entonces el sabio le habló de un día que estaba a punto de llegar.

El regalo de Gautama Muni

Gautama Muni le explicó que durante la quincena oscura del mes de Bhādrapada se encontraba un Ekādaśī extraordinariamente auspicioso llamado Ajā Ekādaśī, conocido también como Annada Ekādaśī. Le dijo que aquel día tenía un poder especial para destruir las reacciones pecaminosas y liberar al ser humano del sufrimiento producido por sus acciones anteriores.

El sabio le explicó que el Ekādaśī llegaría en apenas siete días y le dio una instrucción sencilla pero profunda: debía observar el ayuno con sinceridad y permanecer despierto durante la noche, dedicando su conciencia al Señor. Gautama Muni le aseguró que, por la misericordia de este Ekādaśī, las reacciones que habían causado su sufrimiento llegarían a su fin. También le dijo algo que debió resultar especialmente significativo para Hariścandra: que su encuentro no era accidental y que había llegado hasta él debido a sus propias actividades piadosas. Después de transmitirle estas instrucciones, Gautama Muni desapareció de su vista.

Hariścandra había pasado años buscando una salida sin encontrarla.

Ahora tenía una oportunidad.

No sabía todavía cómo se manifestaría la misericordia del Señor, pero decidió confiar en la instrucción del sabio.

El día de Ajā Ekādaśī

Finalmente llegó el día esperado.

Hariścandra observó el voto de Ajā Ekādaśī siguiendo las instrucciones que había recibido de Gautama Muni. Ayunó y permaneció despierto durante la noche. En lugar de dejarse consumir por la ansiedad que durante tantos años había dominado su corazón, puso su atención en el Señor y se refugió en aquella práctica espiritual que el sabio le había entregado.

Y entonces ocurrió algo extraordinario.

El relato afirma que, por la influencia de Ajā Ekādaśī, las reacciones de sus acciones anteriores fueron destruidas. Aquello que había parecido una cadena interminable de sufrimientos comenzó a desaparecer. La misericordia del Señor se manifestó de una manera que Hariścandra jamás habría podido imaginar.

Pero todavía faltaba la parte más conmovedora del pasatiempo.

El encuentro con su familia

La situación de Hariścandra comenzó a transformarse de una manera completamente inesperada. Su esposa y su hijo, de quienes había estado separado durante tanto tiempo, volvieron a encontrarse con él. El relato nos dice que su hijo, que había muerto, fue restaurado a la vida.

El dolor de tantos años comenzó a transformarse en alegría.

La separación comenzó a convertirse en encuentro.

La desesperanza comenzó a convertirse en esperanza.

Y desde los cielos comenzaron a escucharse sonidos auspiciosos. Los devas hicieron sonar sus instrumentos celestiales y flores comenzaron a caer sobre Hariścandra, su esposa y su hijo.

El mismo hombre que había pasado tantos años rodeado de muerte ahora contemplaba nuevamente la vida de su hijo.

El mismo hombre que había sido separado de su esposa volvía a tenerla a su lado.

Y el mismo rey que había perdido su reino recibió nuevamente su posición.

El reino restaurado

La misericordia de Ajā Ekādaśī no terminó con la recuperación de su familia. Hariścandra recuperó también su reino y pudo volver a gobernar sin los obstáculos que anteriormente habían provocado su caída.

Pero podemos imaginar que el rey que regresó al trono ya no era exactamente el mismo hombre que había salido de él.

Había conocido la riqueza y la pobreza.

Había conocido el honor y la humillación.

Había conocido la compañía de su familia y la separación.

Había experimentado el poder y la absoluta impotencia.

Y, sobre todo, había descubierto que cuando todo aquello sobre lo cual había construido su seguridad desapareció, todavía podía refugiarse en la verdad y en el Señor.

Quizás por eso la historia de Hariścandra no es simplemente la historia de un rey que recuperó su reino.

Es la historia de un hombre que descubrió una riqueza que no podía perderse con la fortuna material.

La verdadera prueba

Cuando escuchamos este pasatiempo podemos sentirnos atraídos naturalmente por el final. Nos conmueve que Hariścandra recupere a su esposa, que su hijo vuelva a la vida y que su reino le sea devuelto. Pero existe algo todavía más profundo en la historia.

Hariścandra no sabía cómo iba a terminar su prueba.

Cuando estaba trabajando en el crematorio no sabía que algún día volvería a ser rey.

Cuando estaba separado de su familia no sabía que volvería a abrazarlos.

Cuando se encontraba sumergido en la angustia no sabía que Gautama Muni aparecería en su camino.

Su única certeza era que debía continuar siendo fiel a la verdad.

Y ahí encontramos una enseñanza que puede acompañarnos durante toda nuestra vida espiritual.

A veces nosotros también queremos conocer el final antes de continuar caminando.

Queremos saber cuándo terminará una dificultad.

Queremos saber cuándo llegará la respuesta a nuestras oraciones.

Queremos saber cuándo una situación cambiará.

Pero el bhakti nos enseña muchas veces a caminar incluso cuando todavía no podemos ver el camino completo.

Hariścandra no conocía el final.

Pero continuó.

La misericordia llega de una manera inesperada

Hay otro detalle hermoso en este pasatiempo. Hariścandra no encontró la solución mientras estaba sentado en su antiguo palacio. La encontró cuando se encontraba en la situación más humilde y dolorosa de su vida.

Gautama Muni llegó hasta él.

Y le entregó algo que no podía comprarse con ninguna riqueza.

Le entregó conocimiento.

Le entregó una práctica espiritual.

Le entregó esperanza.

Le habló de Ajā Ekādaśī.

Esto nos recuerda que la misericordia puede aparecer en momentos que nosotros mismos consideraríamos completamente desfavorables. A veces pensamos que una situación difícil significa que hemos sido abandonados por el Señor, cuando puede estar ocurriendo exactamente lo contrario: quizá esa situación esté preparando el corazón para recibir una enseñanza que de otra manera no escucharíamos.

El relato no nos invita a buscar el sufrimiento. Nos invita a no desperdiciar espiritualmente aquello que la vida nos presenta.

Lo que Annada Ekādaśī puede enseñarnos

La historia de Hariścandra puede acompañar nuestra observancia de Annada Ekādaśī de una manera muy especial. No solamente estamos dejando de consumir ciertos alimentos. Estamos intentando retirar nuestra atención de aquello que normalmente ocupa nuestros sentidos para dirigirla nuevamente hacia Hari.

Hariścandra perdió muchas cosas, pero no permitió que la adversidad destruyera su integridad. Cuando llegó el momento de observar Ekādaśī, no lo hizo simplemente como una formalidad. Recibió la instrucción de Gautama Muni con fe y la llevó a la práctica.

Por eso, cuando llegue Annada Ekādaśī, podemos recordar al rey en aquel crematorio, cansado y lleno de tristeza, pero todavía dispuesto a escuchar. Podemos recordar al sabio que apareció cuando parecía no existir ninguna salida y podemos recordar que la misericordia de Kṛṣṇa puede manifestarse cuando menos la esperamos.

Quizás nuestro propio Ekādaśī pueda convertirse entonces en una oración sencilla:

"Mi querido Kṛṣṇa, así como Hariścandra permaneció firme cuando perdió todo, ayúdame a permanecer firme en el servicio cuando las circunstancias no sean como deseo. Ayúdame a no perderte mientras intento recuperar tantas otras cosas."

