De la prisión de Kaṁsa a los brazos de Yaśodā
La historia de la aparición de Śrī Kṛṣṇa comienza mucho antes de aquella noche en que Vasudeva atravesó el Yamunā llevando al Señor sobre sus hombros. Comienza en Mathurā, en un momento en que el poder de Kaṁsa había cubierto la ciudad de temor y los miembros de la dinastía Yadu sufrían bajo su gobierno. Kaṁsa, hijo de Ugrasena, había tomado el control del reino y se había rodeado de reyes y aliados de naturaleza demoníaca. La violencia y el miedo se habían extendido por la región, mientras los devotos y miembros de la dinastía Yadu buscaban refugio en distintos lugares para protegerse de su persecución.Pero todo comenzó a cambiar el día en que Kaṁsa asistió al matrimonio de su prima Devakī con Vasudeva. Después de la ceremonia, Kaṁsa mismo tomó las riendas del carruaje que llevaba a la pareja, sintiéndose feliz de acompañar a su querida hermana. De repente, una voz proveniente del cielo anunció algo que cambiaría para siempre el destino de Mathurā: el octavo hijo de Devakī sería la causa de la muerte de Kaṁsa.
Aquellas palabras transformaron inmediatamente la alegría del rey en terror. Kaṁsa tomó su espada y estuvo a punto de matar a Devakī en ese mismo momento, pero Vasudeva logró convencerlo de que no era necesario hacerlo. Le prometió que entregaría personalmente a cada uno de los hijos que nacieran de Devakī. Kaṁsa aceptó aquella promesa y, por un tiempo, pareció tranquilizarse. Sin embargo, después de recibir información de Nārada acerca de los acontecimientos relacionados con los Yadus y los nacimientos de grandes almas en diferentes familias, su corazón se llenó nuevamente de temor y crueldad. Finalmente encarceló a Devakī y Vasudeva y comenzó a matar uno tras otro a los hijos que nacían de ellos.
Así pasaron los años dentro de aquella prisión. Devakī y Vasudeva contemplaban con dolor cómo sus primeros seis hijos eran arrebatados de sus brazos por la crueldad de Kaṁsa. Pero el plan del Señor ya estaba en movimiento y aquello que parecía una sucesión de tragedias formaba parte de un misterio trascendental que estaba a punto de revelarse.
El séptimo hijo
Cuando llegó el momento del séptimo embarazo de Devakī, la Suprema Personalidad de Dios ordenó a Yoga-māyā que realizara una tarea extraordinaria. En el vientre de Devakī se encontraba Saṅkarṣaṇa, la expansión plenaria del Señor que aparecería posteriormente como Balarāma. Por disposición de Yoga-māyā, el niño fue trasladado desde el vientre de Devakī hasta el de Rohiṇī, quien se encontraba viviendo en Gokula bajo la protección de Nanda Mahārāja.
Los habitantes de Mathurā pensaron que Devakī había perdido al niño, pero en realidad el pequeño había sido protegido de Kaṁsa. Por haber sido trasladado de un vientre a otro, recibiría el nombre de Saṅkarṣaṇa. También sería conocido como Balarāma y Balabhadra, y su aparición preparaba el camino para la llegada de Su amado hermano Kṛṣṇa.
Después de esto, el Señor entró en el corazón de Vasudeva y desde allí pasó al corazón de Devakī. La presencia divina comenzó a manifestarse en ella con una refulgencia extraordinaria. Aunque permanecía encerrada dentro de los muros de la prisión, parecía iluminar todo el lugar con una belleza que no pertenecía a este mundo. Kaṁsa comprendió que algo extraordinario estaba sucediendo y sintió nuevamente un profundo temor.
Mientras tanto, los grandes semidioses y sabios comprendieron que el momento de la aparición del Señor estaba cerca. Se acercaron espiritualmente a Devakī y ofrecieron oraciones al Señor que se encontraba en su corazón. Recordaron que Kṛṣṇa no aparece en este mundo como una entidad viviente ordinaria, sometida al nacimiento y la muerte. Su aparición es trascendental y ocurre por Su propia voluntad y misericordia.
La noche de Janmāṣṭamī
Finalmente llegó aquella noche.
