La aparición de Srila Prabhupada

Cuando Nandotsava recibió un pequeño devoto de Kṛṣṇa

La noche anterior, Calcuta había estado celebrando Janmāṣṭamī. Los devotos habían ayunado, cantado los Santos Nombres y escuchado los pasatiempos de Śrī Kṛṣṇa hasta la medianoche. En los templos había celebración y las calles estaban llenas de personas que se dirigían a ofrecer reverencias al Señor en Su día de aparición. Pero mientras la ciudad celebraba el nacimiento de Kṛṣṇa, algo más estaba por suceder. Al día siguiente, 1 de septiembre de 1896, en un pequeño hogar de la zona de Tollygunge, en Calcuta, nació un niño. Era Nandotsava, el día en que los habitantes de Vraja celebran la alegría de Nanda Mahārāja después de la aparición de Kṛṣṇa. Por esta razón, uno de sus tíos le dio el nombre de Nandulāl, recordando precisamente aquella celebración. Sus padres, Gour Mohan De y Rajani, lo llamaron Abhay Charan, un nombre que expresa la idea de aquel que es intrépido porque ha tomado refugio en los pies de loto del Señor Kṛṣṇa. Śrīla Prabhupāda-līlāmṛta, Volumen 1

La escena de su nacimiento tiene una sencillez que resulta conmovedora. Su madre había acudido, siguiendo la tradición bengalí, a la casa de sus padres para dar a luz. Allí, cerca del Ādi Gaṅgā, en una humilde casa de dos habitaciones con paredes de barro y techo de tejas, bajo un árbol de jaca, nació aquel niño que años después sería conocido en todo el mundo como Su Divina Gracia A. C. Bhaktivedanta Swami Prabhupāda. No había allí un gran palacio, ni multitudes, ni señales externas de que aquel pequeño niño llegaría algún día a atravesar el océano y a llevar el Santo Nombre de Kṛṣṇa a personas de lugares donde prácticamente nadie había escuchado hablar de la conciencia de Kṛṣṇa. Pero había algo que sí estaba presente desde el comienzo: había devoción.

Un padre que quería un devoto

Gour Mohan De era un devoto de Kṛṣṇa y, según los recuerdos que Śrīla Prabhupāda compartió muchos años después, su padre no soñaba con que su hijo se convirtiera simplemente en un hombre rico o exitoso. Quería que fuera un Vaiṣṇava, que aprendiera a cantar, que tocara la mṛdaṅga y que adorara a Rādhā y Kṛṣṇa. Tenía además un deseo particularmente hermoso: cuando algún santo o persona espiritual visitaba su casa, Gour Mohan pedía bendiciones para que su hijo se convirtiera en un servidor de Śrīmatī Rādhārāṇī. No pedía riqueza ni posición para él. Su deseo era que aquel niño pudiera convertirse en un devoto del Señor. Conversación de Śrīla Prabhupāda sobre su padre y su infancia

Quizás aquí comienza realmente el pasatiempo de la aparición de Śrīla Prabhupāda, porque una aparición espiritual no comienza necesariamente el día en que alguien toma sannyāsa, se convierte en maestro o comienza una gran misión. A veces comienza mucho antes, en una casa, con un padre que enseña a su hijo a ofrecer alimento a Kṛṣṇa, con una pequeña Deidad, con una canción, con una mṛdaṅga y con una familia que permite que el niño crezca rodeado de servicio.

La predicción

Como era costumbre en una familia bengalí, después del nacimiento se consultó a un astrólogo para elaborar el horóscopo del niño. La familia recibió con alegría la lectura que hizo el astrólogo. Según la biografía de Śrīla Prabhupāda, realizó una predicción extraordinaria: cuando aquel niño llegara aproximadamente a los setenta años, cruzaría el océano, se convertiría en un gran exponente de la religión y establecería 108 templos. Para una familia que acababa de recibir un pequeño niño, aquella predicción debía parecer extraordinaria, pero nadie podía imaginar todavía lo que significaría realmente. Pasaron los años, el niño creció, la vida siguió su curso y aquella predicción permaneció como una semilla escondida.