Cuando la verdad se convierte en refugio

Al final de la historia, Hariścandra recuperó su reino, su esposa y su hijo. Los devas celebraron su liberación y el relato concluye diciendo que, cuando finalmente dejó este mundo, sus familiares y súbditos lo acompañaron al mundo espiritual. Las glorias de Ajā Ekādaśī son presentadas como tan poderosas que escuchar o estudiar este pasatiempo se considera también una práctica de gran mérito espiritual.

Pero quizás podamos guardar en nuestro corazón una imagen diferente de Hariścandra.

No solamente la imagen del rey que volvió al trono.

Sino la del hombre que permaneció de pie cuando ya no tenía trono.

La del esposo que continuó siendo fiel cuando estaba separado de su esposa.

La del padre que soportó la pérdida de su hijo.

La del servidor que, aunque había sido rey, aceptó realizar una labor humilde sin abandonar sus principios.

Y finalmente la del devoto que recibió una instrucción de un sabio y tuvo la fe suficiente para seguirla.

Esa es la imagen que podemos llevar con nosotros cuando celebremos Annada Ekādaśī.

Porque en ocasiones la vida nos hace creer que hemos perdido demasiado. Perdemos proyectos, seguridad, relaciones, reconocimiento o aquello que pensábamos que permanecería para siempre. Entonces podemos recordar a Hariścandra y preguntarnos qué es aquello que realmente no estamos dispuestos a perder.

Que podamos perder muchas cosas antes que nuestra conexión con Kṛṣṇa.

Que podamos perder comodidad antes que nuestra sinceridad.

Que podamos perder reconocimiento antes que nuestro servicio.

Que podamos atravesar momentos de incertidumbre sin abandonar la fe.

Porque quizás la verdadera victoria de Hariścandra no fue recuperar su reino.

Fue no haber perdido su corazón.

Y cuando finalmente apareció la misericordia, todo aquello que parecía perdido pudo ser restaurado.

La enseñanza de Ajā Ekādaśī

La historia concluye recordándonos que Ajā Ekādaśī, también llamada Annada Ekādaśī, es presentada como un día de profunda purificación y refugio en el Señor. El relato tradicional afirma que quien observa este Ekādaśī con fe queda liberado de las reacciones de sus actos y que escuchar o estudiar sus glorias posee un gran beneficio espiritual.

Pero para nosotros, quizás el regalo más hermoso de este pasatiempo sea la oportunidad de comprender que un día sagrado no es solamente una fecha en el calendario.

Es una puerta.

Una oportunidad para detenernos.

Para recordar.

Para cantar.

Para escuchar.

Para ofrecer.

Para volver a confiar.

Y mientras observamos Annada Ekādaśī podemos recordar a aquel rey que lo perdió todo y que, aun en medio de la oscuridad, permaneció fiel.

Hariścandra no sabía cuándo terminaría su prueba.

Pero Kṛṣṇa sí lo sabía.

Y quizás eso sea suficiente para nosotros también.

Mahārāja Hariścandra ki jaya.

Gautama Muni ki jaya.

Ajā Ekādaśī ki jaya.

Annada Ekādaśī ki jaya.

Śrī Hṛṣīkeśa Bhagavān ki jaya.

Śrīla Prabhupāda ki jaya.

Śrī Guru-paramparā ki jaya.


Fuente del pasatiempo

La fuente principal de esta narración es la sección sobre Bhādrapada-kṛṣṇa Ekādaśī, Ajā o Annada Ekādaśī, del Brahma-vaivarta Purāṇa, donde Śrī Kṛṣṇa narra a Mahārāja Yudhiṣṭhira la historia de Hariścandra y la instrucción que recibió de Gautama Muni.

Annada Ekadasi

Cuando la verdad permanece incluso en medio de la pérdida

Annada Ekādaśī, conocida también como Ajā Ekādaśī, aparece durante la quincena oscura del mes de Bhādrapada. Es una jornada especialmente relacionada con la purificación, la liberación de las reacciones kármicas y, de una manera muy profunda, con la capacidad de mantener la verdad y la fe cuando las circunstancias exteriores parecen arrebatarnos absolutamente todo.

Su historia está vinculada con Mahārāja Hariścandra, un rey famoso por su absoluta fidelidad a la verdad. Su vida llegó a una situación tan dolorosa que perdió su reino, sus riquezas, su posición y finalmente tuvo que separarse de su esposa y de su hijo. Sin embargo, aun cuando la fortuna parecía haberlo abandonado por completo, Hariścandra no abandonó aquello que consideraba su deber. La narración del Ekādaśī muestra entonces cómo, cuando todas las soluciones materiales parecen agotarse, puede aparecer una puerta espiritual inesperada.

La tradición presenta a Ajā Ekādaśī como un día especialmente poderoso para la purificación. El Señor Kṛṣṇa explica a Mahārāja Yudhiṣṭhira que quien observa este Ekādaśī y adora a Hṛṣīkeśa, el Señor que gobierna los sentidos, queda liberado de las reacciones de sus acciones pecaminosas. Incluso escuchar con fe las glorias de este día es descrito como espiritualmente beneficioso.

¿Qué significa Annada y qué significa Ajā?

Los nombres de este Ekādaśī nos permiten contemplarlo desde diferentes perspectivas. En muchas tradiciones se conoce como Ajā Ekādaśī y también como Annada Ekādaśī. El nombre Ajā puede relacionarse con aquello que no nace, una cualidad asociada con la naturaleza eterna del Señor, mientras que Annada se interpreta como "la que da alimento" o "la que nutre". Estas asociaciones pueden llevarnos a una reflexión muy hermosa: cuando el ser humano pierde aquello sobre lo cual había construido su seguridad, el verdadero alimento que necesita no siempre es material. También necesita recuperar la esperanza, la verdad, la fe y la conexión con el Señor.

¿Por qué observar Annada Ekādaśī?

La esencia del Ekādaśī no consiste únicamente en dejar de comer determinados alimentos. El ayuno es un medio para dirigir nuevamente nuestros sentidos hacia Kṛṣṇa. Śrī Caitanya Mahāprabhu mismo enseñó desde Su infancia la importancia de no consumir granos durante Ekādaśī, y Śrīla Prabhupāda explicó que la observancia vaisnava implica abstenerse de granos y legumbres durante este día.

Por eso podemos recibir Annada Ekādaśī como una oportunidad para simplificar nuestra vida durante un día y hacer espacio para aquello que normalmente queda desplazado por nuestras ocupaciones. Cantar más, escuchar Hari-kathā, leer el Bhagavad-gītā o el Śrīmad-Bhāgavatam, recordar los nombres del Señor, servir a los Vaiṣṇavas, ofrecer flores y alimentos permitidos, visitar el templo y compartir prasādam al día siguiente son formas de convertir el ayuno en una práctica de conciencia.

No se trata solamente de preguntarnos cuánto podemos dejar de comer, sino cuánto podemos acercarnos a Kṛṣṇa.

