La llegada de Srila Prabhupada a América

 Cuando un devoto cruzó el océano con la misericordia de Kṛṣṇa

En el verano de 1965, un hombre de casi setenta años se preparaba para emprender un viaje que, visto desde cualquier perspectiva material, parecía imposible. Había dedicado gran parte de su vida a estudiar, traducir y enseñar las Escrituras vaisnavas y llevaba en su corazón una instrucción recibida de su maestro espiritual, Śrīla Bhaktisiddhānta Sarasvatī Ṭhākura: llevar las enseñanzas de Śrī Caitanya Mahāprabhu al mundo de habla inglesa.

Aquel hombre era Abhay Charanāravinda Bhaktivedanta Swami, quien años después sería conocido en todo el mundo como Su Divina Gracia A. C. Bhaktivedanta Swami Prabhupāda.

Tenía entonces 69 años. No contaba con una organización esperándolo en Occidente, no tenía discípulos, ni un templo, ni una gran cantidad de recursos económicos. Lo acompañaban algunos de sus libros, unas pocas pertenencias personales y, sobre todo, una fe profunda en Kṛṣṇa y en la orden de su maestro espiritual.

Había llegado el momento de cruzar el océano.

El comienzo del viaje

Gracias a la ayuda de Sumati Morarji, directora de la Scindia Steam Navigation Company, Śrīla Prabhupāda consiguió un pasaje en el barco de carga Jaladuta. El 13 de agosto de 1965 subió a bordo en Calcuta llevando consigo sus pertenencias personales y varios volúmenes del Śrīmad-Bhāgavatam que había publicado con enorme esfuerzo.

La Jaladuta comenzó su recorrido por el Ganges y posteriormente se internó en el océano. Lo que parecía ser simplemente un viaje en barco se convertiría en una de las travesías más significativas de la historia moderna del movimiento para la conciencia de Kṛṣṇa.

El viaje no fue fácil. Śrīla Prabhupāda sufrió intensamente de mareos y durante la travesía experimentó graves crisis cardíacas. Sin embargo, incluso en medio de aquellas dificultades continuó escribiendo, orando y pensando en la misión que debía cumplir.

Durante el viaje ocurrió además un episodio que Śrīla Prabhupāda recordaría posteriormente con profundo significado. En una de las noches de mayor dificultad tuvo un sueño en el que vio a Kṛṣṇa acompañado por Sus diversas formas y sintió que el Señor mismo estaba guiando la embarcación hacia Occidente. Para un hombre que se encontraba prácticamente solo en medio del océano, aquella experiencia representó una expresión íntima de la misericordia de Kṛṣṇa.

La Jaladuta continuó avanzando mientras Śrīla Prabhupāda llevaba en su corazón una sola preocupación: cómo cumpliría la orden de su maestro espiritual.

Janmāṣṭamī en medio del océano

Durante la travesía ocurrió también un detalle hermoso. El 20 de agosto de 1965 se celebró Janmāṣṭamī y, aunque se encontraba en medio del océano, Śrīla Prabhupāda no dejó pasar la oportunidad de hablar sobre Kṛṣṇa. El capitán del barco organizó una reunión y Śrīla Prabhupāda habló durante aproximadamente una hora acerca del Señor, después de lo cual se distribuyó prasādam.

Incluso allí, lejos de la India y sin saber qué encontraría al llegar a América, su servicio continuaba. No necesitaba un templo, una gran audiencia ni una plataforma especial para servir a Kṛṣṇa. Dondequiera que se encontrara, podía cantar, hablar de las Escrituras y compartir prasādam.

Finalmente, después de treinta y cinco días de viaje, la Jaladuta llegó a Boston.

Era el 17 de septiembre de 1965.

Frente a una tierra desconocida

Aproximadamente a las cinco y media de la mañana, la Jaladuta llegó a Commonwealth Pier, en Boston. Śrīla Prabhupāda tenía entonces 69 años y se encontraba frente a una tierra completamente diferente de aquella que había dejado atrás.

La ciudad que veía ante sus ojos era moderna, enorme y desconocida. Los edificios, las calles, las personas y las costumbres pertenecían a un mundo muy diferente al suyo. El capitán le permitió observar la ciudad y caminar brevemente por sus alrededores.

Pero mientras contemplaba aquella nueva tierra, Śrīla Prabhupāda no estaba allí simplemente como un viajero que había llegado a conocer otro país. Había venido con una misión recibida de su maestro espiritual y sabía que delante de él se encontraba una tarea enorme.

Había cruzado el océano para entregar el mensaje de Śrīmad-Bhāgavatam a personas que prácticamente no conocían nada acerca de Kṛṣṇa.

Y entonces ocurrió uno de los momentos más conmovedores de toda esta historia.

La oración de un sirviente

Al día siguiente de su llegada, todavía en Boston, Śrīla Prabhupāda escribió una oración en bengalí que posteriormente sería conocida como Mārkine Bhāgavata-dharma.