El pequeño Abhay y Rādhā-Govinda

Una de las partes más hermosas de los recuerdos de Śrīla Prabhupāda es que él mismo hablaba de su infancia con gran afecto. Cuando tenía apenas tres o cuatro años, visitaba diariamente el templo de Rādhā-Govinda que se encontraba cerca de su hogar. Aquella experiencia dejó una profunda impresión en él y más adelante pidió a su padre que le diera una Deidad de Rādhā-Govinda para adorar en casa. Su padre se la dio y el pequeño Abhay comenzó a realizar su propio servicio. No era un gran templo ni había elaborados arreglos, pero para un niño aquello era suficiente. Él decoraba a las Deidades, les ofrecía lo que comía y trataba de imitar las ceremonias que veía realizar a los devotos. Muchos años después recordaría que aquella Deidad todavía existía y que había permanecido en su familia. Conversación de Śrīla Prabhupāda en Calcuta, 1976

Quizás podemos imaginar al pequeño Abhay sentado en algún rincón de su casa, ocupado en su pequeño servicio, sin saber que aquel mismo gesto infantil de ofrecer alimento y adorar a Rādhā-Kṛṣṇa se convertiría algún día en una de las actividades centrales de miles de templos alrededor del mundo. Él mismo explicó años después que lo que había comenzado en su infancia como adoración de Rādhā-Kṛṣṇa y celebración de Ratha-yātrā estaba ocurriendo nuevamente en una escala mucho mayor, en ciudades de todo el mundo.

El pequeño Ratha-yātrā

Y entonces apareció otra semilla: Jagannātha. El padre de Abhay le proporcionó un pequeño carro para celebrar Ratha-yātrā. El niño organizaba una procesión con sus amigos del vecindario y su padre contrataba incluso un grupo de kīrtana para acompañarla. Todo era pequeño: el carro, los niños y la procesión, pero la alegría era grande. Śrīla Prabhupāda recordaba que los amigos de su padre bromeaban con él porque realizaba Ratha-yātrā en su casa y no los invitaba. Su padre respondía que aquello era simplemente un juego de niños, pero los amigos protestaban en tono jocoso. Y el pequeño Abhay continuaba con su festival. Había kīrtana, había procesión, había Jagannātha y, durante varios días, su madre preparaba diferentes variedades de prasādam para ofrecer al Señor. Conversación de Śrīla Prabhupāda sobre su infancia y Ratha-yātrā

Años después, aquel mismo niño organizaría Ratha-yātrās en San Francisco, Londres, París, Melbourne, Filadelfia y muchas otras ciudades del mundo. La escala había cambiado, pero el servicio era esencialmente el mismo. El pequeño carro de Jagannātha se había convertido en grandes festivales en las calles de diferentes países, pero en el corazón de aquella actividad continuaba viviendo el mismo deseo de servir que había acompañado al pequeño Abhay desde su infancia.

Nada era demasiado pequeño para Kṛṣṇa

Hay algo profundamente hermoso en mirar la infancia de Śrīla Prabhupāda desde esta perspectiva. No necesitamos convertir cada detalle de una vida en una profecía ni afirmar que cada acontecimiento fue necesariamente una señal sobrenatural. Pero sí podemos observar un hilo extraordinariamente claro. Desde niño, Abhay estaba rodeado de Kṛṣṇa: Rādhā-Govinda, Jagannātha, Ratha-yātrā, kīrtana, mṛdaṅga, prasādam y las enseñanzas del Bhāgavata, junto a un padre que quería verlo convertido en un Vaiṣṇava. Aquello que parecía un juego infantil terminó convirtiéndose en servicio mundial.

Y quizás esta sea una de las enseñanzas más bellas que podemos recibir de su aparición. Nunca sabemos qué semilla espiritual estamos plantando cuando enseñamos a un niño a ofrecer una flor, cantar un mantra, tocar una mṛdaṅga, decorar una Deidad o participar en un festival. Lo que para nosotros puede parecer pequeño, para Kṛṣṇa puede convertirse en algo muy grande.

El encuentro que cambiaría su vida

Pero la historia todavía estaba comenzando. El pequeño Abhay creció, recibió educación, formó una familia y se dedicó a sus responsabilidades. No tomó inmediatamente la vida de renuncia ni comenzó su misión mundial. En 1922 ocurrió un encuentro que marcaría definitivamente el rumbo de su vida. Un amigo lo llevó a conocer a Śrīla Bhaktisiddhānta Sarasvatī Ṭhākura y, aunque Abhay no estaba especialmente interesado en asistir, finalmente fue. Aquel encuentro cambió el curso de su vida.

Śrīla Bhaktisiddhānta Sarasvatī Ṭhākura le dio una instrucción que permanecería en su corazón durante décadas: debía predicar las enseñanzas de Śrī Caitanya Mahāprabhu en lengua inglesa. En aquel momento quizá nadie podía imaginar cuánto tiempo tomaría cumplir aquella instrucción ni hasta dónde llegaría su alcance. Pero la semilla ya había sido plantada y permanecería viva en el corazón de Abhay.