La enseñanza de Hariścandra

Quizás la enseñanza más profunda de este Ekādaśī se encuentra precisamente en la situación extrema de su protagonista. Hariścandra era un rey poderoso y, sin embargo, terminó trabajando en un crematorio. Había conocido el honor y terminó rodeado de muerte. Había tenido riqueza y terminó en la pobreza. Había tenido una familia y terminó separado de ella.

Pero hubo algo que no perdió: su determinación de permanecer fiel a la verdad.

Su historia nos recuerda que las circunstancias externas pueden cambiar de manera inesperada. Podemos perder posiciones, proyectos, relaciones, bienes o seguridades que considerábamos permanentes. Sin embargo, existe una riqueza interior que solamente puede perderse cuando nosotros mismos decidimos abandonarla.

Para un practicante de bhakti, esta historia puede convertirse en una pregunta personal: cuando las cosas no salen como esperaba, ¿mi fe depende de que todo esté bien?

Hariścandra nos enseña a mirar más profundamente.

La verdadera prueba de nuestra fe no siempre aparece cuando todo está funcionando. A veces aparece cuando no entendemos por qué estamos atravesando una determinada situación y aun así decidimos continuar sirviendo al Señor.

¿Cómo podemos observarlo?

En la práctica vaisnava, lo esencial es abstenerse de granos y legumbres durante Ekādaśī y dedicar el día a la conciencia de Kṛṣṇa. La observancia puede adoptar distintos niveles según la capacidad y las circunstancias de cada persona. Algunas personas realizan ayuno completo, mientras otras observan un ayuno con alimentos permitidos. Lo importante es que el esfuerzo esté acompañado de servicio, canto y recuerdo del Señor, y no se convierta únicamente en una prueba física.

En este Annada Ekādaśī podemos proponernos algo sencillo: cantar más rondas o cantar con mayor atención, escuchar una conferencia de Śrīla Prabhupāda, leer sobre Hariścandra, visitar el altar, ofrecer una lámpara o flores, hacer servicio para los Vaiṣṇavas y reservar un espacio del día para estar lejos del ruido cotidiano.

Y hay algo especialmente bello que podemos hacer inspirados por el nombre Annada: compartir alimento. Aunque el día de Ekādaśī se observan las restricciones propias del vrata, al llegar Dvādaśī podemos convertir el alimento en una expresión de servicio y misericordia ofreciendo y compartiendo prasādam.

Una invitación interior

Annada Ekādaśī puede convertirse entonces en una jornada para preguntarnos qué cosas estamos intentando sostener con nuestras propias fuerzas y cuáles necesitamos entregar nuevamente a Kṛṣṇa.

Hariścandra perdió un reino, pero no perdió su integridad.

Perdió riquezas, pero no perdió su fe.

Perdió su posición, pero no abandonó la verdad.

Y cuando finalmente llegó la misericordia del Señor, aquello que parecía completamente perdido pudo ser restaurado.

La enseñanza no necesariamente significa que todo aquello que perdemos en esta vida regresará de la misma manera. La enseñanza más profunda es que cuando nos refugiamos sinceramente en el Señor, incluso nuestras mayores dificultades pueden convertirse en caminos de purificación y crecimiento espiritual.

Por eso Annada Ekādaśī no solamente nos invita a ayunar.

Nos invita a recordar.

A limpiar.

A simplificar.

A confiar.

Y, sobre todo, a volver a poner a Kṛṣṇa en el centro de nuestra vida.

Annada Ekādaśī ki jaya.

Ajā Ekādaśī ki jaya.

Mahārāja Hariścandra ki jaya.

Śrī Hṛṣīkeśa Bhagavān ki jaya.

Śrīla Prabhupāda ki jaya.

Śrī Guru-paramparā ki jaya.

Fuente principal: Brahma-vaivarta Purāṇa, narración de las glorias de Bhādrapada-kṛṣṇa Ekādaśī, Ajā o Annada Ekādaśī. 


La aparición de Srila Prabhupada

Cuando Nandotsava recibió un pequeño devoto de Kṛṣṇa

La noche anterior, Calcuta había estado celebrando Janmāṣṭamī. Los devotos habían ayunado, cantado los Santos Nombres y escuchado los pasatiempos de Śrī Kṛṣṇa hasta la medianoche. En los templos había celebración y las calles estaban llenas de personas que se dirigían a ofrecer reverencias al Señor en Su día de aparición. Pero mientras la ciudad celebraba el nacimiento de Kṛṣṇa, algo más estaba por suceder. Al día siguiente, 1 de septiembre de 1896, en un pequeño hogar de la zona de Tollygunge, en Calcuta, nació un niño. Era Nandotsava, el día en que los habitantes de Vraja celebran la alegría de Nanda Mahārāja después de la aparición de Kṛṣṇa. Por esta razón, uno de sus tíos le dio el nombre de Nandulāl, recordando precisamente aquella celebración. Sus padres, Gour Mohan De y Rajani, lo llamaron Abhay Charan, un nombre que expresa la idea de aquel que es intrépido porque ha tomado refugio en los pies de loto del Señor Kṛṣṇa. Śrīla Prabhupāda-līlāmṛta, Volumen 1

La escena de su nacimiento tiene una sencillez que resulta conmovedora. Su madre había acudido, siguiendo la tradición bengalí, a la casa de sus padres para dar a luz. Allí, cerca del Ādi Gaṅgā, en una humilde casa de dos habitaciones con paredes de barro y techo de tejas, bajo un árbol de jaca, nació aquel niño que años después sería conocido en todo el mundo como Su Divina Gracia A. C. Bhaktivedanta Swami Prabhupāda. No había allí un gran palacio, ni multitudes, ni señales externas de que aquel pequeño niño llegaría algún día a atravesar el océano y a llevar el Santo Nombre de Kṛṣṇa a personas de lugares donde prácticamente nadie había escuchado hablar de la conciencia de Kṛṣṇa. Pero había algo que sí estaba presente desde el comienzo: había devoción.

Un padre que quería un devoto

Gour Mohan De era un devoto de Kṛṣṇa y, según los recuerdos que Śrīla Prabhupāda compartió muchos años después, su padre no soñaba con que su hijo se convirtiera simplemente en un hombre rico o exitoso. Quería que fuera un Vaiṣṇava, que aprendiera a cantar, que tocara la mṛdaṅga y que adorara a Rādhā y Kṛṣṇa. Tenía además un deseo particularmente hermoso: cuando algún santo o persona espiritual visitaba su casa, Gour Mohan pedía bendiciones para que su hijo se convirtiera en un servidor de Śrīmatī Rādhārāṇī. No pedía riqueza ni posición para él. Su deseo era que aquel niño pudiera convertirse en un devoto del Señor. Conversación de Śrīla Prabhupāda sobre su padre y su infancia

Quizás aquí comienza realmente el pasatiempo de la aparición de Śrīla Prabhupāda, porque una aparición espiritual no comienza necesariamente el día en que alguien toma sannyāsa, se convierte en maestro o comienza una gran misión. A veces comienza mucho antes, en una casa, con un padre que enseña a su hijo a ofrecer alimento a Kṛṣṇa, con una pequeña Deidad, con una canción, con una mṛdaṅga y con una familia que permite que el niño crezca rodeado de servicio.