En ella se dirige directamente a Kṛṣṇa y expresa la enorme dificultad que siente ante la misión que tiene delante. No escribe como alguien que ha llegado a Occidente convencido de su propio poder. Por el contrario, reconoce humildemente que no sabe cómo podrá explicar el mensaje de Kṛṣṇa a las personas de aquel lugar ni cómo ellas podrán comprenderlo.

Entonces deposita toda su confianza en el Señor.

Le pide a Kṛṣṇa que lo convierta en un instrumento para cumplir la misión de su maestro espiritual. Reconoce que no posee la capacidad necesaria para realizar aquella tarea por sus propias fuerzas y confía en que la misericordia del Señor puede hacer posible aquello que humanamente parece imposible.

Esta oración nos permite contemplar el corazón de Śrīla Prabhupāda en aquel momento. Un hombre de 69 años había atravesado el océano para llevar un mensaje espiritual al mundo, pero ahora, al encontrarse frente a aquella enorme responsabilidad, no reclamaba ningún mérito para sí mismo. Su actitud era la de un sirviente que simplemente había venido a cumplir una orden.

No decía: "Yo voy a conquistar América".

Su oración era mucho más humilde: "Kṛṣṇa, Tú debes hacer esto posible a través de mí".

Y quizás allí se encuentra una de las claves de todo lo que sucedería después.

Un hombre solo en América

Desde Boston, Śrīla Prabhupāda continuó hacia Nueva York y posteriormente viajó a Butler, Pennsylvania, donde Gopāla Agarwal, quien había aceptado ser su patrocinador, lo recibió en su hogar. Durante aquellas primeras semanas comenzó a dar conferencias y a hablar acerca de la conciencia de Kṛṣṇa con las personas que encontraba.

La situación era muy diferente de lo que podríamos imaginar al mirar hoy el resultado de su misión.

Śrīla Prabhupāda no tenía discípulos esperando por él. No tenía un templo propio ni una gran comunidad. Tampoco tenía los recursos económicos que posteriormente tendría la organización que surgiría a su alrededor.

Era, en muchos sentidos, un hombre solo en una tierra desconocida.

Sin embargo, no estaba preocupado por construir una posición personal. Su preocupación era encontrar una manera de compartir el conocimiento que había recibido.

Después de su permanencia en Butler regresó a Nueva York, donde comenzó una etapa de grandes austeridades. Poco a poco consiguió un pequeño espacio en el 26 de Second Avenue, en el Lower East Side de Manhattan.

Aquel lugar era sencillo, pero se convertiría en un punto histórico.

Allí comenzaron a reunirse algunos jóvenes interesados en escuchar sus enseñanzas. Allí Śrīla Prabhupāda comenzó a explicar el Bhagavad-gītā y el Śrīmad-Bhāgavatam, a cantar el mahā-mantra y a cocinar y distribuir prasādam.

Lo que había comenzado en la cubierta de un barco ahora empezaba a tomar forma en una pequeña habitación de Nueva York.

El Santo Nombre comienza a caminar

Śrīla Prabhupāda también comenzó a salir a las calles y a los parques para cantar el Santo Nombre. Uno de los lugares que quedaría especialmente unido a esta historia fue Tompkins Square Park.

Allí, bajo los árboles y rodeado por el movimiento cotidiano de la ciudad, comenzó a sonar una vibración que para la mayoría de las personas era completamente desconocida:

Hare Kṛṣṇa Hare Kṛṣṇa
Kṛṣṇa Kṛṣṇa Hare Hare
Hare Rāma Hare Rāma
Rāma Rāma Hare Hare

Alrededor de Śrīla Prabhupāda comenzaron a reunirse jóvenes que sentían curiosidad por aquel anciano de la India que hablaba de Kṛṣṇa, cantaba con sus karatālas y ofrecía prasādam.

Algunos llegaban por curiosidad.

Otros por búsqueda espiritual.

Otros simplemente porque algo en aquel canto y en aquella presencia les atraía.

Pero poco a poco comenzaron a acercarse al proceso del bhakti.

El Santo Nombre había cruzado el océano.

La misión de Śrī Caitanya Mahāprabhu

Śrīla Prabhupāda no había viajado a América para crear una enseñanza nueva ni para establecer una filosofía personal. Había viajado para continuar una misión que venía desde Śrī Caitanya Mahāprabhu y que había recibido de su maestro espiritual.

Su deseo era compartir el Bhagavad-gītā, el Śrīmad-Bhāgavatam y el canto del Santo Nombre con las personas de Occidente.

Y para hacerlo tuvo que comenzar prácticamente desde cero.

Tuvo que explicar quién era Kṛṣṇa.

Tuvo que enseñar cómo cantar.

Tuvo que explicar el significado del prasādam.

Tuvo que introducir una cultura espiritual completamente desconocida para muchas de las personas que se acercaban.

Y lo hizo con paciencia, repitiendo una y otra vez las enseñanzas que había recibido.

Con el tiempo, aquellos primeros jóvenes comenzaron a convertirse en discípulos y el pequeño grupo de personas que se reunía en Second Avenue comenzó a crecer.

Los primeros templos comenzaron a aparecer.

Los libros comenzaron a distribuirse.

El kīrtana comenzó a salir a las calles.