Era profunda y silenciosa. Mathurā se encontraba sumergida en la oscuridad, pero una luz trascendental comenzaba a manifestarse en la prisión donde Devakī permanecía junto a Vasudeva. Las Escrituras describen que, cuando se acercaba el momento de la aparición del Señor, los corazones de los santos y brāhmaṇas experimentaron una paz extraordinaria y en los planetas celestiales comenzaron a escucharse sonidos auspiciosos. Los Gandharvas cantaban, los Siddhas y Cāraṇas ofrecían oraciones, las Apsarās danzaban y los semidioses derramaban flores.
Entonces, en medio de la oscuridad de la noche, Kṛṣṇa apareció ante Devakī y Vasudeva.
No apareció como un niño humano ordinario. Ante sus ojos se manifestó con la forma trascendental de Viṣṇu, con cuatro brazos, sosteniendo la caracola, el disco, la maza y la flor de loto. Su cuerpo tenía el color de una nube cargada de lluvia, llevaba vestiduras amarillas y estaba adornado con joyas y ornamentos trascendentales. La marca de Śrīvatsa brillaba sobre Su pecho y la joya Kaustubha resplandecía alrededor de Su cuello.
Vasudeva quedó maravillado. Al contemplar a su hijo comprendió inmediatamente que no había nacido un niño común. El Señor Supremo había aparecido personalmente ante ellos.
En aquel instante, el corazón de Vasudeva se llenó de una felicidad que no podía contener. Aunque se encontraba prisionero y no podía realizar externamente una gran celebración, ofreció mentalmente miles de vacas en caridad a los brāhmaṇas. La alegría de su corazón era tan grande que, aun dentro de una prisión, estaba celebrando un festival trascendental.
Devakī y Vasudeva comenzaron entonces a ofrecer oraciones al Señor. Reconocían que aquel niño era la Suprema Personalidad de Dios, la fuente de todas las causas y la Verdad Absoluta. Pero junto con su asombro apareció también el temor. Sabían que Kaṁsa estaba decidido a matar a cualquier hijo de Devakī y temían que pudiera descubrir que Kṛṣṇa había aparecido.
Devakī habló entonces al Señor como madre y le pidió que retirara aquella forma trascendental de cuatro brazos y apareciera como un niño pequeño. Su oración estaba llena de amor maternal y preocupación. Ella sabía quién era Kṛṣṇa, pero al mismo tiempo deseaba protegerlo.
Kṛṣṇa escuchó a Sus padres y les recordó que no era la primera vez que aparecía como hijo suyo. Les explicó que anteriormente habían sido Pṛśni y Sutapā, quienes habían realizado grandes austeridades con el deseo de recibir al Señor como hijo. Más tarde habían aparecido nuevamente como Aditi y Kaśyapa, cuando el Señor apareció como Vāmanadeva. Ahora, por tercera vez, había venido como su hijo para satisfacer aquel deseo profundo de amor paternal.
Después de hablar con ellos, Kṛṣṇa adoptó la forma de un pequeño bebé.
Y entonces comenzó uno de los viajes más extraordinarios de toda la historia vaisnava.
Las puertas de la prisión se abren
Vasudeva comprendió que debía llevar al niño a Gokula, donde vivían Nanda Mahārāja y Yaśodā. Allí, en aquel mismo momento, Yoga-māyā había aparecido como una niña.
Vasudeva tomó cuidadosamente al pequeño Kṛṣṇa y salió de la habitación.
Los guardianes de la prisión estaban profundamente dormidos. Las cadenas que mantenían cerradas las puertas se soltaron y las pesadas puertas de hierro se abrieron por sí mismas. Aquello que durante tantos años había representado el poder de Kaṁsa dejó de ser un obstáculo.
Vasudeva caminó en medio de la noche llevando a Kṛṣṇa.
El cielo estaba cubierto de nubes y comenzaba a caer una fuerte lluvia. Pero mientras avanzaba, una maravillosa protección apareció sobre ellos. Ananta Śeṣa, expansión del propio Señor, siguió a Vasudeva y extendió Sus capuchas sobre el niño para protegerlo de la lluvia.
La escena debió ser extraordinaria: un padre caminando silenciosamente por las calles oscuras de Mathurā, llevando en sus brazos al niño que era la Suprema Personalidad de Dios, mientras detrás de él Śeṣa extendía Sus capuchas y el cielo descargaba su lluvia.
Vasudeva continuó hasta llegar a las orillas del Yamunā.
El encuentro con el Yamunā
El río estaba crecido y sus aguas se movían con fuerza. Las lluvias habían aumentado su caudal y las olas formaban remolinos sobre la superficie.