La predicción

Como era costumbre en una familia bengalí, después del nacimiento se consultó a un astrólogo para elaborar el horóscopo del niño. La familia recibió con alegría la lectura que hizo el astrólogo. Según la biografía de Śrīla Prabhupāda, realizó una predicción extraordinaria: cuando aquel niño llegara aproximadamente a los setenta años, cruzaría el océano, se convertiría en un gran exponente de la religión y establecería 108 templos. Para una familia que acababa de recibir un pequeño niño, aquella predicción debía parecer extraordinaria, pero nadie podía imaginar todavía lo que significaría realmente. Pasaron los años, el niño creció, la vida siguió su curso y aquella predicción permaneció como una semilla escondida.

El pequeño Abhay y Rādhā-Govinda

Una de las partes más hermosas de los recuerdos de Śrīla Prabhupāda es que él mismo hablaba de su infancia con gran afecto. Cuando tenía apenas tres o cuatro años, visitaba diariamente el templo de Rādhā-Govinda que se encontraba cerca de su hogar. Aquella experiencia dejó una profunda impresión en él y más adelante pidió a su padre que le diera una Deidad de Rādhā-Govinda para adorar en casa. Su padre se la dio y el pequeño Abhay comenzó a realizar su propio servicio. No era un gran templo ni había elaborados arreglos, pero para un niño aquello era suficiente. Él decoraba a las Deidades, les ofrecía lo que comía y trataba de imitar las ceremonias que veía realizar a los devotos. Muchos años después recordaría que aquella Deidad todavía existía y que había permanecido en su familia. Conversación de Śrīla Prabhupāda en Calcuta, 1976

Quizás podemos imaginar al pequeño Abhay sentado en algún rincón de su casa, ocupado en su pequeño servicio, sin saber que aquel mismo gesto infantil de ofrecer alimento y adorar a Rādhā-Kṛṣṇa se convertiría algún día en una de las actividades centrales de miles de templos alrededor del mundo. Él mismo explicó años después que lo que había comenzado en su infancia como adoración de Rādhā-Kṛṣṇa y celebración de Ratha-yātrā estaba ocurriendo nuevamente en una escala mucho mayor, en ciudades de todo el mundo.

El pequeño Ratha-yātrā

Y entonces apareció otra semilla: Jagannātha. El padre de Abhay le proporcionó un pequeño carro para celebrar Ratha-yātrā. El niño organizaba una procesión con sus amigos del vecindario y su padre contrataba incluso un grupo de kīrtana para acompañarla. Todo era pequeño: el carro, los niños y la procesión, pero la alegría era grande. Śrīla Prabhupāda recordaba que los amigos de su padre bromeaban con él porque realizaba Ratha-yātrā en su casa y no los invitaba. Su padre respondía que aquello era simplemente un juego de niños, pero los amigos protestaban en tono jocoso. Y el pequeño Abhay continuaba con su festival. Había kīrtana, había procesión, había Jagannātha y, durante varios días, su madre preparaba diferentes variedades de prasādam para ofrecer al Señor. Conversación de Śrīla Prabhupāda sobre su infancia y Ratha-yātrā

Años después, aquel mismo niño organizaría Ratha-yātrās en San Francisco, Londres, París, Melbourne, Filadelfia y muchas otras ciudades del mundo. La escala había cambiado, pero el servicio era esencialmente el mismo. El pequeño carro de Jagannātha se había convertido en grandes festivales en las calles de diferentes países, pero en el corazón de aquella actividad continuaba viviendo el mismo deseo de servir que había acompañado al pequeño Abhay desde su infancia.

Nada era demasiado pequeño para Kṛṣṇa

Hay algo profundamente hermoso en mirar la infancia de Śrīla Prabhupāda desde esta perspectiva. No necesitamos convertir cada detalle de una vida en una profecía ni afirmar que cada acontecimiento fue necesariamente una señal sobrenatural. Pero sí podemos observar un hilo extraordinariamente claro. Desde niño, Abhay estaba rodeado de Kṛṣṇa: Rādhā-Govinda, Jagannātha, Ratha-yātrā, kīrtana, mṛdaṅga, prasādam y las enseñanzas del Bhāgavata, junto a un padre que quería verlo convertido en un Vaiṣṇava. Aquello que parecía un juego infantil terminó convirtiéndose en servicio mundial.

Y quizás esta sea una de las enseñanzas más bellas que podemos recibir de su aparición. Nunca sabemos qué semilla espiritual estamos plantando cuando enseñamos a un niño a ofrecer una flor, cantar un mantra, tocar una mṛdaṅga, decorar una Deidad o participar en un festival. Lo que para nosotros puede parecer pequeño, para Kṛṣṇa puede convertirse en algo muy grande.

El encuentro que cambiaría su vida

Pero la historia todavía estaba comenzando. El pequeño Abhay creció, recibió educación, formó una familia y se dedicó a sus responsabilidades. No tomó inmediatamente la vida de renuncia ni comenzó su misión mundial. En 1922 ocurrió un encuentro que marcaría definitivamente el rumbo de su vida. Un amigo lo llevó a conocer a Śrīla Bhaktisiddhānta Sarasvatī Ṭhākura y, aunque Abhay no estaba especialmente interesado en asistir, finalmente fue. Aquel encuentro cambió el curso de su vida.

Śrīla Bhaktisiddhānta Sarasvatī Ṭhākura le dio una instrucción que permanecería en su corazón durante décadas: debía predicar las enseñanzas de Śrī Caitanya Mahāprabhu en lengua inglesa. En aquel momento quizá nadie podía imaginar cuánto tiempo tomaría cumplir aquella instrucción ni hasta dónde llegaría su alcance. Pero la semilla ya había sido plantada y permanecería viva en el corazón de Abhay.

Setenta años después

Aquí la antigua predicción adquiere una dimensión extraordinaria. En 1896, un astrólogo había dicho que aquel niño cruzaría el océano cuando llegara aproximadamente a los setenta años. En 1965, a la edad de sesenta y nueve años, Abhay Charan De emprendió el viaje hacia los Estados Unidos a bordo del Jaladuta. Llegó prácticamente sin recursos materiales, sin una organización que lo respaldara y sin una comunidad de discípulos esperándolo, pero llevaba algo mucho más valioso: llevaba los libros de Śrīmad-Bhāgavatam, llevaba las instrucciones de su Guru Mahārāja, llevaba el Santo Nombre y llevaba una fe inquebrantable en Kṛṣṇa.

Un año después, en 1966, estableció en Nueva York la International Society for Krishna Consciousness y comenzó a formar una comunidad alrededor del canto de Hare Kṛṣṇa y las enseñanzas de la Bhagavad-gītā y el Śrīmad-Bhāgavatam. La predicción de la infancia había comenzado a tomar forma, pero quizás la parte más sorprendente todavía estaba por venir.

De un pequeño carro a una celebración mundial

El niño que había construido un pequeño Ratha-yātrā en las calles de Calcuta comenzó a organizar Ratha-yātrās en diferentes ciudades del mundo. El niño que había adorado una pequeña Deidad de Rādhā-Govinda ayudó a establecer templos donde miles de personas podrían acercarse diariamente a Rādhā y Kṛṣṇa. El niño cuyo padre le enseñó a tocar la mṛdaṅga llevó el kīrtana a las calles de ciudades occidentales y aquel niño que había crecido escuchando las glorias de Kṛṣṇa pasó sus últimos años traduciendo y explicando los textos vaisnavas para que personas de diferentes idiomas pudieran acercarse a ellos.