Y aquello que parecía pequeño empezó a extenderse.

El milagro que comenzó con tan poco

Cuando contemplamos hoy la vida de Śrīla Prabhupāda podemos ver templos en diferentes países, millones de libros distribuidos, festivales, comunidades, centros espirituales y generaciones de devotos que recibieron las enseñanzas que él llevó desde India.

Pero debemos recordar cómo comenzó todo.

Antes de los grandes templos hubo una pequeña habitación.

Antes de las multitudes hubo unas pocas personas.

Antes de que sus libros fueran conocidos en tantos idiomas, él había cruzado el océano con unos pocos ejemplares.

Antes de que miles de personas cantaran Hare Kṛṣṇa en diferentes partes del mundo, hubo un hombre que comenzó a cantar en los parques de Nueva York.

Y antes de todo aquello hubo una instrucción de su maestro espiritual y una oración dirigida a Kṛṣṇa.

Por eso la llegada de Śrīla Prabhupāda a América puede contemplarse como mucho más que un acontecimiento histórico.

Es el relato de un servicio llevado adelante con una fe extraordinaria.

Cuando la fe cruza el océano

Quizás una de las enseñanzas más profundas de este pasatiempo está precisamente en aquello que Śrīla Prabhupāda no tenía.

No tenía seguridad sobre el futuro.

No sabía cuántas personas escucharían su mensaje.

No sabía cómo responderían los jóvenes estadounidenses.

No sabía dónde viviría después.

No sabía cómo sostendría su misión.

Pero sí sabía que había recibido una orden y que debía hacer todo lo posible por cumplirla.

A veces nosotros también esperamos tener todas las condiciones antes de comenzar un servicio. Esperamos tener recursos, ayuda, conocimientos o seguridad sobre el resultado. La historia de Śrīla Prabhupāda nos muestra que el servicio puede comenzar mucho antes de que todas esas condiciones aparezcan.

Puede comenzar con una pequeña semilla.

Con una oración.

Con una instrucción recibida.

Con un libro.

Con una palabra.

Con un canto.

Con la decisión de ofrecer a Kṛṣṇa aquello que tenemos.

Después, aquello que nosotros no podemos hacer puede quedar en manos de Kṛṣṇa.

El barco que todavía navega

La Jaladuta llegó a Boston el 17 de septiembre de 1965 y posteriormente continuó su recorrido. Pero, en otro sentido, aquel viaje nunca terminó.

El barco llevó a un hombre.

Aquel hombre llevaba unos libros.

Los libros llevaban las enseñanzas del Śrīmad-Bhāgavatam.

Y esas enseñanzas comenzaron a viajar de corazón en corazón.

La misión que comenzó con un hombre prácticamente desconocido en una tierra extranjera terminaría alcanzando numerosos países y generaciones enteras.

Por eso, cuando recordamos la llegada de Śrīla Prabhupāda a América, no solamente recordamos la llegada de un sannyāsī de la India a Boston. Recordamos el comienzo de una historia que nació de la obediencia a un maestro espiritual, atravesó un océano sostenida por la fe y terminó llevando el Santo Nombre a lugares donde hasta entonces prácticamente nadie había escuchado hablar de Kṛṣṇa.

Śrīla Prabhupāda llegó a América prácticamente solo.

Pero su corazón estaba lleno de una compañía que nunca lo abandonó.

La compañía de su guru.

La compañía de la sucesión discipular.

Y, por encima de todo, la compañía de Kṛṣṇa.

Quizás por eso esta historia continúa inspirándonos tantos años después.

Porque nos recuerda que una misión espiritual no siempre comienza con grandes recursos. A veces comienza con una persona que, aunque no sabe cómo sucederá todo, simplemente confía en que Kṛṣṇa abrirá el camino.

Y aquel hombre que un día descendió de la Jaladuta en Boston, con 69 años, algunos libros y una misión aparentemente imposible, terminó dejando una huella espiritual que continúa viajando por el mundo.

El océano quedó atrás.

Pero el viaje del Santo Nombre apenas comenzaba.

Śrīla Prabhupāda ki jaya.

Śrī Guru-paramparā ki jaya.

Śrī Caitanya Mahāprabhu ki jaya.

Śrī Kṛṣṇa-nāma saṅkīrtana ki jaya.

Fuentes para profundizar

Para conocer directamente los detalles de la travesía puede consultarse The Jaladuta Diary, basado en las anotaciones que Śrīla Prabhupāda realizó durante su viaje de 1965. También es especialmente importante la oración Mārkine Bhāgavata-dharma, escrita por él en Boston después de su llegada.

Los pasajes relacionados con la misión de Śrīla Prabhupāda, sus primeros días en Estados Unidos y la expansión inicial de la conciencia de Kṛṣṇa pueden profundizarse en Śrīla Prabhupāda-līlāmṛta, así como en las cartas, conversaciones y obras de Śrīla Prabhupāda.

Estas fuentes permiten acercarnos tanto a los acontecimientos históricos como a la dimensión espiritual que el propio Śrīla Prabhupāda dio a aquel viaje.



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