En aquellos días vivía Raghunātha Dāsa, hijo de una de las familias más ricas y prestigiosas de Bengala. Aunque estaba rodeado de abundancia, su corazón no encontraba satisfacción en las comodidades materiales. Desde muy joven había desarrollado una profunda atracción por las enseñanzas y la personalidad de Śrī Caitanya Mahāprabhu. Su único deseo era abandonar todo y dedicarse por completo al servicio devocional.
Sin embargo, sus padres temían perderlo. Conociendo sus inclinaciones espirituales, mantenían una estricta vigilancia sobre él. Cada vez que intentaba escapar para unirse a Mahāprabhu, era encontrado y llevado nuevamente a casa. Así pasaron los años. Exteriormente parecía un joven privilegiado, pero interiormente sufría la separación de la asociación de los devotos.
Un día escuchó que Śrī Nityānanda Prabhu se encontraba en Panihati rodeado de Sus seguidores. Sintiendo una gran esperanza, decidió ir a verlo. Cuando llegó, contempló una hermosa escena: Nityānanda Prabhu estaba sentado bajo la sombra de un árbol a la orilla del Ganges, rodeado de numerosos devotos que cantaban los santos nombres del Señor y escuchaban hari-kathā.
Raghunātha se sintió tan insignificante que no se atrevió a acercarse. Desde cierta distancia ofreció respetuosas reverencias. Pero Nityānanda Prabhu, que conoce el corazón de todos los seres, lo vio inmediatamente.
Sonriendo, exclamó para que todos escucharan:
—¡Ahí está el ladrón! ¡Siempre trata de esconderse de mí!
Los devotos comenzaron a reír mientras Raghunātha permanecía avergonzado y humilde.
—¡Hoy he atrapado a este ladrón! —continuó Nityānanda—. Debe recibir un castigo.
Temblando, Raghunātha se acercó y cayó a los pies de loto de Prabhu. Entonces ocurrió algo extraordinario. Nityānanda colocó Sus pies sobre la cabeza de Raghunātha y, con una sonrisa llena de afecto, pronunció su castigo:
—Debes alimentar hoy a todos los vaisnavas con arroz aplanado y yogur.
Lo que parecía un castigo era en realidad una inmensa bendición.
Raghunātha aceptó la orden con gran alegría. Inmediatamente comenzó los preparativos. Envió ayudantes a comprar enormes cantidades de arroz aplanado, yogur fresco, leche, azúcar, plátanos, mangos y otros ingredientes. Llegaron recipientes de barro por centenares, y los cocineros comenzaron a preparar diferentes variedades de cida-dahi.
Algunas mezclas se prepararon con yogur, frutas y arroz aplanado. Otras con leche espesa, azúcar y dulces aromáticos. La noticia se extendió rápidamente por toda la región. Cada vez llegaban más personas atraídas por la celebración.
Pronto la ribera del Ganges se llenó de devotos. Algunos se sentaban bajo los árboles, otros ocupaban las escalinatas que descendían hacia el río y muchos permanecían incluso dentro del agua mientras recibían prasādam. La atmósfera estaba llena de alegría, cantos y risas espirituales.
Nityānanda Prabhu observaba complacido el servicio de Raghunātha. Los relatos narran que, durante la celebración, Śrī Caitanya Mahāprabhu apareció de manera trascendental para participar en el festival. Aunque la mayoría no podía verlo, los devotos más avanzados percibieron Su presencia. Nityānanda Prabhu ofrecía personalmente preparaciones a Mahāprabhu, y Mahāprabhu respondía de la misma manera, compartiendo juntos aquel océano de misericordia.
La celebración continuó durante horas. Miles de personas recibieron prasādam y bendiciones. Raghunātha servía a todos con humildad, sin pensar en sí mismo. Su único deseo era satisfacer a Nityānanda Prabhu y a los devotos.
Al finalizar el festival, Raghunātha volvió a acercarse a Nityānanda Prabhu. Con lágrimas en los ojos ofreció reverencias y permaneció esperando Su bendición. Entonces Nityānanda le aseguró que muy pronto obtendría el refugio directo de Śrī Caitanya Mahāprabhu.
Aquellas palabras no tardaron en cumplirse. Poco tiempo después, todas las circunstancias que lo mantenían atado desaparecieron. Finalmente logró abandonar su hogar y viajar a Jagannātha Purī, donde fue recibido por Mahāprabhu. Más adelante se convertiría en uno de los más grandes santos de la tradición Gauḍīya Vaiṣṇava y en uno de los famosos Seis Gosvāmīs de Vṛndāvana.
Por esta razón, el Panihati Cida-Dahi Utsava es mucho más que una fiesta de prasādam. Es una celebración de la misericordia de Nityānanda Prabhu, del servicio a los vaisnavas y de la humildad que abre las puertas de la gracia divina. Cada año, los devotos recuerdan este pasatiempo preparando cida-dahi, cantando los santos nombres y meditando en cómo la misericordia del Guru puede transformar por completo la vida de quien se acerca con sinceridad.
Fuentes: Śrī Caitanya-caritāmṛta (Antya-līlā, Capítulo 6), comentarios de Śrīla A. C. Bhaktivedanta Swami Prabhupāda, Śrī Caitanya-bhāgavata de Śrīla Vṛndāvana Dāsa Ṭhākura y la tradición Gauḍīya Vaiṣṇava transmitida por los ācāryas.






0 comments:
Publicar un comentario