Śrīla Prabhupāda mismo reconoció esta continuidad. Al recordar su infancia, explicó que la adoración de Rādhā-Kṛṣṇa y el Ratha-yātrā que realizaba de niño eran esencialmente las mismas actividades que más tarde estaba realizando por todo el mundo, solamente que en una escala mucho mayor. Conversación de Śrīla Prabhupāda en Calcuta, 1976

Es como si el pequeño carro de Jagannātha hubiera crecido junto con él. El servicio de un niño se convirtió en el servicio de un maestro espiritual que viajó por diferentes continentes llevando consigo el Santo Nombre y las enseñanzas recibidas de su Guru Mahārāja.

La misericordia de un padre

Quizás una de las imágenes más tiernas de esta historia no sea la del anciano Swami llegando a Nueva York, sino la de Gour Mohan De observando a su pequeño hijo. Su padre le enseñó a tocar la mṛdaṅga, le dio Deidades de Rādhā-Kṛṣṇa, le permitió celebrar Ratha-yātrā, le enseñó a ofrecer alimento y oró para que se convirtiera en un Vaiṣṇava. Muchos años después, Śrīla Prabhupāda dedicaría su traducción de Kṛṣṇa, la Suprema Personalidad de Dios a su padre, recordándolo como un devoto que lo había criado desde el comienzo de su vida en conciencia de Kṛṣṇa. Conversación de Śrīla Prabhupāda sobre su padre

Esto nos permite comprender algo profundo sobre la educación espiritual. Gour Mohan no necesitó darle a su hijo una gran conferencia filosófica para transformar su vida. Le dio servicio, le dio Deidades, le dio kīrtana, le dio prasādam y, sobre todo, le dio la oportunidad de amar a Kṛṣṇa. Algunas de las semillas que plantamos en la infancia permanecen silenciosas durante muchos años, esperando el momento en que puedan comenzar a dar fruto.

El niño de Nandotsava

Por eso resulta tan hermoso que Śrīla Prabhupāda haya aparecido precisamente en Nandotsava. Nanda Mahārāja celebró porque Kṛṣṇa había aparecido en su hogar y, en 1896, al día siguiente de Janmāṣṭamī, nació en Calcuta un niño que llevaría el mensaje de Kṛṣṇa a innumerables hogares.

No debemos confundir a Śrīla Prabhupāda con Kṛṣṇa ni presentar su nacimiento como equivalente a la aparición del Señor. Su importancia está en otro lugar: en la tradición vaisnava, el maestro espiritual aparece para servir al Señor y entregar Su mensaje. Y eso fue precisamente lo que Śrīla Prabhupāda hizo. Recibió una instrucción, la guardó durante décadas y cuando llegó el momento cruzó el océano para cumplirla.

Una aparición que continúa

Hoy podemos mirar hacia atrás y contemplar aquella pequeña casa de Tollygunge: un niño, una familia vaisnava, un padre devoto, una madre, una pequeña Deidad, un pequeño Ratha, un kīrtana de niños, un festival y un niño llamado Abhay Charan. Después podemos mirar mucho más lejos: Nueva York, San Francisco, Londres, París, Melbourne, Vṛndāvana, Māyāpur, templos, libros, kīrtanas, Ratha-yātrās y devotos de diferentes países cantando juntos el mismo Santo Nombre.

Entre ambos momentos existe una vida entera de servicio. Y quizás ahí se encuentra el verdadero significado de celebrar la aparición de Śrīla Prabhupāda. No se trata solamente de recordar el nacimiento de un gran maestro. Se trata de recordar qué puede suceder cuando una persona recibe una instrucción espiritual y decide dedicar toda su vida a cumplirla.

Śrīla Prabhupāda apareció en Nandotsava. Creció escuchando el Santo Nombre, aprendió a servir a Rādhā-Kṛṣṇa, jugó con Jagannātha, recibió la instrucción de su Guru Mahārāja, esperó, escribió, oró, cruzó el océano y comenzó a cantar. Al principio eran pocos, después fueron cientos, luego miles y finalmente personas de diferentes culturas, idiomas y países comenzaron a cantar el mismo Santo Nombre.

El pequeño festival de Calcuta se había convertido en un festival para el mundo.

Quizás por eso, cuando llega nuevamente Nandotsava, podemos recordar a aquel pequeño niño de 1896 y agradecer profundamente por el servicio que realizó. Porque en aquel día no solamente recordamos que Śrīla Prabhupāda apareció en este mundo. Recordamos que una instrucción recibida de un maestro espiritual puede convertirse, cuando es llevada con fe y determinación, en una corriente de misericordia que atraviesa fronteras, idiomas y generaciones.

Y así, Nandotsava vuelve a adquirir vida. Porque una vez más podemos celebrar que la misericordia llegó. No solamente para una familia, ni para una ciudad, ni para una generación, sino para tantas personas que, gracias a su esfuerzo, tuvieron la oportunidad de escuchar el Santo Nombre y acercarse nuevamente a Kṛṣṇa.

Que podamos honrar su aparición no solamente hablando de su vida, sino continuando aquello que él recibió de su Guru Mahārāja: cantar, estudiar, servir, compartir prasādam y llevar con humildad las enseñanzas de Śrī Caitanya Mahāprabhu y Śrī Kṛṣṇa.


Así, la historia continúa.

El niño de Nandotsava creció.

El devoto se convirtió en maestro.

El maestro cruzó el océano.

Y el Santo Nombre comenzó a viajar con él.

Śrīla Prabhupāda ki jaya.

Śrīla Prabhupāda Appearance Day ki jaya.

Śrī Nandotsava Mahotsava ki jaya.

Śrī Guru-paramparā ki jaya.

Śrī Rādhā-Govinda ki jaya.

Śrī Jagannātha Baladeva Subhadrā Mahārāṇī ki jaya.

Śrī Kṛṣṇa Caitanya Mahāprabhu ki jaya.

Fuentes para profundizar

La narración de su nacimiento y primeros años está basada principalmente en Śrīla Prabhupāda-līlāmṛta, especialmente los relatos sobre su nacimiento en Calcuta durante Nandotsava y su infancia. Para complementar estos recuerdos son especialmente valiosas las conversaciones en las que el propio Śrīla Prabhupāda habla de su padre, de la adoración de Rādhā-Govinda y de los primeros Ratha-yātrās que organizaba cuando era niño. También puede consultarse su conferencia de Vyāsa-pūjā de 1968, pronunciada en Montreal, donde él mismo relaciona su aparición con Nandotsava y recuerda el festival de Nanda Mahārāja.

Fuentes principales: Śrīla Prabhupāda-līlāmṛta, Vol. 1; conversaciones de Śrīla Prabhupāda de 1976 sobre su infancia y su padre; y la conferencia de Vyāsa-pūjā pronunciada en Montreal el 17 de agosto de 1968.

Nandotsava y el misterio del amor devocional

Śrīla Prabhupāda no se limita a explicar Nandotsava, sino que utiliza la celebración para mostrar la intimidad del amor devocional. Además, ese día de 1968 coincidía con su propio Vyāsa-pūjā, pues había aparecido en un día de Nandotsava 73 años antes. La conferencia fue pronunciada en Montreal el 17 de agosto de 1968.  