Setenta años después

Aquí la antigua predicción adquiere una dimensión extraordinaria. En 1896, un astrólogo había dicho que aquel niño cruzaría el océano cuando llegara aproximadamente a los setenta años. En 1965, a la edad de sesenta y nueve años, Abhay Charan De emprendió el viaje hacia los Estados Unidos a bordo del Jaladuta. Llegó prácticamente sin recursos materiales, sin una organización que lo respaldara y sin una comunidad de discípulos esperándolo, pero llevaba algo mucho más valioso: llevaba los libros de Śrīmad-Bhāgavatam, llevaba las instrucciones de su Guru Mahārāja, llevaba el Santo Nombre y llevaba una fe inquebrantable en Kṛṣṇa.

Un año después, en 1966, estableció en Nueva York la International Society for Krishna Consciousness y comenzó a formar una comunidad alrededor del canto de Hare Kṛṣṇa y las enseñanzas de la Bhagavad-gītā y el Śrīmad-Bhāgavatam. La predicción de la infancia había comenzado a tomar forma, pero quizás la parte más sorprendente todavía estaba por venir.

De un pequeño carro a una celebración mundial

El niño que había construido un pequeño Ratha-yātrā en las calles de Calcuta comenzó a organizar Ratha-yātrās en diferentes ciudades del mundo. El niño que había adorado una pequeña Deidad de Rādhā-Govinda ayudó a establecer templos donde miles de personas podrían acercarse diariamente a Rādhā y Kṛṣṇa. El niño cuyo padre le enseñó a tocar la mṛdaṅga llevó el kīrtana a las calles de ciudades occidentales y aquel niño que había crecido escuchando las glorias de Kṛṣṇa pasó sus últimos años traduciendo y explicando los textos vaisnavas para que personas de diferentes idiomas pudieran acercarse a ellos.

Śrīla Prabhupāda mismo reconoció esta continuidad. Al recordar su infancia, explicó que la adoración de Rādhā-Kṛṣṇa y el Ratha-yātrā que realizaba de niño eran esencialmente las mismas actividades que más tarde estaba realizando por todo el mundo, solamente que en una escala mucho mayor. Conversación de Śrīla Prabhupāda en Calcuta, 1976

Es como si el pequeño carro de Jagannātha hubiera crecido junto con él. El servicio de un niño se convirtió en el servicio de un maestro espiritual que viajó por diferentes continentes llevando consigo el Santo Nombre y las enseñanzas recibidas de su Guru Mahārāja.

La misericordia de un padre

Quizás una de las imágenes más tiernas de esta historia no sea la del anciano Swami llegando a Nueva York, sino la de Gour Mohan De observando a su pequeño hijo. Su padre le enseñó a tocar la mṛdaṅga, le dio Deidades de Rādhā-Kṛṣṇa, le permitió celebrar Ratha-yātrā, le enseñó a ofrecer alimento y oró para que se convirtiera en un Vaiṣṇava. Muchos años después, Śrīla Prabhupāda dedicaría su traducción de Kṛṣṇa, la Suprema Personalidad de Dios a su padre, recordándolo como un devoto que lo había criado desde el comienzo de su vida en conciencia de Kṛṣṇa. Conversación de Śrīla Prabhupāda sobre su padre

Esto nos permite comprender algo profundo sobre la educación espiritual. Gour Mohan no necesitó darle a su hijo una gran conferencia filosófica para transformar su vida. Le dio servicio, le dio Deidades, le dio kīrtana, le dio prasādam y, sobre todo, le dio la oportunidad de amar a Kṛṣṇa. Algunas de las semillas que plantamos en la infancia permanecen silenciosas durante muchos años, esperando el momento en que puedan comenzar a dar fruto.

El niño de Nandotsava

Por eso resulta tan hermoso que Śrīla Prabhupāda haya aparecido precisamente en Nandotsava. Nanda Mahārāja celebró porque Kṛṣṇa había aparecido en su hogar y, en 1896, al día siguiente de Janmāṣṭamī, nació en Calcuta un niño que llevaría el mensaje de Kṛṣṇa a innumerables hogares.

