Esta narrativa es extraída fielmente del "Śrī Ekādaśī-Māhātmya" (también conocido como "El Libro de los Ekādaśīs"), contenido en el Brahma-vaivarta Purāṇa, en el diálogo entre Śrī Kṛṣṇa y el Rey Yudhiṣṭhira. Es la versión autorizada y canónica.
En los días dorados de Satya-yuga, existía la ciudad celestial de Bhadrāvatī, gobernada por el Rey Mahījita. Su nombre significaba "Conquistador de la Tierra", y en verdad, su reinado era justo y próspero. Las vacas daban ríos de leche, los campos desbordaban grano, y ningún súbdito conocía la pobreza.
Pero en medio de tanta abundancia, el rey ocultaba una pena profunda en su corazón. Aunque reinaba sobre los cinco elementos y los siete continentes, su trono no tenía heredero. Cada noche, en su palacio de columnas de mármol, escuchaba el eco vacío de los pasillos donde deberían resonar las risas de príncipes.
Un día, convocó a su consejo real y declaró con voz quebrantada:
"Sabios, he realizado cien sacrificios de aśvamedha, he donado montañas de oro a los brāhmaṇas, pero mi linaje se extinguirá conmigo. ¿De qué sirve un reino sin un hijo que herede el dharma?"
Los sacerdotes intercambiaron miradas solemnes. El más anciano, Lomaśa Ṛṣi, habló:
"Mahārāja, los hijos no son mercancía que se compra con riquezas. Son un prasādam (merced divina) que solo concede el Señor Viṣṇu. Debes realizar un vrata (voto) que toque Su corazón".
El rey, con su esposa Queen Citrarekhā, emprendió un viaje por bosques y montañas. Visitó ashrams de santos, bañándose en ríos sagrados y ayunando hasta debilitarse. Pero los años pasaban y el palacio seguía silencioso.
Hasta que llegaron a las orillas del Río Gautamī, donde bajo un árbol baniano milenario, meditaba el gran sabio Śrī Aṅgirā Muni. Al ver al santo, cuyos brillos corporales iluminaban el bosque, la pareja real se postró como hojas caídas.
Aṅgirā abrió los ojos —dos lunas llenas de compasión— y dijo sin que preguntaran:
"Sé por qué vinieron. Escuchen: en los planetas celestiales, los devas observan un vrata llamado Putradā Ekādaśī, durante la quincena brillante de Śrāvaṇa. Quien lo sigue, recibe la bendición que buscan, y algo más precioso aún".
La reina, con lágrimas en los ojos, preguntó: "¿Algo más precioso que un hijo, gran sabio?"
Aṅgirā sonrió: "Un hijo que no solo continuará tu linaje, sino que liberará a tus ancestros y será un devoto del Señor. Ese es el verdadero tesoro".
El sabio detalló el vrata, tal como lo había escuchado de Nārada Muni, quien a su vez lo aprendió de Brahmā:
El Ritual (Texto Original del Brahma-vaivarta Purāṇa)
"En el décimo día (Daśamī), purifíquense con baño y pensamientos puros. Duerman en el suelo, dominando los sentidos".
"Al amanecer del Ekādaśī, tomen baño en un río sagrado. Si no es posible, bañen una imagen de Viṣṇu con agua y leche, ofreciendo incienso y lámparas".
"Vistan ropas limpias y hagan este voto ante el Señor:
'Oh Janārdana, Señor de todos los seres, hoy observaré el ayuno de Putradā Ekādaśī para complacerte. Que este vrata destruya todas mis reacciones pasadas'".
"Durante todo el día y la noche:
No prueben granos, ni lentejas, ni miel.
Mantengan silencio espiritual, cantando mentalmente 'Om Namo Nārāyaṇāya'.
Escuchen o lean acerca de las glorias del Señor Vāmana.
Mantengan vigilia (jāgaran) toda la noche cantando bhajans".
"Al amanecer del Dvādaśī, ofrezcan comida a un brāhmaṇa devoto y luego rompan su ayuno. Así el vrata será completo"**.
Mahījita y Citrarekhā regresaron a Bhadrāvatī y observaron el vrata con fe inquebrantable. La reina, aunque débil por años de ansiedad, ayunó completamente, pasando la noche cantando el nombre de Vāmanadeva.
Al amanecer del Dvādaśī, cuando ofrecían comida a los brāhmaṇas, una luz divina llenó el salón del palacio. Del cielo descendió una voz sin origen:
"¡Oh rey! Tu austeridad ha complacido al Señor de los tres pasos. No solo tendrás un hijo, sino que él será un mahā-bhāgavata (gran devoto), y bajo su reinado, todo tu reino cantará el nombre de Hari".
Nueve meses después, nació un príncipe cuya piel brillaba como el oro recién fundido. Lo llamaron Dharmaratha ("Carro del Dharma"). Y tal como predijo la voz celestial:
A los cinco años, ya cantaba el Gopāla-mantra espontáneamente.
A los doce, había convertido el palacio en un templo donde se celebraba kīrtana diario.
Cuando ascendió al trono, Bhadrāvatī se volvió una réplica de Dvāraka, y todos sus habitantes se volvieron devotos puros.
En el Brahma-vaivarta Purāṇa, Śrī Kṛṣṇa concluye esta historia diciendo a Yudhiṣṭhira:
**"Pārtha, este Putradā Ekādaśī es tan poderoso que purifica no solo al que lo observa, sino a cien generaciones anteriores y posteriores.
El hijo concedido no será un hijo ordinario: será un puente hacia Mí. Y si alguien sin deseo de progenitura lo observa, le concederé el deseo supremo: prema-bhakti (amor divino)".
"Por tanto, quien escucha esta gloria con fe, obtiene el mérito de realizar un sacrificio de caballo (aśvamedha). Y quien la narra a otros, libera a sus ancestros del infierno".
Conclusión del Pasatiempo
La historia de Mahījita no es solo sobre conseguir hijos, sino sobre transformar el deseo material en anhelo espiritual. Putradā Ekādaśī enseña que:
La verdadera prosperidad es una dinastía de devotos.
El ayuno no es castigo, es un cable directo al corazón de Viṣṇu.
La bendición mayor no es lo que pedimos, sino lo que Kṛṣṇa decide darnos —siempre superior a nuestros sueños.
¡Hare Krishna! Que este Ekādaśī te conceda la progenitura eterna: servir a Rādhā y Kṛṣṇa en compañía de almas puras.
"putradā śravaṇe śuklā
ekādaśī parā mātā
yāṁ sevite naraḥ putrī
bhaved vaiṣṇavo 'cyutaḥ"
(Brahma-vaivarta Purāṇa)
"La Putradā Ekādaśī de la quincena brillante de Śrāvaṇa es la madre suprema. Quien la sirve, se vuelve hijo de un Vaiṣṇava y alcanza a Acyuta (Kṛṣṇa)".







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