Una enseñanza de Śrīla Prabhupāda sobre Nanda Mahārāja

Hay momentos en la vida espiritual en los que una celebración aparentemente sencilla abre una puerta hacia una comprensión mucho más profunda. Nandotsava es uno de ellos. Es el día en que los habitantes de Vraja celebraron con inmensa alegría la aparición de Kṛṣṇa como hijo de Nanda Mahārāja y Yaśodā, pero detrás de aquella fiesta, de la leche, el yogur, las flores, la música y el prasādam existe una verdad que puede transformar nuestra manera de comprender la devoción: el amor puede acercar al Señor Supremo de una manera que ninguna especulación intelectual puede alcanzar.

Śrīla Prabhupāda habló de este misterio durante su celebración de Vyāsa-pūjā en Montreal, el 17 de agosto de 1968. Aquel día tenía un significado muy especial para él, porque su aparición había coincidido con Nandotsava. Él mismo recordó ante sus discípulos que, después de la aparición de Kṛṣṇa, Nanda Mahārāja había celebrado una gran festividad y que aquel día había quedado conocido como Nandotsava. Setenta y tres años antes, en 1896, Śrīla Prabhupāda había aparecido también en ese día.

Cuando Nanda Mahārāja recibió a Kṛṣṇa

Śrīla Prabhupāda comienza recordando una escena sencilla y profundamente humana. Nanda Mahārāja ya era un hombre de edad avanzada cuando Kṛṣṇa apareció como su hijo, y sus amigos fueron a felicitarlo. Según el relato que presenta Śrīla Prabhupāda, algunos le decían con alegría que había recibido un hijo en una edad avanzada, pero Nanda Mahārāja respondía con humor que no era viejo, porque un hombre viejo no podría tener un hijo.

Aquella escena nos permite acercarnos a Nanda Mahārāja no solamente como una figura venerable de las Escrituras, sino como un padre lleno de felicidad por el nacimiento de su hijo. Para él no era una cuestión filosófica. No estaba pensando en demostrar quién era Dios ni en alcanzar una realización impersonal. Tenía un niño y su corazón estaba lleno de amor.

Toda la comunidad de Vraja acudió entonces para felicitarlo. Nanda Mahārāja era una persona muy querida y, al ser el líder de aquella comunidad de pastores, su felicidad se convirtió naturalmente en la felicidad de todos. Así nació aquella gran celebración que conocemos como Nandotsava.

Una frase que cambia nuestra manera de mirar a Nanda

En medio de su conferencia, Śrīla Prabhupāda recuerda un hermoso verso atribuido a Śrīla Rūpa Gosvāmī, incluido en Padyāvalī. El verso expresa una idea extraordinaria: mientras algunas personas buscan la Verdad Absoluta mediante el estudio de los Vedas, otros recurren a diferentes escrituras y caminos de conocimiento, pero el devoto puede encontrar algo todavía más maravilloso al contemplar a Nanda Mahārāja, porque en el patio de su casa la Suprema Verdad Absoluta está jugando como un niño.

La profundidad de esta enseñanza es enorme.

Los grandes sabios buscan comprender a la Verdad Absoluta.

Los yogīs meditan para acercarse a ella.

Los filósofos intentan comprenderla mediante el conocimiento.

Pero Nanda Mahārāja no está intentando descubrir dónde se encuentra Dios.

Dios está jugando en su patio.

Kṛṣṇa, la Suprema Personalidad de Dios, se encuentra allí como su hijo.

Y este es uno de los misterios más dulces del bhakti.

El amor puede hacer que Dios se vuelva nuestro hijo

Śrīla Prabhupāda utiliza entonces a Nanda Mahārāja para explicar algo muy profundo acerca de la relación entre el Señor y Su devoto. Una persona que sigue un camino de conocimiento puede aspirar a comprender que es espiritual y que existe una relación eterna con la Verdad Absoluta. Pero el servicio devocional permite entrar en relaciones amorosas con Kṛṣṇa que son mucho más íntimas.

Nanda Mahārāja no deseaba convertirse en uno con Dios.

No deseaba perder su identidad.

No quería dejar de existir como persona.

Su deseo era amar a Kṛṣṇa como su hijo.

Y, según explica Śrīla Prabhupāda, esa relación es tan extraordinaria que Nanda Mahārāja puede ser considerado incluso superior en ese sentido, porque el Señor Supremo acepta voluntariamente convertirse en su hijo.

Aquí aparece una de las enseñanzas más bellas de la conciencia de Kṛṣṇa.

El objetivo del bhakti no es simplemente comprender que Dios existe.

Tampoco consiste únicamente en alcanzar una posición elevada o liberarse del sufrimiento.

El bhakti busca despertar una relación de amor con Kṛṣṇa.

Y ese amor puede ser tan profundo que el Supremo, que es adorado por todos, acepta dejarse amar por Su devoto de una manera íntima y personal.

El Señor que no nace

Śrīla Prabhupāda conecta entonces esta comprensión con una enseñanza del Bhagavad-gītā. Kṛṣṇa declara que, aunque es no nacido, aunque Su cuerpo trascendental nunca se deteriora y aunque es el Señor de todas las entidades vivientes, aparece en el mundo mediante Su propia potencia trascendental.

Esta afirmación nos ayuda a comprender la diferencia entre el nacimiento de una entidad viviente y la aparición de Kṛṣṇa.

Nosotros nacemos porque estamos sujetos a las leyes de la naturaleza material.

Kṛṣṇa aparece por Su propia voluntad.

Nosotros entramos en un cuerpo que recibimos de acuerdo con nuestro karma.

Kṛṣṇa acepta un cuerpo trascendental para manifestar Sus pasatiempos amorosos.

Y, sin embargo, el misterio no termina allí.

El Señor Supremo, que no necesita nada de nadie, acepta convertirse en el hijo de Nanda Mahārāja.

El Ser que sostiene todos los universos permite que una madre lo sostenga entre sus brazos.

El Señor a quien grandes sabios ofrecen reverencias permite que Yaśodā lo regañe.

El Supremo, que es independiente de todo, acepta depender aparentemente de Sus devotos por amor.

Eso es Vraja.

La grandeza de ser un devoto

Quizás esta sea la parte más conmovedora de la enseñanza de Śrīla Prabhupāda.

En el mundo material solemos pensar que ser poderoso significa necesitar cada vez menos de los demás. Buscamos independencia, control y reconocimiento. Queremos demostrar que somos capaces de sostener nuestra propia vida sin depender de nadie.

Pero el bhakti nos presenta otra clase de grandeza.

Nanda Mahārāja es grande porque Kṛṣṇa acepta depender de él.

Yaśodā es grande porque puede alimentar a Kṛṣṇa.

Las gopīs son grandes porque pueden ofrecerle a Kṛṣṇa su amor.

Los habitantes de Vraja son grandes porque no están interesados en disfrutar de la posición de Kṛṣṇa, sino en hacerlo feliz.

Esta es una diferencia fundamental entre el deseo de disfrutar del mundo y el deseo de servir.

Mientras el corazón material pregunta: "¿Qué puedo obtener?", el corazón devocional comienza a preguntar: "¿Cómo puedo servir? ¿Cómo puedo hacer feliz a Kṛṣṇa?"