No debemos confundir a Śrīla Prabhupāda con Kṛṣṇa ni presentar su nacimiento como equivalente a la aparición del Señor. Su importancia está en otro lugar: en la tradición vaisnava, el maestro espiritual aparece para servir al Señor y entregar Su mensaje. Y eso fue precisamente lo que Śrīla Prabhupāda hizo. Recibió una instrucción, la guardó durante décadas y cuando llegó el momento cruzó el océano para cumplirla.

Una aparición que continúa

Hoy podemos mirar hacia atrás y contemplar aquella pequeña casa de Tollygunge: un niño, una familia vaisnava, un padre devoto, una madre, una pequeña Deidad, un pequeño Ratha, un kīrtana de niños, un festival y un niño llamado Abhay Charan. Después podemos mirar mucho más lejos: Nueva York, San Francisco, Londres, París, Melbourne, Vṛndāvana, Māyāpur, templos, libros, kīrtanas, Ratha-yātrās y devotos de diferentes países cantando juntos el mismo Santo Nombre.

Entre ambos momentos existe una vida entera de servicio. Y quizás ahí se encuentra el verdadero significado de celebrar la aparición de Śrīla Prabhupāda. No se trata solamente de recordar el nacimiento de un gran maestro. Se trata de recordar qué puede suceder cuando una persona recibe una instrucción espiritual y decide dedicar toda su vida a cumplirla.

Śrīla Prabhupāda apareció en Nandotsava. Creció escuchando el Santo Nombre, aprendió a servir a Rādhā-Kṛṣṇa, jugó con Jagannātha, recibió la instrucción de su Guru Mahārāja, esperó, escribió, oró, cruzó el océano y comenzó a cantar. Al principio eran pocos, después fueron cientos, luego miles y finalmente personas de diferentes culturas, idiomas y países comenzaron a cantar el mismo Santo Nombre.

El pequeño festival de Calcuta se había convertido en un festival para el mundo.

Quizás por eso, cuando llega nuevamente Nandotsava, podemos recordar a aquel pequeño niño de 1896 y agradecer profundamente por el servicio que realizó. Porque en aquel día no solamente recordamos que Śrīla Prabhupāda apareció en este mundo. Recordamos que una instrucción recibida de un maestro espiritual puede convertirse, cuando es llevada con fe y determinación, en una corriente de misericordia que atraviesa fronteras, idiomas y generaciones.

Y así, Nandotsava vuelve a adquirir vida. Porque una vez más podemos celebrar que la misericordia llegó. No solamente para una familia, ni para una ciudad, ni para una generación, sino para tantas personas que, gracias a su esfuerzo, tuvieron la oportunidad de escuchar el Santo Nombre y acercarse nuevamente a Kṛṣṇa.

Que podamos honrar su aparición no solamente hablando de su vida, sino continuando aquello que él recibió de su Guru Mahārāja: cantar, estudiar, servir, compartir prasādam y llevar con humildad las enseñanzas de Śrī Caitanya Mahāprabhu y Śrī Kṛṣṇa.


Así, la historia continúa.

El niño de Nandotsava creció.

El devoto se convirtió en maestro.

El maestro cruzó el océano.

Y el Santo Nombre comenzó a viajar con él.

Śrīla Prabhupāda ki jaya.

Śrīla Prabhupāda Appearance Day ki jaya.

Śrī Nandotsava Mahotsava ki jaya.

Śrī Guru-paramparā ki jaya.

Śrī Rādhā-Govinda ki jaya.

Śrī Jagannātha Baladeva Subhadrā Mahārāṇī ki jaya.

Śrī Kṛṣṇa Caitanya Mahāprabhu ki jaya.

Fuentes para profundizar

La narración de su nacimiento y primeros años está basada principalmente en Śrīla Prabhupāda-līlāmṛta, especialmente los relatos sobre su nacimiento en Calcuta durante Nandotsava y su infancia. Para complementar estos recuerdos son especialmente valiosas las conversaciones en las que el propio Śrīla Prabhupāda habla de su padre, de la adoración de Rādhā-Govinda y de los primeros Ratha-yātrās que organizaba cuando era niño. También puede consultarse su conferencia de Vyāsa-pūjā de 1968, pronunciada en Montreal, donde él mismo relaciona su aparición con Nandotsava y recuerda el festival de Nanda Mahārāja.

Fuentes principales: Śrīla Prabhupāda-līlāmṛta, Vol. 1; conversaciones de Śrīla Prabhupāda de 1976 sobre su infancia y su padre; y la conferencia de Vyāsa-pūjā pronunciada en Montreal el 17 de agosto de 1968.

0 comments:

Publicar un comentario