📜 EL ORIGEN DE EKĀDAŚĪ

El pasatiempo del origen de Ekādaśī se encuentra en varios Purāṇas, pero la narrativa más conocida y autoritativa proviene del Padma Purāṇa (Uttara-khaṇḍa), donde el sabio Jaimini Ṛṣi la relata al rey Māndhātā. Este es el resumen completo con referencias claras.

Fuente Principal:

  • Texto: Padma Purāṇa, Uttara-khaṇḍa, Capítulo 21 (también mencionado en el Skanda Purāṇa y el Bhaviṣya Purāṇa)


Capítulo 21 del Uttara-khaṇḍa del Padma Purāṇa

(Conversación entre el sabio Jaimini y el rey Māndhātā)

Māndhātā preguntó:
“¡Oh, gran sabio Jaimini! Tú conoces la esencia de todos los dharma. Por favor, dime: ¿Cuál es el origen del día sagrado llamado Ekādaśī? ¿Cómo se manifestó? ¿Y por qué es considerado el día más auspicioso para destruir todos los pecados?”

El sabio Jaimini respondió:
“Escucha, oh rey. Esta historia fue narrada por el mismo Brahmā, el abuelo de los mundos, y es supremamente purificadora.”

En la era Satya-yuga, existía un poderoso demonio (asura) llamado Muran. A través de terribles austeridades, complació a Brahmā y recibió una bendición:
Ningún ser masculino, ni humano, ni deva, ni animal, podrá matarte.

Armado con esta invencibilidad, Muran se volvió arrogante. Invadió Svarga-loka (los planetas celestiales) y derrotó al rey Indra y a todos los devas. Los expulsó de sus moradas y se autoproclamó gobernante de los tres mundos.

Los devas, desterrados y desesperados, se refugiaron a los pies de Śrī Bhagavān Viṣṇu en Vaikuṇṭha. Con lágrimas en los ojos, suplicaron:
“¡Oh, Señor de Lakṣmī! ¡Oh, protector de los afligidos! Este demonio Muran ha robado nuestros hogares, corrompe la dharma y oprime a los sabios y a los inocentes. ¡Por favor, sálvanos!”  

Compadecido, el Señor Viṣṇu montó en Su Garuda y fue al campo de batalla. Al ver a Muran, cuyo cuerpo era negro como una nube de tormenta y cuyos ojos brillaban como carbones encendidos, el Señor declaró:
“¡Oh, necio! Devuelve los reinos a los devas y retírate a Pātāla (los planetas inferiores). De lo contrario, hoy encontrarás tu fin.”

Muran, riendo burlonamente, respondió:
“¡Oh, Keśava! Tu fama es grande, pero hoy conocerás mi poder. ¡Prepárate para la batalla!”

Entonces comenzó una guerra cósmica. El Señor empleó Su disco Sudarśana, la maza Kaumodakī y la espada Nandaka. Muran contraatacó con ilusiones (māyā), creando ejércitos de demonios. La batalla se extendió por mil años divinos (equivalente a millones de años humanos), pero ninguno podía derrotar al otro. 

Agotado por la prolongada lucha, el Señor Viṣṇu pensó: “Este demonio es formidable. Necesito un momento de reposo para recuperar Mi energía.”
Viajó hacia el norte, a los Himalayas, y entró en una cueva profunda y hermosa llamada “Himavatī”. Cerró la entrada con una roca y se recostó para meditar.

Muran, descubriendo el escondite, pensó: “¡Ahora es mi oportunidad! Viṣṇu está descansando. Lo mataré mientras duerme.”
Se transformó en una serpiente y se deslizó por una grieta en la cueva.

Justo cuando se acercaba al Señor para morderlo, del cuerpo trascendental de Śrī Viṣṇu emergió una forma femenina deslumbrante.
Era una diosa de dieciséis años de apariencia, con piel oscura como el zafiro, vestida con un sari blanco radiante. En sus ocho manos llevaba:

  1. Un disco (cakra)

  2. Una concha (śaṅkha)

  3. Una maza (gadā)

  4. Un loto (padma)

  5. Una espada (khaḍga)

  6. Un escudo (kheṭaka)

  7. Un arco (dhanuṣa)

  8. Una flecha (bāṇa)

Su belleza era celestial, pero su expresión era feroz. Resplandecía como mil lunas llenas.

Muran, desconcertado, gritó:
“¡¿Quién eres tú?! ¿De dónde has venido?”

