Ese hijo, llamado Dhṛṣṭabuddhi, desde joven se dejó llevar por la influencia de malas compañías. Poco a poco, lo que comenzó como pequeños descuidos se convirtió en hábitos oscuros.
Dejó de respetar a sus padres. Abandonó la verdad. Se entregó al juego, al engaño, al placer sin conciencia. Y así, como una lámpara que se apaga lentamente, su vida fue perdiendo luz.
Su familia intentó ayudarlo. Le hablaron con amor, con paciencia… pero él no escuchó.
Hasta que un día, después de haber causado demasiado dolor, fue expulsado de su hogar.
Solo… sin riqueza, sin amigos, sin dirección… comenzó a vagar.
El hambre lo debilitaba, el cansancio lo envolvía, y el peso de sus acciones comenzaba a caer sobre su corazón.
Caminó por senderos desconocidos, cruzó tierras áridas… hasta que finalmente llegó a un bosque tranquilo, donde el aire era diferente.
Allí, en medio de árboles antiguos y un silencio lleno de paz, se encontraba el āśrama del sabio Kaundinya Muni.
Dhṛṣṭabuddhi, agotado, se acercó y cayó a sus pies.
No tenía orgullo ya.
No tenía excusas.
Solo una pregunta sincera:
—“He desperdiciado mi vida… ¿hay alguna esperanza para mí?”
El sabio lo miró con compasión profunda. No vio a un pecador perdido… vio a un alma que, por fin, comenzaba a despertar.
Y con voz suave le dijo:
—“Sí hay esperanza. Muy pronto llegará un día sagrado llamado Mohinī Ekādaśī. Si lo observas con sinceridad, tu vida puede transformarse.”
El joven escuchó esas palabras como si fueran su última oportunidad.
Cuando llegó ese día, hizo lo que pudo.
Ayunó, aunque su cuerpo estaba débil.
Intentó controlar su mente, aunque estaba inquieta.
Recordó al Señor, aunque su corazón aún estaba confuso.
No fue perfecto…
pero fue sincero.
Y esa sinceridad fue suficiente.
Algo comenzó a cambiar dentro de él.
No fue un milagro visible…
sino algo más profundo.
Su mente, que antes corría sin control, comenzó a detenerse.
Su corazón, que estaba endurecido, comenzó a suavizarse.
Como si una niebla espesa comenzara a disiparse…
Y por primera vez, pudo ver con claridad.
Vio su vida.
Vio sus errores.
Pero también… vio una posibilidad nueva.
Con el paso del tiempo, continuó en ese camino.
Se mantuvo en prácticas espirituales.
Sirvió con humildad.
Y aquel joven que había caído tan bajo…
se convirtió en un devoto sincero.
No porque fuera perfecto,
sino porque había decidido volver.
Así es la misericordia de este Ekādaśī…
Dicen los sabios que Mohinī significa aquello que encanta, aquello que puede confundir al alma…
Pero en este día sagrado, esa misma energía se transforma.
No para engañar…
sino para liberarnos del engaño.
Como si el Señor, con infinita compasión, tomara nuestra mano y dijera:
💛 “Has estado perdido… pero puedes volver.”
Y así, cuando recordamos este día, no recordamos solo una historia antigua…
Recordamos que:
👉 no importa cuán lejos hayamos estado
👉 no importa cuántos errores hayamos cometido
si hay sinceridad en el corazón…
el camino de regreso siempre está abierto.
“Oh Señor,si estoy atrapado en la ilusión,por favor libérame con Tu gracia,y permíteme recordarque incluso un pequeño paso hacia Tipuede cambiar toda mi vida.”






0 comments:
Publicar un comentario