Y cuando ese deseo se vuelve sincero, la relación con el Señor comienza a transformarse.

Nandotsava y nuestro propio corazón

Quizás por eso Nandotsava puede hablarnos también de nuestra propia vida.

Todos tenemos un altar, aunque sea pequeño.

Todos podemos ofrecer algo.

Todos podemos cantar.

Todos podemos compartir prasādam.

Todos podemos servir a los Vaiṣṇavas.

Pero existe una pregunta más profunda: ¿hemos permitido que Kṛṣṇa se convierta realmente en el centro de nuestra vida?

Nanda Mahārāja no celebró simplemente una ceremonia religiosa.

Celebró porque Kṛṣṇa estaba allí.

Su alegría tenía un centro.

Su generosidad tenía un centro.

Su hogar tenía un centro.

Toda Vraja parecía girar alrededor de aquel pequeño niño.

Quizás nuestro verdadero Nandotsava comienza cuando Kṛṣṇa deja de ser solamente una idea espiritual y empieza a convertirse nuevamente en el centro de nuestras decisiones, nuestros pensamientos, nuestro servicio y nuestras relaciones.

Una coincidencia llena de significado

Hay además una hermosa conexión entre esta enseñanza y la vida de Śrīla Prabhupāda.

El día en que Nanda Mahārāja celebró el nacimiento de Kṛṣṇa se convirtió también en el día de aparición de Śrīla Prabhupāda. En su conferencia de 1968, él mismo señaló esta coincidencia y explicó que su Vyāsa-pūjā se celebraba precisamente en Nandotsava.

No parece casual que aquel maestro espiritual que dedicaría su vida a llevar el mensaje de Kṛṣṇa a tantas personas del mundo occidental hubiera aparecido en un día asociado con la alegría de Nanda Mahārāja.

Nandotsava celebra que Kṛṣṇa llegó a Vraja.

La misión de Śrīla Prabhupāda consistió, en muchos sentidos, en llevar el mensaje de Kṛṣṇa a nuevos lugares para que más corazones pudieran recibirlo.

Por eso podemos contemplar ambas celebraciones juntas: la aparición del Señor y la aparición de Su representante que vino a entregarnos nuevamente Sus enseñanzas.

La verdadera celebración

Al final de aquella conferencia, Śrīla Prabhupāda recuerda nuevamente que Nanda Mahārāja había celebrado el nacimiento de Kṛṣṇa y que, por ese motivo, los devotos podían disfrutar de prasādam.

Es un cierre sencillo, pero profundamente significativo.

Después de hablar de filosofía elevada, de Vyāsa, del servicio devocional y de la naturaleza trascendental de Kṛṣṇa, todo termina alrededor del prasādam.

Porque el conocimiento espiritual no está destinado a permanecer solamente en nuestra mente.

Debe convertirse en servicio.

Debe convertirse en ofrenda.

Debe convertirse en alimento ofrecido a Kṛṣṇa y compartido con los demás.

Debe convertirse en una mesa donde los devotos puedan sentarse juntos.

Debe convertirse en alegría compartida.

Eso también es Nandotsava.

Que Kṛṣṇa pueda jugar en nuestro corazón

Cuando recordemos esta celebración, quizás podamos llevar con nosotros aquella imagen que Śrīla Prabhupāda quiso mostrarnos: mientras muchos buscan comprender la Verdad Absoluta mediante grandes procesos de conocimiento, existe un lugar donde esa misma Verdad Suprema está jugando como un pequeño niño.

Kṛṣṇa está en el patio de Nanda Mahārāja.

Y Nanda Mahārāja no intenta demostrar que Él es Dios.

Simplemente lo ama.

Tal vez esa sea una de las invitaciones más profundas de Nandotsava para nosotros: no quedarnos únicamente en el deseo de conocer a Kṛṣṇa, sino aprender a amarle y servirle.

Que nuestro corazón pueda convertirse en un pequeño Gokula.

Que nuestras palabras puedan convertirse en kīrtana.

Que nuestras manos puedan convertirse en instrumentos de servicio.

Que nuestros alimentos puedan convertirse en prasādam.

Que nuestras casas puedan convertirse en lugares donde se escuchen las glorias de Kṛṣṇa.

Y que, algún día, podamos comprender aunque sea una pequeña parte del misterio que Śrīla Prabhupāda quiso compartir aquella tarde en Montreal:

La Suprema Personalidad de Dios es tan grande que sostiene todos los universos, pero Su amor es tan dulce que puede aceptar convertirse en el hijo de Su devoto.

Ese es el misterio de Nandotsava.

Ese es el misterio del bhakti.

Y esa es la dulzura de Vraja.

Śrī Nanda Mahārāja ki jaya.

Śrī Yaśodā Mā ki jaya.

Śrī Kṛṣṇa Nandotsava ki jaya.

Śrīla Prabhupāda ki jaya.

Śrī Guru-paramparā ki jaya.



Nandotsava

En el Śrīmad-Bhāgavatam, Canto Décimo, capítulo 5, se describe cómo Nanda Mahārāja, lleno de júbilo, organiza la ceremonia de nacimiento, invita a los brāhmaṇas, realiza ceremonias auspiciosas, distribuye caridad y cómo todo Vraja participa en la celebración.

La alegría de Nanda Mahārāja

Cuando la noche en que Kṛṣṇa apareció llegó a su fin, Gokula despertó bajo una alegría que parecía no tener límites. En la casa de Nanda Mahārāja había sucedido algo extraordinario: había nacido un niño y el corazón de Su padre estaba completamente inundado de felicidad. Nanda Mahārāja era conocido por su naturaleza generosa y bondadosa, pero aquel día su alegría era todavía mayor, porque podía contemplar a su pequeño hijo y compartir aquella dicha con todos los habitantes de Vraja.

Después de bañarse, purificarse y vestirse apropiadamente, Nanda Mahārāja invitó a brāhmaṇas expertos en la recitación de mantras védicos y les pidió que realizaran los rituales auspiciosos correspondientes al nacimiento de su hijo. También se realizaron ceremonias para honrar a los semidioses y antepasados, y de esta manera la llegada del pequeño Kṛṣṇa fue recibida con una celebración llena de auspiciosidad.

Pero Nandotsava no fue solamente una ceremonia familiar. La alegría de Nanda Mahārāja se extendió por todo Gokula. Las esposas e hijas de los pastores comenzaron a llegar hermosamente vestidas, adornadas con joyas y flores, llevando en sus corazones bendiciones para el recién nacido. El Śrīmad-Bhāgavatam describe cómo las mujeres se acercaban a la casa de Nanda y ofrecían bendiciones a Kṛṣṇa, mientras los sonidos de diversos instrumentos musicales llenaban el ambiente.

Los pastores también participaron con enorme entusiasmo. La celebración se convirtió en una verdadera expresión de alegría comunitaria. Se salpicaban unos a otros con mezclas de yogur, leche condensada, mantequilla y agua, mientras la música y las risas llenaban los caminos de Vraja. No era simplemente una fiesta para celebrar el nacimiento de un niño. Era la expresión espontánea del amor de una comunidad que sentía que algo maravilloso había llegado a sus vidas.