La diosa respondió con una voz que resonó como el trueno:
Yo soy Ekādaśī. He surgido del propio ser del Señor Viṣṇu para protegerlo de seres malvados como tú. Tú eres Muran, y hoy serás destruido por Mí.

Enfurecido, Muran recuperó su forma demoníaca y atacó con todas sus armas.

Ekādaśī Devī esquivó cada golpe con gracia divina. Luego, blandiendo su espada, cantó mantras védicos y con un solo movimiento, decapitó al demonio.

La cabeza de Muran rodó por el suelo, y su cuerpo se desintegró en polvo cósmico.

El estruendo de la batalla despertó al Señor Viṣṇu. Al abrir los ojos, vio a la diosa Ekādaśī de pie ante Él, con la cabeza del demonio a Sus pies.

El Señor, lleno de alegría, dijo:
“¡Oh, hermosa y poderosa! Has hecho lo que ni siquiera Yo pude lograr en mil años de guerra. Has protegido Mi sueño y has destruido a este enemigo invencible. Estoy extremadamente complacido contigo. Pide cualquier bendición.

Ekādaśī Devī se inclinó y dijo:
“¡Oh, Señor de los universos! Si estás complacido, concede esto:

  1. Que aquellos seres humanos que observen ayuno en Mi día (el undécimo día lunar) sean liberados de todos los pecados, grandes y pequeños.

  2. Que obtengan riqueza espiritual, felicidad y, al final, la liberación (mokṣa) y Tu morada (Vaikuṇṭha).

  3. Que Mi nombre sea ‘Muranāri’ (la asesina de Muran), para que el mundo recuerde Mi hazaña.”

El Señor Viṣṇu, sonriendo, declaró:
¡Tathāstu! (¡Que así sea!)
Desde hoy, tu nombre será Śrī Muranāri Ekādaśī.
Yo mismo residiré en el día de Ekādaśī. Por lo tanto, cualquier devoción, ayuno, caridad o austeridad realizada en este día se multiplicará infinitamente.
Además, otorgo esto:

  • Quien solo escuche esta gloria de Ekādaśī será liberado del pecado de matar a un brāhmaṇa.

  • Quien observe el ayuno correctamente obtendrá el mérito de realizar mil sacrificios de aśvamedha.

  • Quien permanezca despierto en la noche de Ekādaśī (jāgaraṇa) será liberado de la condena de nacer en especies inferiores.”  

El Señor concluyó:
Este día, Ekādaśī, es Mi día más querido. Es más auspicioso que cualquier otro día, festival o peregrinación. Cualquier alma que, incluso por error, rompa este ayuno, se liberará simplemente observándolo correctamente en la siguiente ocasión.

Diciendo esto, Śrī Bhagavān Viṣṇu bendijo a Ekādaśī Devī y la instaló como la deidad soberana de todos los Ekādaśīs del año (24 o 26 en el calendario lunar).   

“Por lo tanto, oh rey Māndhātā,” concluyó Jaimini,
Ekādaśī no es un día ordinario. Es la personificación viva de la misericordia del Señor.
Observar Ekādaśī no es un simple ayuno; es un pacto directo con la Divinidad para destruir los demonios internos (kāma, krodha, lobha, moha, mada, mātsarya) y alcanzar la perfección de la vida: el amor puro por Śrī Kṛṣṇa.”

“ekādaśī tu sā proktā muranāriḥ sukhapradā
viṣṇor aṅga-samudbhūtā sarvapāpa-harā śubhā.”

“Ella es conocida como Ekādaśī, la asesina de Muran, que concede felicidad. Surgida del cuerpo de Viṣṇu, es auspiciosa y destruye todos los pecados.”


SIGNIFICADO ESPIRITUAL Y SIMBOLISMO:

  1. Muran (el demonio): Simboliza los pecados, deseos materiales y tendencias demoníacas que residen en nuestro corazón (ira, lujuria, avaricia, envidia).

  2. La cueva (Himavati): Representa el corazón humano, donde el Señor quiere descansar (antah-karana). El demonio intenta atacar al Señor dentro de nosotros mediante el pecado.

  3. Ekādaśī Devī: Es la energía interna de austeridad y devoción (tapasya-bhakti) que surge del propio Señor para proteger al devoto y destruir sus pecados.

  4. Ayuno de granos: Los granos simbolizan materialismo y apego terrenal. Evitarlos en Ekādaśī es un acto simbólico de “matar” a Muran dentro de nosotros, privando de alimento a nuestras tendencias materiales.

 

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