Vasudeva no tenía otra opción. Debía cruzar.
Con Kṛṣṇa en sus brazos, entró en las aguas.
Y entonces ocurrió algo maravilloso.
El Yamunā dio paso a Vasudeva y permitió que pudiera atravesarlo llevando al Señor. Las Escrituras comparan este acontecimiento con el océano que había permitido el paso de Śrī Rāmacandra. El río, que normalmente podía representar un obstáculo formidable, se convirtió en un camino para que Kṛṣṇa pudiera llegar a Gokula.
Existe además una tradición devocional según la cual el Yamunā deseaba tocar los pies de loto del pequeño Kṛṣṇa. De esta manera, aquel río que acompañaría tantos de los futuros pasatiempos de Kṛṣṇa en Vṛndāvana recibió desde aquella noche la misericordia del contacto con Sus pies.
Vasudeva logró finalmente alcanzar la otra orilla.
Había dejado atrás Mathurā.
Ahora se encontraba en Gokula.
La casa de Nanda Mahārāja
Cuando llegó a la casa de Nanda Mahārāja, todo estaba en silencio. Los pastores y habitantes de Gokula dormían profundamente bajo la influencia de Yoga-māyā.
Vasudeva entró cuidadosamente en la casa y encontró a Yaśodā dormida después del nacimiento de su hijo. Ella no sabía siquiera si había dado a luz a un niño o a una niña, pues el agotamiento del parto la había sumergido en un sueño profundo.
Vasudeva colocó allí al pequeño Kṛṣṇa.
Después tomó a la niña que había nacido de Yaśodā, quien era una manifestación de Yoga-māyā, y comenzó el viaje de regreso hacia Mathurā.
Una vez más atravesó el Yamunā.
Una vez más las puertas de la prisión se abrieron.
Y una vez más regresó a la celda donde Devakī esperaba.
Colocó a la niña en los brazos de Devakī y volvió a colocarse las cadenas en los pies, como si nada hubiera sucedido.
En Gokula, Kṛṣṇa había comenzado Su vida como el hijo de Nanda y Yaśodā.
En Mathurā, Kaṁsa todavía ignoraba que su destino ya había comenzado a cumplirse.
El llanto de la niña
Poco después, los guardianes de la prisión escucharon el llanto del bebé y avisaron inmediatamente a Kaṁsa.
Al escuchar que el octavo hijo de Devakī había nacido, Kaṁsa corrió hacia la prisión. Devakī intentó proteger a la niña y le suplicó que no la matara, recordándole que la profecía hablaba de un hijo varón y no de una niña. Pero Kaṁsa, dominado por el miedo, no escuchó sus palabras.
Tomó a la pequeña y trató de arrojarla contra una piedra.
Pero la niña se liberó de sus manos y apareció en el cielo en una forma trascendental, manifestándose como Durgādevī, con múltiples brazos y diversos atributos. Entonces habló a Kaṁsa y le reveló que la persona destinada a destruirlo ya había nacido en otro lugar.
Kaṁsa comprendió que había sido engañado por su propio temor.
El niño ya estaba fuera de su alcance.
La Suprema Personalidad de Dios había llegado a Gokula.
Y en Gokula comenzó la alegría
Mientras todo esto sucedía en Mathurā, en Gokula comenzaba una celebración completamente diferente.
Nanda Mahārāja y Yaśodā tenían un hijo.
Los habitantes de Vraja se llenaron de felicidad. Las vacas fueron adornadas, se distribuyeron regalos y se realizaron ceremonias auspiciosas. Nanda Mahārāja ofreció caridad a los brāhmaṇas y toda Vraja comenzó a celebrar la llegada de aquel niño que, para ellos, era simplemente su amado pequeño Kṛṣṇa.
Aquí encontramos uno de los contrastes más hermosos de este pasatiempo.
En Mathurā, Kṛṣṇa había aparecido ante Vasudeva y Devakī en Su majestuosa forma de Viṣṇu, revelando Su identidad divina. En Gokula, en cambio, comenzó a manifestarse la dulzura de Vraja. Allí nadie estaba preocupado por comprender la grandeza del Señor. Nanda y Yaśodā simplemente querían amar, cuidar, alimentar y proteger a su pequeño hijo.
Y esa es precisamente la belleza de Vṛndāvana.