Nanda Mahārāja, deseoso de compartir su felicidad, comenzó entonces a distribuir caridad. Dio ropas, adornos y vacas a los pastores y ofreció regalos a diferentes personas que habían acudido al festival. Su alegría no consistía solamente en recibir. Cuanto más feliz se sentía por el nacimiento de Kṛṣṇa, más deseaba compartir esa felicidad con los demás.

Este detalle contiene una enseñanza muy hermosa para nosotros. Cuando algo verdaderamente espiritual toca nuestro corazón, naturalmente nace el deseo de compartir. La felicidad de Nanda no se quedó encerrada dentro de su casa. Se convirtió en servicio, generosidad, alimento, regalos, música, asociación y alegría compartida.

También Rohiṇī, la madre de Balarāma, participó activamente en la celebración. Nanda Mahārāja y Yaśodā la honraron y ella, hermosamente vestida y adornada con flores y joyas, se ocupó de recibir a las mujeres que llegaban al festival. El Śrīmad-Bhāgavatam la describe como mahā-bhāgā, enormemente afortunada, por tener la oportunidad de criar juntos a Kṛṣṇa y Balarāma.

Y entonces podemos imaginar aquella escena de Vraja: las calles llenas de pastores, las gopīs acercándose a la casa de Nanda, las flores cayendo de sus cabellos, los sonidos de los instrumentos, los niños corriendo, las vacas adornadas y los hogares abiertos para recibir a quienes llegaban. En medio de todo aquello se encontraba Kṛṣṇa, el pequeño niño que había llegado silenciosamente durante la noche y que ahora se había convertido en el centro de la felicidad de todo Vraja.

El Śrīmad-Bhāgavatam dice que, desde la llegada de Kṛṣṇa a la morada de Nanda, Vraja se volvió especialmente opulenta y se convirtió en un lugar de pasatiempos para la diosa de la fortuna.

Aquí podemos detenernos un momento para contemplar la profundidad de Nandotsava.

Kṛṣṇa es el Señor Supremo, el origen de toda opulencia, y sin embargo en Vraja Su aparición se celebra de una manera íntima y sencilla. No aparece rodeado de un gran palacio ni sentado sobre un trono. Aparece como el hijo de Nanda y Yaśodā. Recibe el amor de una familia, las bendiciones de las gopīs y el cariño de los pastores. Los habitantes de Vraja no están pensando en filosofar sobre Su grandeza. Están felices porque tienen un niño al que pueden amar.

Esta es una de las características más dulces de Vraja-bhakti.

El Señor Supremo, a quien grandes yogīs y sabios buscan comprender, se deja conquistar por el amor de Sus devotos.

Nandotsava también tiene una relación especial con Śrī Caitanya Mahāprabhu. El Śrī Caitanya-caritāmṛta relata que los devotos de Mahāprabhu celebraron Janmāṣṭamī, conocida también como Nanda-mahotsava, vistiendo como pastorcillos de vacas y llevando recipientes de leche y yogur mientras cantaban el Santo Nombre. Śrī Caitanya Mahāprabhu y Sus asociados participaron con tanta alegría que terminaron cubiertos de leche, yogur y agua mezclada con cúrcuma.

De esta manera, la tradición de Nandotsava no quedó solamente en el recuerdo de una celebración ocurrida en Vraja. La alegría de Nanda Mahārāja continuó siendo celebrada por los devotos en la sucesión de Śrī Caitanya Mahāprabhu y continúa llegando hasta nosotros.

Quizás por eso Nandotsava puede enseñarnos algo muy sencillo y profundo: cuando Kṛṣṇa llega a nuestra vida, la devoción no debería convertirnos en personas cerradas sobre nosotros mismos. Al contrario, debería hacernos más generosos, más dispuestos a servir, a compartir alimento, a ofrecer flores, a cantar juntos, a recibir a los demás y a crear espacios donde otras personas también puedan experimentar algo de esa felicidad.


Nanda Mahārāja celebró el nacimiento de su hijo dando.

Dio caridad.

Dio alimento.

Dio regalos.

Dio protección.

Y, sobre todo, compartió su felicidad.

Tal vez esta sea una hermosa manera de comprender Nandotsava en nuestros propios tiempos. No necesitamos reproducir exactamente las circunstancias de Gokula para participar de su espíritu. Podemos abrir nuestra casa, nuestro altar o nuestro espacio de servicio y decir: "Kṛṣṇa ha llegado; celebremos Su presencia compartiendo algo con los demás".

Una fruta ofrecida con amor, unas flores para el altar, una preparación cocinada para los devotos, un plato de prasādam compartido con alguien que nunca ha escuchado sobre Kṛṣṇa, una donación para el servicio del templo o simplemente un kīrtana cantado con alegría pueden convertirse en pequeñas expresiones de ese mismo espíritu.

Porque Nandotsava no es solamente la celebración de un nacimiento.

Es la celebración de una alegría que quiere convertirse en servicio.

Y cuando recordamos a Nanda Mahārāja contemplando a su pequeño Kṛṣṇa, rodeado por los habitantes de Vraja, podemos comprender por qué los devotos sienten tanto afecto por esta festividad. En aquel momento, el Señor Supremo había elegido vivir como un niño entre Sus devotos y permitir que el amor fuera el lenguaje principal de Vraja.

Por eso, después de la noche de Janmāṣṭamī, llega el día de Nandotsava como una continuación natural de aquella alegría. La noche nos permitió contemplar la aparición de Kṛṣṇa; el día siguiente nos permite contemplar lo que sucede cuando esa presencia llena de felicidad el corazón de una comunidad.

Kṛṣṇa apareció.

Nanda celebró.

Vraja compartió su alegría.

Y el canto, la música, las flores, el prasādam y el servicio hicieron de aquella celebración una ofrenda colectiva de amor.

Que también nosotros podamos recibir a Kṛṣṇa de esa manera.

No solamente en nuestro altar, sino en nuestro corazón.

No solamente con una ceremonia, sino con servicio.

No solamente con palabras, sino compartiendo aquello que hemos recibido.

Y que cada celebración de Nandotsava nos recuerde que la verdadera alegría espiritual nunca se guarda para uno mismo.

Se comparte.

Śrī Nanda Mahārāja ki jaya.

Śrī Yaśodā Mā ki jaya.

Śrī Kṛṣṇa Nandotsava ki jaya.

Śrī Gokula-dhāma ki jaya.

Śrī Vraja-dhāma ki jaya.

Śrī Caitanya Mahāprabhu ki jaya.

Fuente principal

El relato se encuentra principalmente en el Śrīmad-Bhāgavatam, Canto Décimo, capítulo 5, "El encuentro de Nanda Mahārāja y Vasudeva", especialmente los versos 1–20. Allí se describen la ceremonia de nacimiento organizada por Nanda Mahārāja, la llegada de los habitantes de Vraja, la música, las celebraciones con leche, yogur y mantequilla, la distribución de caridad y la participación de Rohiṇī.

Para profundizar en la conexión de Nandotsava con la tradición de Śrī Caitanya Mahāprabhu puede consultarse el Śrī Caitanya-caritāmṛta, Madhya-līlā 15.17–23, donde se relata cómo Mahāprabhu y Sus devotos celebraron Nanda-mahotsava.