El Señor Supremo, que es adorado por grandes sabios y semidioses, acepta convertirse en el pequeño hijo de Yaśodā.
Aquel que sostiene todos los universos permite que una madre lo sostenga entre sus brazos.
Aquel que es el origen de todo recibe leche de Su madre.
Aquel a quien todos ofrecen reverencias permite que Yaśodā lo regañe por Sus travesuras.
El Señor había aparecido.
Pero en Vraja nadie quería un Dios distante.
Querían a Kṛṣṇa.
Querían al niño de ojos de loto que había llegado para llenar sus corazones de amor.
La noche que continúa
Cuando contemplamos este pasatiempo desde nuestra propia vida, Janmāṣṭamī adquiere un significado todavía más íntimo.
La historia comienza en una prisión y termina en Gokula.
Comienza bajo el miedo de Kaṁsa y termina en los brazos amorosos de Yaśodā.
Comienza en la oscuridad de la noche y culmina con la aparición de Kṛṣṇa.
Quizás también nosotros tenemos lugares dentro del corazón que se parecen a aquella prisión. Espacios donde permanecemos encerrados por nuestros temores, nuestros apegos, nuestras preocupaciones y aquello que todavía no hemos podido entregar a Kṛṣṇa.
Pero la historia de aquella noche nos recuerda que la oscuridad no puede impedir la aparición del Señor.
Cuando Kṛṣṇa apareció, las puertas se abrieron.
El río dio paso.
Śeṣa ofreció protección.
Yoga-māyā dispuso el camino.
Y el niño llegó finalmente a Gokula.
Por eso Janmāṣṭamī puede ser también una oración personal.
Que Kṛṣṇa encuentre un lugar en nuestro corazón.
Que las puertas que nos mantienen prisioneros comiencen a abrirse.
Que podamos atravesar los obstáculos con fe.
Que recibamos la protección de Guru, Gaurāṅga y los Vaiṣṇavas.
Y que, así como Gokula recibió aquella noche al pequeño Kṛṣṇa con amor, nuestro corazón pueda convertirse también en un lugar donde el Santo Nombre sea recibido con alegría y devoción.
La noche de Mathurā terminó.
El sol comenzó a iluminar Vraja.
Y en la casa de Nanda Mahārāja, Yaśodā despertó junto a su pequeño hijo.
Ella no sabía todavía quién era aquel niño.
No sabía que el Señor Supremo había elegido su hogar.
No sabía que aquel pequeño bebé conquistaría los corazones de todos los habitantes de Vṛndāvana.
Ella simplemente lo miró como una madre mira a su hijo.
Y en ese momento comenzó uno de los capítulos más dulces de toda la historia espiritual.
El niño que había aparecido en la prisión de Kaṁsa había llegado finalmente a Vṛndāvana.
Śrī Kṛṣṇa Janmāṣṭamī ki jaya.
Nanda Mahārāja ki jaya.
Yaśodā Mā ki jaya.
Vasudeva-Devakī ki jaya.
Śrī Balarāma ki jaya.
Śrī Yamunā Mahārāṇī ki jaya.
Śrī Gokula-dhāma ki jaya.
Śrī Vṛndāvana-dhāma ki jaya.
Śrī Kṛṣṇa Bhagavān ki jaya.
Fuentes para profundizar
El relato principal de este pasatiempo se encuentra en el Śrīmad-Bhāgavatam, Canto Décimo, capítulos 1, 2 y 3, especialmente el capítulo 3, titulado El nacimiento del Señor Kṛṣṇa. Allí se narran la aparición del Señor ante Vasudeva y Devakī, Sus instrucciones a Sus padres, la transformación en un bebé, la salida de Vasudeva de la prisión, el cruce del Yamunā y Su llegada a la casa de Nanda Mahārāja.
El capítulo 2 del Canto Décimo desarrolla los acontecimientos previos a la aparición de Kṛṣṇa, incluyendo la transferencia de Balarāma al vientre de Rohiṇī, la entrada del Señor en el corazón de Vasudeva y posteriormente en el de Devakī, así como las oraciones ofrecidas por los semidioses.
También puede consultarse Kṛṣṇa, la Suprema Personalidad de Dios, especialmente el capítulo dedicado al nacimiento del Señor, donde Śrīla Prabhupāda presenta el relato y sus enseñanzas desde la perspectiva de la tradición Gauḍīya Vaiṣṇava.








